Historia de una migrante venezolana con cáncer de mama

Una historia conmovedora y llena de fortaleza es la de Yadira Perdomo, quien sobrevive al cáncer de mama. Barcelonesa por nacimiento, pero actualmente residenciada en Perú, como tantos otros venezolanos que se han visto forzados a emigrar en los últimos años.

Yadira Perdomo, a la edad de 25 años mientras se bañaba, notó que tenía un pequeño nódulo en un seno, pero le restó importancia en ese momento. Dos meses después de aquel acontecimiento, al tocarse nuevamente con más cuidado su mama izquierda, notó que había crecido más y comenzó a preocuparse.

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El primer diagnóstico de cáncer de mama

Los familiares de Perdomo, al momento de enterarse de la noticia por medio de un médico cercano a la familia, decidieron no contarle nada. Al llegar al lugar de la primera quimioterapia, una enfermera fue la responsable de darle la noticia de que padecía cáncer.

“Lloré mucho, no lo voy a negar. Tal cual como dicen, te pasa la película de tu vida en ese momento, pero me limpié las lágrimas y me hice mi primera quimio”, contó Perdomo.

Embarazada por segunda vez con múltiples riesgos

Luego de terminar con su tratamiento, con quimio y radioterapia, a Yadira Perdomo le realizaron su operación y quedó con muchas limitaciones. Entre ellas no poder tomar ningún tipo de anticonceptivos, lo que hizo que quedara embarazada con alto riesgo de perder a su hija y morir ella en medio del parto por distintas complicaciones postoperatorias.

A Yadira Perdomo, como orden de su médico tratante, se le indicó que se debía practicar un aborto de urgencia. Llena de fe como creyente en Dios, se negó y decidió dejar todo en sus manos. Actualmente su hija está próxima a cumplir 15 años de edad y nació sin ningún tipo de complicaciones.

Ser migrante venezolana con cáncer de mama por segunda vez

Como toda sobreviviente de cáncer, los exámenes y revisiones médicas deben hacerse cada cierto tiempo, para así estar seguros de no tener ninguna nueva anomalía.

Al llegar a otro país, con otras nuevas necesidades y una economía distinta, su consulta anual se vio postergada. Luego de dos años, logró volver a ir donde un especialista.

“Al llegar a Perú no me hice mis exámenes en el tiempo indicado por distintas razones. Pero gracias a Dios encontré un lugar especializado en cáncer y fue donde me detectaron cáncer por segunda vez, pero en mi mama derecha”, dijo.

¿Cómo manejas la ausencia de la familia en el proceso de tu tratamiento?

“Al principio siempre duele mucho estar lejos de los tuyos. Cuando un miembro de la familia tiene cáncer, toda la familia se ve afectada y es difícil para unos y para otros. Son momentos y situaciones complicadas”, comentó.

“En mi primer cáncer tuve a toda mi familia cerca y con todo su apoyo, aquí todo ha sido cuesta arriba. Al comienzo de este camino lejos de mis familiares, fue muy rudo. Pero cada día llegan a mi vida mas seres que la iluminan este transitar”, expresó la entrevistada.

Ángeles en el camino

Contó que su tiempo en Perú la ha hecho más fuerte de lo que ya era. “Además de eso Dios nunca me ha dejado sola y cada vez llegan a mi vida personas que hacen que esta prueba sea más fácil de superar”, aseguró Perdomo.

“Una doctora que conocí aquí, ha hecho que todo mi tratamiento sea menos difícil de hacerlo, ella ha sido un ángel para mí. No todos los venezolanos en el exterior con un diagnóstico de cáncer pueden decir lo mismo, es duro”, recalcó la paciente.

Nunca perder la fe y la fortaleza

Recibir un diagnóstico de cáncer de mama puede ser uno de los momentos más angustiantes que puedan experimentar las mujeres. Por eso, tal vez no sepan a quién recurrir para obtener ayuda, y muchas veces la fe y fuerza se pierdan en el camino.

Yadira Perdono, no dejó que esta enfermedad, que suele ser innombrable para muchos, la derrumbe y la aparte de vivir su vida a plenitud.

“No pertenezco a ninguna religión, pero confío ciegamente en Dios. Estoy aquí por un motivo y soy una luchadora para dar testimonio de sus milagros. Por eso sé que como yo, muchas pueden superarlo y lo importante es nunca perder la fe”, reflexionó la migrante.

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