lunes, mayo 27

En torno a las acciones, la gran necesidad sentida y la idea de frentes amplios.

David Flores.

    En este sencillo artículo se recogen conversaciones e impresiones compartidas con colegas y amigos, entre ellos Gabriele Colasante, Yvan Piquel, Sergio Pallottini y Miguel Barone.

La premisa de estas notas se ubica de forma dinámica entre dos extremos asíntotos de una misma línea. De un lado se encuentra la sociedad venezolana ávida de propuestas innovadoras y coherentes, y del otro lado, muy cercano pero sin poder tocarlo, se encuentran los diversos y aparentes esfuerzos por concretar una organización que dé paso a algún accionar.

Ambos extremos giran en torno a la idea de transición política, mas no alcanzan a coincidir en el mismo espacio. Frente a estos se encuentra el estado ideal (realidad objetiva) donde ambas realidades pueden converger para conformar una sola. Entre las dos realidades presentes y el más ideal de los estados se encuentran una serie de condiciones que considero necesarias para alcanzarlo.

Claro que este pequeño análisis apreciativo apenas se enmarca en la opinión pública, por lo que no supone ningún carácter normativo, pero sí pretende contribuir como un esfuerzo pedagógico por traducir la enorme necesidad sentida de una organización formulada, al menos, desde los principios de la planificación estratégica, que nos encamine hacia la transición.

Extremo A. Aparentes esfuerzos de unidad.

1. ¿Ideal democrático o pretensión demócrata?

    Uno de los retos dentro de esta realidad comprende el definir si se asumirá a cabalidad el ideal democrático o tan sólo se quiere jugar a la democracia. Pueden ser grandes victorias de la oposición el reconocimiento del otro y la capacidad de entender el juego político a través de escenarios de confrontación simultánea (ver análisis del politólogo John Magdaleno).

    Estos elementos permitirán que la continua crítica interna deje de ser señalada como el permanente enemigo divisionista y se identifique como falla estructural la incapacidad de reconocer el trabajo de otros actores dentro de otros escenarios; en otras palabras, lo que no permite la cohesión entre coaliciones es la actitud hegemónica y la falta de disposición al servicio de objetivos mayores. En resumen, la idea de un frente amplio no puede edificarse sobre la negación del otro.

2. Coherencia discursiva.

    La demagogia sigue vigente dentro de los discursos de oposición, aun cuando sea una crítica recurrente dirigida al régimen; es esta realidad la que me hace pensar que el ideal chavista se mantiene como una semilla germinada dentro del sistema de valores de muchos dirigentes.

    Dentro de un contexto lleno de desesperanza como el venezolano, la ciudadanía necesita de todo menos promesas vacías: dentro de las facciones políticas no hay unidad; dentro de los factores de la política universitaria tampoco la hay y, dentro de los sindicatos, el dinero siempre debe estar presente como motor para la participación. De tal manera que el abordaje discursivo debería expresar la intención de superar las grandes fallas comunicacionales y las marcadas diferencias internas, demostrar plena conciencia de la corrupción que también invade este lado de la calle y de asumir la inmensa corresponsabilidad en la falta de contundencia que como dirigencia opositora han demostrado por años.

    Sólo aceptando esta gran cuota de culpabilidad implícita de cara al país y la necesidad de reunirnos bajo un mismo esquema que contemple el universo de actores y escenarios, y los direccione hacia la objetivación propia de la planificación estratégica, podrá reconfigurarse un liderazgo con trasfondo estratégico que persiga y proponga objetivos claros y alcanzables.

3. Necesidad de innovación en la comunicación política.

    La idea del frente amplio no representa una innovación a nivel lingüístico ni organizativo en un entorno donde, incluso el régimen, ha hecho uso del recurso. Es decir, el contexto político actual en Venezuela ha orientado a los principales actores políticos a reconfigurarse en nuevas coaliciones de coaliciones (todas variables de la concepción de frente amplio), que buscan reconocimiento popular y legitimidad a partir de un entramado gremial, político y estudiantil en el caso de la oposición (marco civil), y en el del régimen desde una red juvenil (no necesariamente estudiantil), gremial, político y militar (marco cívico-militar).

