domingo, marzo 24

EL VOTO QUE IMPORTA. Por Cristian Torres

Por Cristian Torres

Estudiante de Estudios Políticos y Administrativos.

Universidad Central de Venezuela.

Con la nueva reconversión monetaria continúa y se incrementa la ola de angustia y preocupación que arropa las actividades cotidianas del venezolano de a pie, que ya estando sobrecargado por una ridícula cantidad de obstáculos relacionados con el transporte, la comida, el agua, la electricidad y la delincuencia, ahora tiene que soportar el nuevo conjunto de inconvenientes vinculados al cambio de la moneda. En la calle brota un ambiente acosado por el miedo que produce para mucha gente el no saber a qué atenerse en un momento político tan crítico como éste, en donde cada uno observa cómo el país se cae a pedazos sin poder hacer mucho debido a la situación de contingencia en la que estamos tan obligados a sobrevivir, que vemos con reticencia el usar algo de nuestro tiempo para brindar apoyo a alguna de las parcialidades políticas que tanta desconfianza han ganado durante estos últimos años. Y aun cuando se dibujan en el horizonte nuevos proyectos políticos que buscan erigirse como una alternativa diferente a la clase política actual, mientras sigan reproduciendo la forma de hacer política del status quo continuará dominando la desconfianza, ya naturalizada, de la ciudadanía hacia la política y lo público en general.

            Esto, por supuesto, no se soluciona cayendo en un purismo ético radical que promueva únicamente soluciones de tipo suma-cero e incluso llegue a postular situaciones de conflicto existencial como si fueran una invitación casual a participar en un carnaval. De lo que se trata es de conformar un liderazgo que entienda la necesidad de compatibilizar los costos del poder con los del desarrollo político del país, pues cuando el propio deseo de poder comienza a comprometer la nobleza de un proyecto político dirigido a la conquista de la libertad, realizarlo se torna en un acto criminal.

“Piensa mal y acertarás”

            Es muy probable que al igual que yo, usted que está leyendo este articulo, se haya preguntado en algún momento “¿hasta cuándo vamos a seguir en esta vaina?”, para luego terminar haciendo una reflexión sobre el cómo la situación política del país se debe a un problema cultural del que se puede resaltar la jocosidad con la que el venezolano está acostumbrado a tomarse las peores desgracias. Y ciertamente no podría contradecir dicho argumento, aun cuando me parece que de la pregunta se puede extraer una reflexión más interesante, la del por qué seguimos aguantando esta situación.

            Una de las más importantes metas política que ha sabido cumplir el gobierno ha sido la de cultivar el miedo y la sospecha en una población acosada por la necesidad y la incertidumbre. El primer reto, o al menos uno de los principales, al que se enfrentan los movimiento políticos hoy en día, sobre todo si son veteranos, al momento de realizar una incursión en busca de apoyo es el de establecer relaciones de lealtad y confianza con los venezolanos de a pie. Actualmente la desconfianza representa el único mecanismo con el que cuenta la población para conformar un mínimo de espacio seguro en un ambiente tan cambiante como el nuestro (ya que actualmente para muchos, cuestiones como el comer, el transportarse e incluso el conservar el trabajo o la casa depende completamente de la arbitrariedad de las autoridades y las circunstancias) constituyéndose como un importante elemento desarticulador de la participación ciudadana y política en general. De aquí que la situación sea tan grave, ya que con el historial de derrotas con el que carga el mainstream de la clase política venezolana y la poca maquinaria con la que cuentan los numerosos nuevos movimientos políticos alternos, ningún actor político relevante, además del chavismo (que representa más bien un conjunto heterogéneo), cuenta con la capacidad de brindar un espacio coherente de seguridad vinculado a un proyecto político que trascienda la típica lucha por el poder que “termina enfriando la calle”, como sucedió el año pasado.

