¿Todos los trabajos son dignos?

¿Todos los trabajos son dignos? ¿Es más digno y tiene más valor ser un profesor universitario que una trabajadora sexual? ¿Los y las trabajadores sexuales merecen si quiera algo de respeto por el estilo de trabajo que hacen? Todo alrededor de estos temas es realmente polémico y que incluso se despega de las concepciones de lo que es conversador, o de lo que es progresista, debido a que hay miles de formas de abordar estos temas. De hecho, mi intención, no va a ir más allá de expresar la forma en la que veo el tema. Por lo que muchos podrían estar de acuerdo, pero muchos otros, no.

Trabajos dignos: ¿cuáles sí y cuáles no? Foto: Composición Todos Ahora

En primer lugar la Organización Internacional del Trabajo (OIT) define a los trabajos como el conjunto de actividades humanas, remuneradas o no, que producen bienes o servicios en una economía, o que satisfacen las necesidades de una comunidad o proveen los medios de sustento necesarios para los individuos. Bajo las descripciones planteadas por la OIT él o la trabajadora sexual serían trabajadores de manera prácticamente irrefutable– y teóricamente hablando-. 

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Pero ¿Qué es un trabajo decente? La Organización Internacional del Trabajo (OIT)  establece que un empleo decente es el trabajo que dignifica y permite el desarrollo de las propias capacidades de los individuos, por lo que no es cualquier trabajo. Un trabajo no es decente cuando se realiza sin respeto a los principios y derechos laborales fundamentales, ni permite un ingreso justo y proporcional al esfuerzo realizado, sin discriminación de género o de cualquier otro tipo, tampoco es un trabajo digno aquel que se lleva a cabo sin protección social, ni aquel que excluye el diálogo social. 

Entendiendo esto, ser trabajador/a sexual ¿Sería realmente un trabajo digno? Realmente la respuesta diría que es sí y no, por el simple hecho de ser humanos tenemos derechos inertes a nuestra persona, por lo que sí podríamos decir que es un trabajo decente porque se gozan de los derechos inertes a las personas, pero esto es desde el punto de vista de los derechos humanos, a nivel de los países de Latinoamérica difícilmente se pueda considerar como un trabajo digno por los estigmas sociales y la falta de un estatus legal que proteja a las personas que son trabajadores sexuales, lo que te puede llevar a una situación de vulnerabilidad debido a los dos factores que se mencionaron antes, es decir, por un factor social y el otro legal. 

En cuanto al primer factor, el factor social como diría la antropóloga Dolores Juliano «el modelo de esposas y madres abnegadas es tan poco atractivo, la única forma de conseguir que las mujeres se adecuen a él es asegurarse de que la otra posibilidad es peor».  La visión de mujeres « buenas » y «malas», el estigma y los prejuicios han generado una situación bastante negativa para las trabajadoras. 

En cuanto al primer punto, se ha generado una doble visión de lo que pueden ser las mujeres, dando como únicas opciones ser mujeres  «buenas» representadas por esta visión idealizada de lo que deben ser las mujeres donde destacan ser buenas madres y esposas, o la visión de mujeres «malas» que es representada por las trabajadoras sexuales, las cuales son tachadas de manera muy prejuiciosa de estar en la búsqueda constante de corromper a la sociedad, dañar a la familia, de ser unas personas impuras, deshonestas, esclavas de los hombres, pero que a su vez buscan apoderarse de los hombres a través de sus actos. 

Esta doble visión ha generado un estigma, por lo que en manera de segundo punto cuando una mujer decide entrar en esta vida por lo general se crea un fuerte rechazo familiar lo que lleva a muchas a estar en situación de indigencia debido a que las familias prefieren dejar a este familiar fuera del núcleo, antes que tener una «mala»  mujer en  la familia,  también se busca salvar a estas mujeres de sí mismas, se ha generado un mito donde son una especie de humanas dañadas que necesitan ser rescatadas de sus actos y su impureza, ignorando totalmente si la persona si quiera quiere dejar ese trabajo. En un sentido religioso-católico, se la ha enseñando a las «buenas»  mujeres y los hombres, que lo que hacen las trabajadoras es un pecado denigrante que nadie, absolutamente nadie, debería replicarlo porque si no, no será capaz de alcanzar la gloria. 

