Venezuela, un país informal en su cultura e instituciones

Venezuela se ha convertido en un país informal, ha perdido en los últimos años gran parte de su proceso estructurado como nación. La socialización de sus habitantes, cultura, forma de gobierno e instituciones, son muestra clara y expresa de ello justo ahora, todo pareciese poco exigente e irresponsable, menos planificado y hasta inseguro.

Venezuela, un país fracturado. Foto: Cortesía

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Hace algunos años muchas de las formas y maneras en que se desenvolvía nuestro medio y la relación que teníamos con otros venezolanos, podía catalogarse amena y segura. Pero nuestro entorno ha sufrido un ocaso negativo, y los procesos que conocíamos, incluso nuestra moral, ha debido desdoblarse y adaptarse a las carentes circunstancias.

Ahora no quiero que esta reflexión parezca una postura conservadora o de añoranza sobre la Venezuela que hace una o dos décadas, se comportaba y reflejaba diferente ante el mundo. Por el momento, solo intento hacer eco de lo que para muchos es notorio; sobre cómo este país se ha convertido en un espacio con alta informalidad institucional y social y de qué manera ello genera un retroceso para el país.

Informal en términos socioculturales e institucionales

Cuando sugiero que es Venezuela un país informal me refiero a que, el ser y hacer de las instituciones y personas no respetan las formas y normas ya conocidas.  Convirtiéndolas en algo no convencional, que se moldea y adapta al momento y las circunstancias; sin importar que tanto se pierde en el camino.

En términos socioculturales es claro una pérdida de la tradición, en todos los aspectos; a pesar de que la cultura es un fenómeno dinámico en sí mismo, de transformación constante. Es claro que los cambios sufridos en las últimas dos décadas son negativos; la forma en la que interactuamos con otros, considera más importante el provecho personal que colectivo; lo que se entiende por la carencia de recursos a nuestro alrededor y la crisis económica en general.

La relación que mantenemos con las instituciones es tan poco estable que al no conseguir buen trato o resolución a nuestras necesidades; creamos caminos paralelos por lo general llenos de vicios, que pueden crear conflictos futuros. En general respetamos poco a las instituciones, porque de ellas esperamos mucho menos.

Como cuando estamos seguros que los procesos salen más rápido y mejor si pagamos a un tercero para que resuelva y no seguimos los pasos institucionales; y así constituimos empresas, hacemos compra y venta de bienes, etc.

El ejercicio político influye y determina en lo cultural

Sin embargo, este último ejemplo habla también, de lo muy negativamente que el sector público y a su mando el gobierno ha actuado; porque claramente lo político tiene una evidente función de liderazgo en ayudar a la sociedad a comprender las verdaderas causas de sus fracasos, y en mostrar caminos –sobre todo institucionales– para superarlas. Es una dirección de apoyo, encause y guía.

Pero como en Venezuela las últimas dos décadas de gobierno no han sido de abierta democracia, de buena administración y gestión pública; la informalidad ha entronado en nuestras instituciones, siendo el poder de facto lo que determina el hacer de las mismas, en vez de su misión y visión sobre el servir y deberse a la sociedad.

Así pues, nuestra institucionalidad y cultura, que son costumbres o fundamentos esencialmente modernos, nada ancestral ni profundamente arraigados; padecen las enfermedades de este complejo periodo. Como el socialismo del siglo XXI y el populismo, un padecimiento que degenera todo a su paso, y deja profundas secuelas.

Veinte años de un continuo ir marcha atrás…

Una Venezuela como país informal es pues aquella que sentimos y percibimos a diario; ejemplo claro son las formas de pago en bolívares y en dólares con precios y medidores sujetos a variables económicas poco lógicas.

Informal en los servicios que prestamos o recibimos, deficiente sistema de luz, agua, o gas. Informal en términos sociales cuando el respeto que tiene por merecido cada individuo se reemplazó por una desconfianza exagerada; pensando en que otros nos quieren perjudicar, mientras que la amabilidad es otro recuerdo cada vez más lejano.

Hay muchas expresiones y ejemplos de aquello a lo que me refiero; pero lo complicado de la situación es saber cuánto hemos perdido y lo que nos costará recuperarlo. Una pregunta muy exigente, pues habiendo señalado que el sistema político determina en gran medida la movilidad social, no podemos esperar que las cosas mejoren manteniéndose aquellos en el poder.

Veinte años de un continuo ir marcha atrás, no se cambian a menos que se cambie de dirección. Pero por ahora la única esperanza aceptable es que usted no se acostumbre a vivir en lo informal, en la dejadez de los procesos a medias, en los servicios escasos y las malas costumbres de aquellos que, desde el gobierno, pervirtieron la cultura.

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