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Plan de distribución de gasolina. Foto: Cortesía

Por qué fracasó el plan de distribución de combustible

Ante la marcada escasez de combustible de los últimos meses, el pasado fin de semana, el régimen anunció un nuevo plan para abastecer las estaciones de servicio, el mismo contempló un incremento sustancial en el precio del combustible. La ciudadanía desesperada y cansada de vivir en medio de una pandemia y sin gasolina, llegó a pensar que, al menos, las primeras semanas podrían abastecerse, aunque sea mínimamente de combustible. Sin embargo, desde el lunes vimos y padecimos kilométricas colas, estaciones de servicio cerradas y protestas por falta de combustible en todo el país. 

El plan se situó bajo la lógica de la improvisación. Las estaciones de servicio debieron abastecerse mucho antes del anuncio, el mismo lunes se veían cisternas de combustible por todo el país intentando abastecer desordenadamente las estaciones de servicio; la poca capacidad logística que apoyó la medida caotizó el funcionamiento de las estaciones, en muchas estaciones de servicios no había punto de venta, en otras que vendían combustible subsidiado no existía ningún tipo de registro, algunas pasaron de vender gasolina preferencial a vender a precio internacional, sin previo aviso ni publicación debida. 

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¿Qué demuestra este plan?

Desde mi punto de vista los venezolanos estamos expuestos al dramático desabastecimiento de combustible debido principalmente al deterioro sistemático de las refinerías, cabe preguntarse ¿cuál es el estado de las refinerías del país? Actualmente, el complejo refinador venezolano opera al mínimo y hasta los momentos el régimen no ha podido reactivarlo, algunos analistas sostienen que, al menos un año puede tardar en reactivar la industria, sin embargo, las condiciones económicas y geopolíticas del régimen juegan en su contra. 

Conviene resaltar que existen otros dos obstáculos que impiden la reactivación del complejo refinador, el primero es que el régimen necesita de apoyo técnico – científico externo, pese a ellos ni los chinos, ni los rusos pudieron reactivar las deterioradas refinerías, ahora le toca a los iraníes que hasta los momentos no han registrado avance; el segundo obstáculo es que para reactivar la refinación se requiere dinero, en los últimos años no hubo reinversión ni mejora de equipos, ahora el régimen no posee capital y su poca credibilidad económica y política le impide la aprobación de un préstamo a través de un organismo internacional, incluso sus socios estratégicos (China, Rusia e Irán) no están dispuestos a prestarle apoyo económico. La anuencia de dichos socios responde a intereses políticos y ya no financieros, debido al colapso económico Venezuela no es destino para ningún proyecto de amplia envergadura, nadie quiere invertir en Venezuela, ni rusos, ni chinos ni iraníes. 

Al sistemático deterioro del complejo refinador que nos ha traído el desabastecimiento de combustible más dramático de nuestra historia, se le añade la intención por lo demás sesgada de apoyar un proyecto “revolucionario” que poco ha aportado a Venezuela. Es sabido que el régimen hace algunos años inició la importación de combustible y no sólo para el consumo interno, sino que también para regalársela a Cuba. Vemos entonces cómo los intereses geopolíticos improcedentes para la gran mayoría de los venezolanos han sido un lineamiento central del régimen. 

Sobre el combustible, su insuficiencia genera desesperación en la ciudadanía cuando se percata que posiblemente se quedará sin combustible y no pueda movilizarse con regularidad, dicha desesperación produce las colas. En los próximos días veremos que, se incrementará sustancialmente el número de estaciones que vendan a precio internacional, probablemente se restringa los días de abastecimiento entonces sea por terminal de placa que surtan a los vehículos incluso para comprar a precio internacional y lo más seguro es que continúen las colas en las estaciones de servicio. Finalmente, al colapso social que sufrimos se le agrega un desabastecimiento de combustible que afecta toda la cadena de transporte del país, los productores no tienen gasolina para ir al campo, los alimentos no pueden llegar a las ciudades, los bienes importados que estén en un puerto no pueden buscarse, aislamiento y desesperanza. Lamentablemente el problema de la gasolina llegó para quedarse. 

Por Ricardo Martínez.

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