            Por lo que resulta muy necesario extraer de la experiencia un aprendizaje muy importante, el de que esta tiranía sigue funcionando tan bien por la capacidad que tiene para desarticular todo proyecto político distinto al suyo, colocando a la población en una situación de miedo, sospecha, incertidumbre y necesidad en la que resulta, a través de un superficial cálculo racional, más favorable para ellos pensar que es “mejor lo malo conocido que lo bueno por conocer”.

La confianza como base de todo movimiento transformador.

            Para realizar cualquier tipo de proyecto político duradero que permita el fortalecimiento de instituciones democráticas se necesita tiempo y mucha gente, dos elementos que hoy en día se ven gravemente afectados por la situación de contingencia y desconfianza en la que nos tiene el gobierno de turno. Pero aun cuando las circunstancias se presentan muy adversas a nuestro proyecto, afortunadamente éste no representa un objetivo imposible de alcanzar, y ya hace algún tiempo que la sociedad civil está montada en ello.

            Para combatir la desconfianza que tiene la población hacia la política y lo público en general (dígase Estado, gobierno, administración pública, partidos, etc.) y posibilitar la construcción de una agencia política transformadora, deben mejorarse tres elementos determinantes en toda relación de confianza con el fin de permitir el desarrollo de vínculos de cooperación, estos son la comunicación, las respuestas y la imagen. En primer lugar, el abrir y ampliar canales de comunicación entre los partidos, el Estado, la sociedad civil y la población (muy desinformada) resulta neurálgico para desarrollar una relación de transparencia que permita dar cuenta del compromiso de los actores políticos con el país. En segundo plano, se presenta la necesidad de desarrollar una actividad política que trascienda la típica sesión de fotografía para redes sociales a la que nos tienen acostumbrados. Se trata de realizar aquella dimensión creadora e instrumental de política, obscurecida por la vistosa lucha por el poder, en la que se define como una actividad humana que permite la construcción de mejores condiciones de vida para la comunidad. De aquí que sea imprescindible para nuestro país el que nuestros líderes y activista comiencen a plantear soluciones reales y concretas a los problemas de Venezuela más allá de cualquier perspectiva ideológica, tarea extremadamente difícil para quien nunca le ha dado la menor importancia a su formación. Y por último, en una situación de contingencia en la que muchas personas cuentan con poca o ninguna experiencia en la política y el activismo social, se hace necesaria la conformación de una fuente de conocimiento práctico, rápido y confiable que favorezca el acercamiento a nuevos movimientos políticos. Esto se logra en primera instancia a partir de experiencias ajenas ampliamente extendidas en la forma de conocimiento popular, que permite la reproducción del capital social necesario para toda agencia política efectiva. Razón por la que se hace urgente crear una imagen que evidencie la magnitud del compromiso, la coherencia y la firmeza de la convicción propia de los líderes para con el desarrollo del país, con el fin de estimular a las personas que desean brindar apoyo a prospectos políticos innovadores y comprometidos.

            El mejoramiento conjunto de estos tres elementos permite la creación de una red de relaciones estables entre individuos, grupos y organizaciones que tienen una visión y misión política compartida, lo que al mismo tiempo habilita el desarrollo de relaciones solidas de cooperación aumentando los índices de confianza. Cabe destacar que la tarea de construir estos lazos no obedece al contagio de una visión positiva e ingenua de la vida sino más bien a la cristalización de un compromiso ético con la realización de un proyecto político democrático coherente que trascienda la lucha por el poder, haciendo uso de ella. De aquí que la tarea de construir y consolidar una red que fortalezca el espacio público y la participación ciudadana, constituye principalmente una tarea que todos los venezolanos comprometidos con la construcción de mejores condiciones de vida para nuestro país debe realizar, pues la coincidencia de fuerzas necesaria para hacer frente a la tiranía que nos oprime solo es posible cuando se dan las condiciones que permiten dar el voto de confianza que necesita toda acción política transformadora.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Más contenido