domingo, septiembre 15

Estudiantes al unísono: ¡Yo defiendo la U!

Autor: Miguel Barone

Se fue el 2018 y este año no fue mucho menos rudo para los jóvenes y estudiantes que el 2017. La crisis se profundizó, la deserción en las aulas continuó, la emigración masiva de venezolanos avanzó a pasos agigantados y el acoso del régimen a la universidad venezolana jamás cesó.

En cada comienzo de año tenemos que enfrentar el primer duro golpe: la insuficiencia del presupuesto que se le asigna a nuestras universidades, que con el paso galopante de la inflación se termina convirtiendo en absolutas migajas que no llegan a cubrir ni el primer trimestre del año.

La asfixia presupuestaria ha terminado por destruir los beneficios estudiantiles como la beca estudiantil, el comedor, el transporte e incluso, la suerte de poder ver clases en un salón que no se esté cayendo a pedazos.

En el caso puntual de mi alma mater, la Universidad Central de Venezuela, la beca es de 4 bolívares soberanos, el comedor no ha vuelto a abrir sus puertas de forma constante desde hace casi un año y las rutas de transporte se han reducido en un porcentaje que peligrosamente se va acercando al 100%, amén del hecho de que escuelas como la de Estudios Políticos y Administrativos tiene varios de los pocos salones que posee, al borde de su clausura por falta de pupitres y hasta techos. ¿Cómo dejar por fuera la propia inseguridad que ha vuelto a nuestras universidades zonas rojas de libre actuación del hampa? No queda duda que el régimen ha apelado a esto, a buscar derrotarnos quebrando uno de los pilares de tantos años de lucha: nuestras casas de estudio.

No conformes con intentar destruir premeditadamente nuestras universidades, han intentado robarle la voluntad a los estudiantes que valientemente siguen apostando a la academia y la formación con acciones como las que se vieron en las elecciones estudiantiles de la Universidad de Carabobo.

Hace un par de semanas asistí al Consejo Universitario Ampliado de la UC donde las autoridades le daban todo su respaldo a los representantes estudiantiles legítimamente electos, entre los que destaca Marlon Díaz, presidente electo de la Federación de Centros Universitarios. Le dimos todo nuestro apoyo a los compañeros de la Unidad Estudiantil (a través de una carta a Marlon), quienes aún hoy se encuentran peleando la grosera irregularidad que supuso la intervención de Rafael Lacava en estos comicios. Comisión electoral paralela, grupos armados con pistolas y lacrimógenas dispersando a las largas filas de votantes en las facultades con más votos para los valientes estudiantes que se oponen al régimen y que consolidaron una unidad perfecta ante el peligro que representaba la llegada del chavismo a las representaciones estudiantiles, entre tantas otras aristas que quedarán como prueba de la constante violación del régimen de Maduro a los derechos universitarios en cada una de las casas de estudio de Venezuela. Hoy, juntos, luchan para mantener en pie la autonomía universitaria. El país entero los acompaña y los acompañará siempre, pues su acto de valentía el 14 de noviembre está tatuado en la mente de todos los venezolanos.

Héroes. ¿De qué otra forma puede tildarse a los cientos de miles de jóvenes que apuestan por la formación como el pilar fundamental para el rescate de Venezuela? Las ganas de cambiar esta triste realidad es lo que nos motiva más a seguir creyendo y luchando ante la adversidad.

¡Así somos los venezolanos! Al mal tiempo, siempre buena cara. Y los estudiantes tenemos el deber histórico con nuestro país, de regalarle nuevos y mejores amaneceres llenos de risas y colores a todos los venezolanos.

Creo firmemente en la autonomía universitaria y en el poder de los estudiantes como herramienta fundamental para salir adelante. Creo en los pensamientos de libertad para todo un país que se gestan en nuestras cuatro paredes, las que a postre son la fuente de tanto odio hacia la universidad venezolana. Como joven, estudiante y dirigente estudiantil me siento comprometido con el futuro de nuestro país. Y como yo, hay millones y millones de jóvenes venezolanos que dentro y fuera de nuestras fronteras aportan incansablemente a la causa de la libertad. La constancia y la irreverencia que mostramos día a día con el simple hecho de sentarnos en un aula de clases para formarnos es la prueba fehaciente de que ni este ni ningún Gobierno podrá derrotarnos. La sombra jamás vencerá a nuestras universidades, ni a los estudiantes venezolanos.

El año 2019 viene cargado de retos y el de nosotros como dirigentes estudiantiles es el de continuar dándole vida al Movimiento Estudiantil y a nuestras universidades. El año que viene, Dios mediante, la Universidad Central de Venezuela renovará su representación estudiantil y no tengo duda de que esto significa un refrescamiento de la identidad de la dirigencia política, incluso nacional. Es hora de transformar profundamente a una dirigencia política que entre decisiones y medidas poco comprensibles, han atado un plomo al ala que lleva las oportunidades de salir de esta pesadilla.

Es hora de renovar y dar paso a nuevos liderazgos, jóvenes, quienes han visto su futuro truncado por un Gobierno cuya única aspiración es mantenerse en el poder a costa del sufrimiento de todo un país y que se preocupan en dejarle ahora a sus hijos y nietos, la Venezuela que ellos no vivieron de adolescentes pero que con orgullo podrán contar que alcanzaron en su juventud. Es responsabilidad de los actores políticos actuales darle paso a una generación de relevo que con ideas claras y fuertes, merecen la oportunidad de ser escuchados. Este cambio generacional debe darse, con o sin el apoyo de los partidos políticos tradicionales, quienes se han visto atrapados en un discurso y falta de acción que nos ha condenado a retroceder tantos años de sacrificio.

Antes calificaba de héroes a los estudiantes que, inspirados en el espíritu guerrero del venezolano, se mantienen de pie y formándose para gestar ese ideal de país que buscarán defender incluso con la vida hasta alcanzarlo. Hay algo que el gobierno parece no ver y los jóvenes venezolanos seguimos empeñados en creer: el verdadero heroísmo está en transformar los deseos en realidades y las ideas en hechos.

Ante los ataques del régimen, los intentos de violentar nuestra autonomía universitaria, la

asfixia presupuestaria y una crisis económica que aleja a los estudiantes de las aulas en busca del sustento de la casa: Yo, Miguel Barone, a través de mi voz que se mantiene en constante protesta y el espíritu de lucha que generación tras generación viene en la sangre de todos los venezolanos, defenderé a la universidad venezolana por ser creadora de conocimiento, de libertad y de paz.

#YoDefiendoLaU, ¿y tú?

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