Los sueños de Jhonder se fueron en autobús

Jhonder soñaba con ser ingeniero, pero esa idea quedó olvidada sobre un pupitre del Colegio Gran Colombia de Caracas. Después de la pandemia no volvió a clases, pues tuvo que empezar a trabajar como revendedor en el terminal La Bandera para llevar el sustento a su hogar.

Jhonder autobús
Foto: Referencial

El muchacho de 17 años tuvo que asumir un rol que todavía no le correspondía. Vive con su mamá en el sector Los Rosales, y durante la cuarentena sufrieron problemas económicos que lo obligaron a trabajar.

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Su tarea todos los días es revender pasajes. Se para en la entrada del terminal, y gritando «¡Maracaibo, Barinas, San Cristóbal!», puede obtener hasta $10 dólares por cada viajero que le compre un boleto.

Fue allí mismo donde lo encontré. Me llamó la atención que era el más joven de los colectores que normalmente aturden a los viajeros que llegan a La Bandera.

Lo que hace infringe las normativas del terminal, pero asegura que le resulta muy difícil por su edad conseguir otro empleo, en el que pueda ganar lo mismo, o más.

Jhonder no viste mal. Calza zapatos Nike, lleva un jeans a la moda, porta una buena franela y en su cabeza una gorra de marca. Asegura que gana bien.

Un sueño muerto

«Aquí hago más plata que lo que ganaría si hubiese seguido pensando en ser ingeniero», dijo mientras no quitaba la mirada de los pasajeros que llegaban por decenas. Esa frase me impactó. Totalmente paradójico.

Me pregunté: ¿Es normal que un adolescente piense de esa manera?, ¿Qué pensará un chamo de esa edad en otro país? Quise tomarle una foto, pero no me dejó.

Dijo que si la policía lo ve se lo lleva detenido, y que a diario vive escapando de ellos, porque la reventa de boletos está sancionada. Le pregunté si había estado preso. Dijo que no, mientras su mirada seguía apuntando a los que se acercaban a la rampa del terminal.

Entre los «¡Maracaibo, Barinas, San Cristóbal!», me explicaba cómo era el negocio. Resulta que ellos captan a los pasajeros en la entrada, y por ejemplo, si el pasaje para San Cristóbal cuesta $30 dólares legalmente, él lo ofrece en $40 sin hacer cola y consiguiéndolo casi que para ya.

Ya pactado con los taquilleros compra, por debajo de cuerda, el pasaje y se lo entrega al viajero en cuestión de minutos.

¿Quieres volver a estudiar?, le pregunté. Ahí si me vio, y justamente usó la mirada para responderme. Evidentemente era un no. Ya le había agarrado gusto al dinero.

Jhonder se alejó tratando de convencer a un cliente, y yo me quedé allí con un montón de interrogantes en la mente, que me condujeron a una respuesta casi inmediata… «Venezuela no se arregló nada».

Este adolescente integra el 23,7% de niños, niñas y adolescentes que desertaron del sistema educativo durante el primer año de la pandemia, tal como indicó la Unidad Democrática del Sector Educativo.

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One response to “Los sueños de Jhonder se fueron en autobús

  1. De alguna manera tiene que sobrevivir, no es lícito este trabajo, la persona que compra el pasaje no se está obligando hacerlo, el incremento lo está pagando por comodidad, Dios permita que no lo lleven preso se arruina su vida y la de su Familia; aparte esto no deberían divulgarlo.

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