La muerte de Rondón y los crímenes de odio

Su nombre era Elizabeth Rondón; o al menos así se presume, sin certeza alguna en que lo confirmen sus familiares y allegados. Ante la duda, algunos han usado necrónimos para referirse a ella y a su memoria, pero este no será el caso… porque en un país con total ausencia sobre leyes que protejan la identidad y derechos de las personas trans, el periodismo y la ciudadanía tiene la responsabilidad y el deber de hacer justicia porque quienes nos dejaron. Y aunque no tenemos la certeza completa de tu nombre, esta es tu historia:

La víctima era ciudadana de Venezuela: un país con una de las mayores tasas de transfeminicidio de toda Latinoamérica; uno de esos países de la región con las tasas más altas de impunidad del mundo y, por supuesto, un país donde los crímenes de odio pasan por debajo de la mesa debido –entre otras cosas- a la ausencia de una ley de protección para toda la comunidad LGBTIQ+. Y es que hablamos de un país donde el mismo Estado es cómplice y homicida con su más oscuro silencio, perpetuando la injusticia más mezquina e indolente hacia las víctimas y los olvidados.

Rondón

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Empezaba entonces la madrugada del 14 de junio –en pleno Mes del Orgullo- cuando fue encontrada descuartizada en el municipio Baruta (Edo. Miranda), con índices de tortura, el cadáver de Rondón, asesinada a manos de tres delincuentes que –como era de esperarse- al día de hoy siguen libres y sin pena… y que al momento de redactarse este artículo, las autoridades (in) competentes del Estado no se han pronunciado acerca del caso en cuestión.

La complicidad de su silencio

Evidentemente este caso no es aislado ni ajeno al contexto venezolano, en el que en menos de 24 horas, el 13 de junio, fueron asesinados otras dos personas de la comunidad LGBTIQ+ en el mismo municipio: los ciudadanos Ronnie Rafael Ramírez Tinedo y Carlos Eduardo LaPlace por un presunto intento de robo, pero en el que claramente no faltaron comentarios despectivos en las redes sociales a la pareja por su mera orientación sexual (como si de alguna manera eso justificara el asesinato de dos seres humanos inocentes).

Ante estos tres asesinatos las autoridades baruteñas han hecho oídos sordos y silencios álgidos, algo que en cualquier otra parte del mundo, garante de los DDHH y las minorías sociales, sería un completo bochorno y deshonra para todo el país; algo que –por lo visto- en Venezuela no importa en lo mínimo y en que el respeto a las víctimas por parte del Estado dista mucho del deber ser.

Periodismo sin enfoque de género

Asimismo, no faltaron los medios que haciéndose eco del transfeminicidio de la mujer trans baruteña asesinada, agredieron su identidad y su memoria al presentarla como un hombre con problemas mentales que cuanto menos merecía su tragedia, dando a entender una revictimización a la víctima fallecida y a sus familiares por lo ocurrido.

Aunque ya varios de esos medios han rectificado sus errores, del mal uso de pronombres y la identidad de Rondón, es necesario señalar igualmente la falta de perspectiva de género en el periodismo venezolano. Una cuestión que pareciera pasar a segundo plano, pese a toda la importancia y deber que tienen los medios digitales del país de orientar los valores democráticos y humanistas en Venezuela, como focos de la poca libertad de expresión que nos queda aún ante la censura y la opresión estatal.

No es concebible que en pleno siglo XXI, a mediados del 2021, con el avance mundial de los DD. HH. de todos y cada uno de nosotros, aún se perjudique la identidad y orientación de las personas de la comunidad LGBTIQ+ en los espacios de opinión pública. No es concebible porque en la medida que esto ocurre justificamos a un sistema excluyente y que ignora a los miembros de esta comunidad para que no alcancen la plena igualdad y justicia.

De otra manera, no somos tan distintos al Estado en su silencio, no somos tan distintos a aquellos que alientan a cometer crimines de odio contra nuestros conciudadanos, no somos mejores que lo que criticamos.

Al menos para mí su nombre fue, es y será por siempre Elizabeth Rondón: una mujer tranquila –como explican sus allegados-, que jamás hizo daño alguno, que se dedicó al comercio y venta de alimentos, y que, como tantos otros venezolanos, tuvo un sueño y una esperanza de una vida mejor. Desde aquí les hacemos llegar su más sentido pésame a sus familiares y amigos.

Solo pedimos una cosa y sola una: no más crímenes de odio en Venezuela. En esencia “Un país de libertad, oportunidades y justicia”. Larga vida por siempre a la memoria de los fallecidos y olvidados en nuestra lucha por la igualdad y la paz de todos.

Por: Leonardo Aristigueta

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