Crónica | Una pandemia me arrebató la alegría de la Navidad

La pandemia de la COVID-19 se ha convertido en un evento dramático que hace que nuestros sentimientos se profundicen.
Debido a las medidas de distanciamiento social, muchas personas se han sentido tristes y culpables de no poder estar allí en los últimos días de algunos familiares que murieron víctimas de la enfermedad. 
Así ocurre con Carlos, quien tiene dos sillas vacías este año en su mesa. La primera es la de su madre, quien murió el 20 de septiembre a causa de la pandemia de la COVID-19. Luego en el mes de noviembre, perdió a su tío por la misma razón. 
Nunca pensó que su madre de 65 años, sin ningún padecimiento se iba a ir sin conocer a su nieto. Tampoco sin darle las alegrías que le faltaban vivir juntos como familia. Sin despedidas, sin besos, abrazos y sin un adiós como ella lo hubiera querido. 
Esta Navidad no hubo brindis en la familia de Carlos. Decidió, con su esposa quedarse en casa ese día y cenar juntos y dormir temprano, sin visitas y sin música navideña. De esta forma, quiere darle a sus vecinos el mensaje de que ya habrá días para celebrar, pero en estos momentos no es lo más urgente.

Un llamado a la conciencia ante la pandemia de la COVID-19

La inconsciencia de ver a tantas personas en la calle sin tapabocas, juntos en el transporte público, haciendo y deshaciendo, hacen que Carlos tenga muchos sentimientos encontrados por el futuro de muchos venezolanos en los próximos meses. Para él, hoy más que nunca, todos necesitamos crear conciencia, solidarizarnos, apoyarnos y ser responsables. 
 
Perder a un ser querido de manera repentina, sin poder darle una sepultura como se acostumbra o un adiós más emotivo hace que aquellos que pasaron por ese momento intenten alzar la voz contra aquellos que aún no creen que la COVID-19 es un asesino deambulante. 

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