    La oposición venezolana tiene pendiente la tarea de desarrollar un lenguaje propio de acentuado contraste con el referente construido por el adversario, que incorpore la inclinación más hacia la atención las necesidades sentidas de la ciudadanía y menos hacia las necesidades políticas de los partidos. La empatía ofrecida a las bases de la sociedad es más que necesaria, pues no basta con presentar a la MUD con otro nombre.

4. David contra Goliat: la construcción de una agenda.

    Todos los esfuerzos serán vanos mientras los objetivos sigan siendo tan inciertos como las ideas de revolución o de progreso. Desde los postulados emanados de estas coaliciones de coaliciones se pueden evidenciar propósitos como: exigir condiciones electorales, lograr la deposición de Nicolás Maduro, retomar las calles, construir un nuevo liderazgo; todos frente a un régimen cada vez más autoritario y sin saber dar respuesta al enigmático y necesario cómo.

    Más allá de las sanciones internacionales, la oposición no cuenta con un medio coercitivo interno para demandar condiciones justas dentro de un escenario electoral, ni logrará la renuncia de quienes detentan el poder por medio del más enérgico de los reclamos. Invertir tiempo en demagogia es sinónimo de arar en el mar.

    Me remito a lo expuesto innumerables veces por el politólogo y profesor John Magdaleno, si hay un objetivo por el que vale la pena el esfuerzo es el de construir una agenda que apunte a la reducción del costo de salida del régimen y al aumento de la presión desde distintos flancos, pues en esta medida, la disposición para la transición será más elevada en la élite dominante.

    Pareciera que el Goliat de la oposición es alcanzar un mínimo acuerdo entre élites políticas opositoras al respecto de la ruta necesaria para el cambio político.

5. El entorno tiene una voz.

    Está ampliamente establecido en la literatura organizacional, que para la consolidación de un liderazgo asertivo y de una planificación estratégica efectiva es necesario aprender a escuchar el entorno. Venezuela, en los últimos años, aun enfrentando un profundo éxodo, ha sido protagonista de un movimiento social que involucra el desarrollo intelectual, el análisis dentro de disciplinas como la economía, la sociología, la politología y las relaciones internacionales, en torno a los fenómenos que han condicionado la vida del venezolano. Dichos aportes han puesto sobre la mesa posibles soluciones que, por conflicto de intereses, tal vez, no han sido tomadas en cuenta.

    De igual forma, un sinnúmero de manifestaciones culturales han inundado las redes y las calles con arte, teatro, producciones audiovisuales, contenidos radiales que diversifican los canales de difusión, guerrillas publicitarias, el reciente retorno de los pasquines a nuestras universidades, entre otros. Todos expuestos sólo a través de esfuerzos limitados provenientes de organizaciones no gubernamentales, como expresión misma de ese -cada vez más amplio- movimiento social de cambio que continuamente eleva la voz hacia las dirigencias políticas, como el mejor termómetro alrededor de las necesidades sentidas.

    Toca revisarlo a menudo. Toca escuchar esa voz surgida de la garganta social venezolana.

Extremo B. La gran necesidad sentida: una propuesta.

1. ¡Qué vuelva la esperanza!

    Un acierto ha tenido el último frente amplio en su lanzamiento: la gente necesita esperanza. Es un fenómeno que entendía bien el fallecido Hugo Chávez y que se encargaba de vender a través de un discurso demagógico, pero ¿qué tipo de esperanza reclama la ciudadanía?

    Creo que una que se fundamente en propuestas claras de cambio. Soluciones puntuales.