Dentro de una sociedad machista, solo se ve a una de las partes, se dice que las «malas» mujeres son el problema de la sociedad, pero se omite totalmente que la mayoría de las personas que acceden a estos servicios son hombres y solo se estigmatiza a las mujeres. También se han generado estos prejuicios donde si eres un trabajadora sexual es básicamente imposible que seas una mujer de familia, con un o unos hijos y una pareja estable, y si los tienes se estigmatiza a los hijos como unos futuros delincuentes y donde la pareja de la trabajadora también es una factor que busca corromper a la sociedad.

 Incluso en los movimientos sociales que buscan luchar contra la mentalidad machista que impera en la sociedad, existe este estigma, por lo que aún entiendo que los movimientos sociales son multipolares y que pueden converger miles de opiniones sobre un mismo tema, resulta difícil de comprender la existencia de voces, que desde dentro del movimiento feminista manejan un discurso de discriminación y desvalorización paternalista frente a la labor sexual. De hecho, tanto el feminismo radical como el feminismo marxista están contra la labor sexual, en ambas visiones por no reconocerlo como trabajo y justificándose en la explotación que trae consigo este trabajo. 

Hablando directamente del segundo factor, el legal podría ser incluso un derivado del anterior, estos estigmas han generado un grado muy bajo o nulo de respeto hacia las trabajadoras sexuales, solo por mencionar algunos datos, las mayorías de las personas que acceden al trabajo sexual son mujeres, las trabajadoras y los trabajadores sufren altos índices de violencia y de abuso, además de ser una comunidad vulnerable, precisamente porque este estigma que hay acerca de este trabajo. Suele darse de manera generalizada situaciones donde las trabajadoras sufren agresiones  y muchas injusticias de parte de policías, clientes, terceras partes explotadoras que participan en el trabajo sexual, arrendadores, profesionales de la salud, familiares y otros miembros de la comunidad. Muchos de estos casos no se denuncian e incluso cuando se denuncian, no se investigan e incluso cuando se investigan, no se castigan. 

Al no ver algún tipo de interés que pueda ayudar a un partido a un bloque político, tampoco se ha legislado sobre el tema, por lo que en básicamente toda Latinoamérica hay trabajadores y trabajadoras que no cuentan con ningún tipo de protección  que los proteja a ese grupo específicamente. Lo que vuelve más complicado los procesos para denunciar, para exigir un derecho, para que se les garantice un trabajo seguro, adecuado y adaptado a las necesidades de estas personas, lo que termina en explotación sexual, trata de blancas, falta de acceso  en materia de salud en cuanto a medicina general y salud sexual se refiere y una violencia desmedida que termina lamentablemente en muerte en muchos casos y esto solo por nombrar unos cuantos de los miles de problemas que sufren estas personas.

Como reflexión final, entre un profesor universitario y una trabajadora sexual ninguno es más digno, ni más persona que el otro, detrás de cada profesión hay un ser humano que tiene un valor único,  un valor invaluable que tiene que ser protegido y sin importar de qué forma trate de ganarse la vida, esto claro, porque todos somos humanos con una dignidad intrínseca. Por lo que es labor de los Estados latinoamericanos que esto suceda y sobre todo, es labor de nosotros de manera individual y colectiva empezar a generar conciencia desde cada uno de los espacios que tengamos para intentar desmontar estos prejuicios y estigmas, ya que este un trabajo que es tachado de “fácil”, pero la realidad es que son tanto los problemas y las situaciones de riesgo que lo rodean, que lo único fácil es ser prejuicioso frente a una situación que difícilmente acabará. Es un camino largo, pedregoso y complicado, pero en la medida que más personas quieran apoyar a este grupo, mas fácil se logarán los cambios en pro de todas las personas con un trabajo sexual. 

 

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