Vacunas en Venezuela: el oportunismo no perdona

La administración de las vacunas en Venezuela ha estado sujeta grandes críticas y debate. Objeto incluso de escándalo por ser utilizada de forma preferente entre los políticos, militares y sectores económicos altos; por sobre las poblaciones más necesitadas o vulnerable, como el sector salud y las personas de avanzada edad.

Vacunas contra la COVID-19. Foto: Cortesía
Foto: Composición Todos Ahora

Y aunque esta realidad no es única de nuestro país, sino un mal contagioso de América Latina; ya que países como Perú, México, Brasil y Argentina, tienen sus propios conflictos, críticas y reproches desde el punto de vista ético, por la misma situación.

Venezuela en medio de la grave crisis que vive, destaca por evidenciar las preferencias, con que se desvían gran cantidad de insumos médicos, de bioseguridad y principalmente vacunas contra la COVID-19; para asistir a políticos y otros, antes que los enfermeros, médicos y en general sectores de la población donde se han registrado mayor cantidad de pérdidas humanas, por su exposición constante y vulnerabilidad.

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Los políticos no son primero…

Es una consideración lógica, desde el punto de vista más humano, social y democrático; considerar que los gobiernos deben dar mejor y más preferente trato en la administración de vacunas a los grupos sociales vulnerables. Una idea compartida incluso por representantes como el subdirector de la Organización Panamericana de la Salud, el doctor Jarbas Barbosa, quien afirmó que ni políticos ni personal de seguridad deben formar parte de los grupos prioritarios para recibir las primeras dosis de vacunas contra la COVID-19.

Barboza indicó hace unos meses que tanto la OPS como la Organización Mundial de la Salud (OMS) recomiendan que “los grupos prioritarios deben ser: primero, el personal de salud, porque están más expuestos, según los datos de fallecidos por COVID-19 en el continente, incluidos profesionales que estén en contacto con adultos mayores, que están en áreas sociales claves, que no pueden dejar de trabajar”.

Por el contrario, en Venezuela

Sin embargo, la instrucción directa de Nicolás Maduro, fue que en una primera fase se vacunara el personal de salud, así como políticos y personal de las fuerzas de seguridad. Lo que en términos prácticos es consecuente con las políticas de este régimen en general; donde las necesidades sociales siempre están supeditadas a los intereses políticos personalistas y junto con ellos la protección de su estamento militar.

Una acción que por naturaleza género y continúa generando rechazo; porque demuestra claramente lo que para los venezolanos significa vivir en medio de una emergencia humanitaria compleja, además de desencadenar una discusión ética sobre el oportunismo del régimen y dejar en evidencia una vez más el incumplimiento de las normas y principios recogidos en el ordenamiento jurídico venezolano.

No hay un plan de inmunización de conocimiento público con amplia difusión

Por otro lado, uno de los elementos que quizá pone de relevo el hecho de que el país se encuentra entre las peores situaciones de control sobre la pandemia en la región, es la desinformación. En los países de la región el proceso de inmunización vino claramente acompañado de un cronograma y esquema de vacunación, que rendía cuenta sobre la cantidad de vacunas y la población destino.

Por el contrario, aquí inició la administración de las vacunas, con tan solo declaraciones públicas de los dirigentes del régimen a medias. No se publicó, ni difundido ampliamente el plan de vacunación nacional. Al menos al cierre del primer mes del proceso, los venezolanos desconocían cuántas dosis de vacunas ha negociado el Estado venezolano; cuándo van a llegar al país, cuantas se destinan a cada estado y cuál es la priorización por sector poblacional.

Luego de casi dos meses, lo que se afirma oficialmente es que casi un 70% de las vacunas rusas (100.000 unidades) han sido aplicadas. Pero según las estimaciones realizadas por la Academia de Ciencias, Físicas, Matemáticas y Naturales, y representantes nacionales adscritos al gremio de la salud; se denuncia, que es «imposible» que durante esta primera fase se hayan destinado, menos del 30% de ese estimado al personal de salud.

Además, acusan que en aquellos centros hospitalarios, a donde sí llegaron las dosis de Sputnik V, la inmunización ocurrió de manera selectiva, sin criterio claro.

Un mercado negro abierto para las vacunas en Venezuela

Ahora esta falta de claridad sobre los sectores priorizados y la ausencia de un cronograma público; ha dejado la puerta abierta a la discrecionalidad, las improvisaciones y la corrupción. Un elemento que es no le es ajeno a esta administración.

Así, en redes sociales y medios de comunicación ya se ha denunciado la existencia de un mercado negro que ofrece las vacunas a elevados precios en divisas; entre 300 y 700 dólares. Ofrecida sin ningún tipo de filtro sobre la necesidad de las personas, solo con la exigencia del pago.

Lo que da cuenta de un desvió evidente del recurso; con una dirección corrupta que está quitando la oportunidad de vacunarse a los centenares de médicos, enfermeras y otros, que afrontan y enfrentan a diario a esta enfermedad, tratando de salvar vidas.

Descontento social generalizado

Ante lo que, como es normal, se tiene ahora y desde hace varias semanas amplios reclamos y protestas en el país; por la gran cantidad de personas del sector salud que han perdido la vida y quienes solicitan ser vacunados cuando antes; un reclamo directo de sus derechos.

Esta semana incluso se protagonizó una protesta en los hospitales J. M. de los Ríos y el Hospital Clínico Universitario. La pregunta más enunciada era: «¿Dónde están las vacunas?». Ya que en las entidades no quedan dosis disponibles.

Y para calmar las aguas, la Vicepresidenta del régimen anuncio el día miércoles 7 de esta semana que “Venezuela tendrá su proceso de vacunación para toda la población a partir del segundo cuatrimestre del 2021”. Asegurando además que no repetirán el esquema de vacunación de los países ricos, «donde solo los poderosos se vacunan». Como sí obviase toda la realidad vivida.

Este panorama en general es lamentable, y la sociedad necesita tomar la conciencia suficiente para siempre estar dispuestos a exigir sus derechos; dar respaldo a los trabajadores de la salud y aquellos sectores como la población de mayor edad quienes han debido padecer y perecer bajo esta tragedia.

De hecho, aun en medio de la crisis política, económica y social que atravesamos como nación, y de la inestabilidad de las instituciones; es preciso recordar que todos los ciudadanos tienen derecho a una buena administración pública, y la protección de su derecho a la vida y a la salud.

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