Elecciones en Perú: Un ejemplo del peligro de deslegitimar al Estado

Perú ha vivido unos años muy complejos políticamente hablando, teniendo un quiebre institucional que ha debilitado la imagen y credibilidad de sus poderes, sus instituciones y sus líderes. En menos de dos años ha tenido tres presidentes por períodos marcados por el ataque a personalidades, miembros de la élite, pero también a los órganos que conforman al Estado, acarreando infinidades de procesos judiciales e investigaciones que se han vuelto un ciclo de confusión para los peruanos.

Elecciones en Perú. Foto: Cortesía

Ante la segunda vuelta el pasado domingo de los dos candidatos presidenciales Keiko Fujimori y Pedro Castillo, se develaron unos resultados “A boca de urna” por parte de la encuestadora “IPSOS” en la que la dirigente obtuvo el 50.3% de los votos según relata el portal web “peru.as.com”. Es importante resaltar que esta cifra se hizo viral y conmocionó a la opinión pública, lo que provocó reacciones en su contrincante llamando a las calles a sus simpatizantes de manera pacífica a ser “vigilantes de la democracia” y aunque todos quisiéramos pensar que esto se refiere a una acción carente de violencia o conflicto, las calles fueron testigos de uno que otro hecho de esta índole.

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Fujimori por su parte, también se pronunció de manera muy calmada haciendo un llamado a que los testigos de mesa no se movieran de las mismas hasta su clausura, siendo bastante enfática en la calma y en la necesidad de esperar los resultados que serían anunciados por la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONP) a las 11:30 de la noche, sin embargo este estudio causó un efecto de desesperación en ambos candidatos.

Posteriormente con el pasar de los días Castillo tomó la ventaja sobre el proceso con un mínimo margen al contabilizarse las demás provincias alejadas de Lima, lugar donde la candidata Keiko llevaba la delantera, causando un pronunciamiento de la misma referente a un posible fraude y la necesidad de defender cada voto, algo que se posicionó en la opinión pública peruana y ha puesto en duda cualquier resultado, por lo que ambos personajes han sembrado este pensamiento de poca legitimidad en el sistema electoral en los ciudadanos.

Los resultados preliminares son una muestra de un país carente de creencia en las instituciones en el que una encuesta pueda tomar tanta fuerza hasta el punto de que los candidatos se pronuncien antes de tiempo solicitando acciones de la ciudadanía es muestra de ello. No se debe dejar de lado que el congreso ahora cuenta con presencia de diez partidos, además de que el país se encuentra indeciso por dos candidatos completamente opuestos que son “La opción menos mala” pero también siendo el primero empoderado por una retórica populista que llega a muchas minorías y la primera con un historial de riqueza, política y corrupción que la hace parte del status quo que muchos no desean cambiar.

Pero este proceso es más grave que unos números o una tendencia política, es producto de un país desprovisto de institucionalismo, este juego político antagonista en el que todas las élites se sumergieron solo hizo que hoy cualquier autoridad sea sospechosa de ilegalidad o corrupción, cuando en realidad el ciudadano debe confiar en estos para poder desarrollarse un proceso verdaderamente cívico y sin irregularidades como los disturbios promovidos por los actores políticos. Si bien estoy de acuerdo con que hay que hacerle frente al Estado cuando viola derechos, cuando se equivoca o es corrupto, no estoy de acuerdo en destruir la autoridad, el sistema y lo esencial que es para el desarrollo de la verdadera Política y más aún lo fundamental que es para el sustento de una nación, algo que lamentablemente en Perú hoy no es prioridad por esa política tan baja que están practicando los llamados “líderes”.

 

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