Procesos de reforma económica que conocemos: ¿Cuál le espera a Venezuela?

A fines del siglo XX, gran parte de los países que contaban con regímenes intervencionistas y marcadamente estatistas pasaron por procesos de reformas que permitieron impulsar en mayor o menor medida, el crecimiento de sus economías. Como parte de dichos procesos que evaluamos a partir del estudio de un grupo de naciones exyugolasvas y soviéticas reunido en la investigación hecha por Bertrand Renaud para la Universidad de California (1996) en el que muestra cómo tales países avanzaron con reformas que ameritaron la aplicación de medidas en sectores claves.

Resulta relevante destacar que para evaluar las perspectivas de un rápido proceso de aperturas y liberalización de la economía se consideran el ritmo y el alcance de las reformas en tres áreas de políticas elementales:

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Al comienzo, la aplicación de estas medidas pueden implicar complicaciones sociales ante los “shocks” que experimentan los ciudadanos por un incremento sustancial de sus gastos ante las políticas de estabilización de precios y liberalización: levantamiento de controles, subsidios y regulaciones de precios generalmente ineficientes e incapaces de atender la demanda en la economía, sin embargo, la evidencia empírica nos demuestra que si se logran superar las dificultades iniciales con políticas económicas compensatorias, se comienzan a ver resultados positivos sustanciales en las principales variables económicas en un horizonte temporal de mediano plazo (2-3 años) para los países que tenían regímenes con altos niveles de intervención en la economía.

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Definiremos a este tipo de regímenes intervencionistas como aquellos en los que se inhiben las posibilidades de actuación del sector privado del país y donde los principales servicios e industrias están en manos de un Estado significativamente más grande que el capital privado. 

Cuando hablamos de procesos de apertura, podríamos generalizarlo como cambios en los cuales dicho capital privado empieza a recibir estímulos que le permiten volver a expandirse luego de años de contracción y recortes. La privatización de áreas claves como mencionamos en el gráfico juega un rol fundamental en este sentido y marca un cambio en la relación entre el capital público y privado del país.

De esta forma, ese proceso irá generando nuevos equilibrios y ajustes en la economía, a la par que avanzan las reformas claves. Como consecuencia de ello, progresivamente habrá una estabilización de los precios (reducción de la inflación a niveles moderados) y una aceleración del crecimiento económico (superando la etapa de contracción económica o estancamiento). La conjunción de ambas circunstancias conducirá a un mayor bienestar, que mejorará la capacidad de compra de los individuos en la medida en que se permitan abrir nuevamente los mercados de créditos, y con ellos, los nuevos sistemas de financiación de la vivienda, y demás bienes privados.

Distinguiendo estos dos tipos de economías, de la que se parte a la que se quiere migrar, usaremos la caracterización que el economista húngaro Janos Kornai ha señalado por la afinidad que existe entre las formas de propiedad, por un lado, y los mecanismos de control económico y los modos de financiamiento por el otro.

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¿Cuál reforma económica es mejor aplicar?

A pesar de las importantes características comunes de los sistemas intervencionistas, la transición hacia economías de mercado difiere mucho entre países, generando un debate internacional sobre la eficiencia relativa y los costos asociados a las reformas graduales en comparación con las radicales.

La decisión de cuál reforma implementar dependerá de varios factores, tales como necesidades, intereses de los grupos políticos que la dirijan y opiniones de los profesionales encargados. Dicho debate se extiende hasta el día de hoy cuando se evalúan casos como Venezuela, Argentina (2015) o Ecuador (2017), donde gobiernos de corte intervencionista, en mayor y menor medida de acuerdo al orden expuesto, fueron seguidos de líderes con una visión promercado.

En los casos de Argentina y Ecuador, los cambios políticos implicaron entonces una serie de reformas graduales con la intención de que el proceso de apertura fuera acompañado por políticas compensatorias que no golpearan de forma tan frontal a los sectores con menor capacidad de soportar impactos directos en la economía frente a las medidas de sinceración de precios y privatización de servicios básicos. Ambos experimentos de gradualismo, no parecen haber resultado excesivamente positivos a juzgar por los resultados. 

Mauricio Macri (Argentina), sucesor de Cristina Fernández de Kichnner, perdió la reelección en 2019 ante la fórmula peronista que incluía a la expresidente como fórmula vicepresidencial de Alberto Fernández por la falta de resultados tangibles para la ciudadanía en sus acertadas medidas de disminución del tamaño del Estado y menor control de la economía. Por su parte, Lenín Moreno (Ecuador) ha enfrentado enormes desafíos para poder llevar a buen término su mandato que finaliza en 2021 y su período ha estado marcado por la búsqueda de equilibrios y moderación con los sectores indígenas del país, quienes se han opuesto al  programa de medidas acordados con el Fondo Monetario Internacional (FMI), que buscaba igualmente implementar cambios progresivos para dar más espacio y oportunidades al sector privado.

En el caso de Venezuela, las presiones han sido de forma asfixiante para que estos cambios económicos se concreten, pero las circunstancias están mucho más vinculadas a los asuntos de orden político. Para que sea factible iniciar cualquier tipo de reformas que deriven en aperturas económicas óptimas en este país pasa, al menos, por la generación de acuerdos suficientemente amplios entre los principales actores políticos del país que permitan poner las necesidades económicas en primer lugar y la implementación de medidas de choque o reformas rápidas que levanten del colapso total a los servicios básicos en el país.

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Una conclusión que se obtiene de los casos de colapsos de estados centralizados y socialistas que detallaremos más adelante es que, independientemente del tipo de procesos de reforma que sean asumidos, las aperturas económicas siempre derivan en mayor crecimiento económico en el mediano plazo y conducen a un mayor bienestar social a largo plazo.

Por: Jesús Palacios.

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