    No se trata de seguirnos comparando con generaciones pasadas que escribieron el camino democrático, a las que, por cierto, les debemos la inconsistente protección generacional que hemos dado a tal logro histórico; eso resulta abstracto e incierto para quien no sabe si comerá mañana, para quien debe “bachaquear” un kilo de leche porque su bebé está siendo acosado por el fantasma de la desnutrición; es banal un discurso que no tome en cuenta a quien camina y camina porque el dinero no le alcanza para el pasaje, tampoco confiere una garantía para quien es coaccionado a sacarse el carnet de la patria o a militar en el PSUV en salvaguarda de sus quincenas, único y precario sostén de sus hogares.

    En cambio, sí se trata de procurar una alternativa que recoja la confianza ciudadana y de las organizaciones que vienen trabajando en distintos espacios con potenciales soluciones a las mencionadas necesidades sentidas. La esperanza habita en propuestas puntuales como la teoría de los subsidios focalizados del economista José Manuel Puente, en iniciativas como “Farma Rumba” del programa radial El Bandón de Planeta y su red de ciudadanos movidos en alrededor del servicio público, en la creación de espacios de encuentro entre la ciudadanía y el gremio de los transportistas, para que ambos actores encuentren que el responsable estructural es el Estado.

    Son sólo ejemplos de propuestas digeribles que pueden tener un mayor alcance si son incorporadas como políticas de un plan de gobierno.

    ¡Qué vuelva la esperanza! Pero la de mejores condiciones, la del trabajo en equipo para superar el colapso, la del entendimiento, la de las oportunidades, porque si algo es necesario, es que el venezolano vuelva a creer en el potencial de este país.

2. Necesidad de información y de educación.

    La sociedad venezolana espera el pronunciamiento de los actores que dan dirección política frente al régimen; las ONG’s (que proliferan como característica de un país con libertades disminuidas) requieren del respaldo de estructuras con mayor alcance en sus esfuerzos por informar a la ciudadanía en materia de derechos, pero también de deberes. Es esta correlación entre facultades y obligaciones la que introduce un elemento olvidado en nuestras memorias literarias: la educación.

    Uno de los logros del régimen ha sido la destrucción del precario sistema de valores democráticos consolidado hasta comienzos del siglo XXI, y la consecuente inserción de culturas fácticas y tiránicas dentro de la estratificación social.

    Frente a este precedente, la educación se convierte en la mejor acción contra la violencia: la aprehensión del respeto y el entendimiento como deberes ciudadanos, junto a la formación legal, analítica e histórica de forma paralela al destrozado sistema educativo oficial, aportarán esquemas referenciales más sólidos y la construcción de posibles modelos de país.

3. La pregunta del millón: ¿hacia dónde vamos?

    Asumir la responsabilidad de responder a esta letanía cotidiana no es tarea sencilla, sin embargo, podemos estar dirigiéndonos a distintos desenlaces aleatorios si no es suscrita la toma de decisiones a una efectiva planificación estratégica.

    Mantener a una ciudadanía ávida de propuestas de cambio a la deriva no es una postura inteligente ni responsable.

    El liderazgo opositor se desmorona dentro de las bases de la sociedad con cada segundo de silencio o de acción infructuosa. Deben devolver el sentido al rol dirigencial que han asumido y direccionar con asertividad dentro del caos actual. Los ciudadanos, aun con profundas y dramáticas necesidades, han respondido a cada llamado de protesta sin conformarse con dar respaldo, pues superando las expectativas, articulan un despliegue cada vez más interesante en relación a la idea de transición política. Podríamos hacer el ejercicio inverso y preguntarnos si ante cada llamado de la sociedad venezolana la dirigencia opositora ha respondido. Creo que nos daremos cuenta de la gran deuda social de los partidos. Resulta vital reducir la brecha entre los esfuerzos de unidad y el clamor popular de cambio, si queremos llegar a mejor destino. Es vital.


 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Más contenido