Nueva fase de persecusión política contra la oposición

Los sistemas políticos democráticos se caracterizan por poseer en grado importante una marcada separación de poderes. Además de aplicar el principio de legalidad en los actos jurídicos-políticos y finalmente, respetar y hacer cumplir la supremacía constitucional. Esa que rige las actuaciones de las instituciones políticas.

En el caso venezolano, el conjunto de instituciones políticas que deben desempeñarse enmarcadas en la separación de poderes, se encuentran tomadas por un grupo que las monopoliza. Esto para asegurarse el control político – institucional del país. En ese sentido, la ley es manipulada para cercenar los derechos inalienables de la ciudadanía. Tales como la libertad de expresión, la libertad de reunión, el derecho al trabajo e incluso el derecho a la vida.

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Foto cortesía

Instituciones políticas

Las instituciones políticas venezolanas al concentrarse en manipular a su conveniencia la ley, sin ningún freno, empiezan a deteriorarse. Porque antes que la optimización del desempeño político-administrativo está la pretensión de controlar a la población.

El deterioro de las instituciones políticas y también del sector público, se manifiesta, por ejemplo: en el retardo procesal, en el quiebre de la industria petrolera, en el precario estado de nuestro sistema de salud pública y en la pérdida de los servicios básicos. Todo ello, trae como consecuencia el colapso social que estamos padeciendo.

Eliminar la disidencia

Una de las pretensiones más importantes del régimen es eliminar cualquier expresión de disidencia que se manifieste. Para ellos un líder u organización que tenga una iniciativa contraria a sus intereses no representa un adversario, sino un claro enemigo.

Bajo esa lógica, la oposición política es un factor de resistencia que ha sufrido las embestidas sistemáticas de la violencia estatal.

Actualmente, el régimen utiliza la llamada “Operación Gedeón” para intensificar la persecución política teniendo como objetivo principal a Guiadó. El Guaireño ha sido el actor de la oposición más relevante en los últimos años. Desde su irrupción en enero del 2019 que contó con el respaldo de los partidos más importantes de la oposición, así como de los países más desarrollados de occidente; representa entonces Guaidó una clara amenaza para el régimen.

Persecución

Pese a que el objetivo de esta nueva fase de persecución política es Guaidó, el régimen no va por él sino por su partido político. Tal intención se manifestó en la solicitud que presentó el fiscal ante el TSJ para determinar a Voluntad Popular como grupo terrorista.

¿Por qué no se detiene a Guiadó?

Principalmente por dos razones, en primer lugar, el régimen quiere mantener en su narrativa que en Venezuela existe “democracia”. Un ejemplo de ello es que existe disidencia y su máximo líder esta libre. En segundo lugar, necesita achacarle los problemas del país a un actor, que a nivel externo es EE. UU, pero en lo interno debe ser Guaidó.

Esto muestra que Juan Guaidó es una pieza fundamental en la estrategia narrativa del régimen y de momento no lo apresaran. Por otro lado, si el régimen logra desarticular significativamente al equipo de Guaidó, debilitaría su liderazgo y su capacidad, ya torpedeada por la censura estatal, de comunicar sus mensajes.

Diálogo e instrucciones políticas

Finalmente, esta nueva fase de persecución política denota las escasas intenciones del régimen para retomar un diálogo confiable. Uno que cumpla con los requerimientos básicos propuestos por la comunidad internacional. Igualmente la posibilidad de realizar unas elecciones con amplias garantías para la ciudadanía y para los partidos políticos no se vislumbra. Ya que al perseguir y criminalizar a los partidos políticos los aíslas como opción a la hora de una elección.

En los días que vienen, Juan Guaidó y la oposición política, deben saber que están combatiendo con un grupo decidido a quedarse en el poder político a toda costa, y la lucha por el poder político será cada vez más encarnizada.

Por: Ricardo Martínez

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