El chasco del salario “digno” y la sátira de “culpar” a las sanciones

Como todos los años, en ocasión a la celebración del Día del Trabajador, el pasado sábado 1 de mayo, el Ejecutivo nacional aumentó el salario mínimo integral, ubicándose en 10 millones de bolívares, siendo equivalente a 3.5 dólares mensuales, “Estuve pariendo recurso para decretar el aumento del 289 %, que he decretado con beneficios desde abril”, “Estamos empeñados en recuperar el ingreso”, dijo Nicolás Maduro, vociferando tal hazaña, cual gesto de desvergüenza y perversidad, aunque ya esto infaliblemente no nos sorprenda.

Salario mínimo

La penuria actual del salario en nuestro país, es una de las tantas problemáticas que nos entristecen como sociedad, en Venezuela los trabajadores no cuentan con los ingresos suficientes para cubrir sus necesidades más básicas, a pesar de poseer un empleo formal. 

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La pobreza humana es considerada como la carencia de ingresos suficientes que impiden a las familias satisfacer sus necesidades fundamentales (alimentación, salud, higiene, vestimenta, vivienda, y educación), así como su preeminencia en el proceso de aprendizaje de conocimientos y destrezas para el  desarrollo del ser humano. Sobre esta concepción tristemente nos encontramos, tras la hiperinflación e incansable  y pertinaz crisis socioeconómica y política.

Este nuevo salario cubre si acaso dos productos de la canasta básica de alimentación, siendo deplorables las condiciones laborales por las que, día tras día se enfrenta el trabajador venezolano, tanto el profesional como el obrero. El salario digno estipulado en nuestra constitución no es más que una pifia utópica. 

En nuestro país existe una furibunda pobreza de ingreso, somos la nación con el salario mínimo más bajo de Latinoamérica, superando notablemente a los cubanos –los indefensos, que hay que salvar- desde hace ya varios años. Esto induce a la dificultad de alcanzar algo tan esencial como el progreso humano y  en consecuencia  el desarrollo de la sociedad, encontrándonos así en una frustrante involución díscola, pues al  no verse satisfechas las necesidades básicas de cada persona, resulta espinoso pensar en la realización de forma íntegra y esencial del ser humano.  Sin embargo,  el valiente trabajador venezolano se ha visto en la carestía de emprender o de tener más de un trabajo, para al menos contrarrestar esta crisis. 

Para el Gobierno las sanciones han venido a ser una justificación ad hoc de todos los problemas actuales del país, incluyendo por supuesto la cuestión salarial, lo cual no parece ser del todo cierto, ya que hay una especie de amnesia vinculada a una serie de políticas económicas que han sido la base de una crisis previa a la persecución sancionatoria el socialismo del siglo 21, igual a: hiperfrentismo y derroche bolivariano –  que no es más que, la crónica de una muerte anunciada-.

Ahora bien, las sanciones si son nocivas a la economía, pero no causaron la crisis, pues  este estallido precede a las primeras sanciones financieras de 2017, así como a las sanciones económicas y petroleras de mayor calado. 

En 2017, primer año de las sanciones puramente financieras, el salario, más el bono de alimentación sumaban: 4,11 dólares mensuales. Así que, resulta extremadamente difícil e insensato atribuir la crisis a una hecatombe eminentemente previa.  

Sin embargo, las sanciones dilatan el ensanchamiento de la crisis asfixiando al ciudadano común, y no a su verdadero objetivo, ya que los derrochadores de nuestras riquezas, poseen la mar de testaferros y recursos en paraísos fiscales.

Por esto, el  venezolano se las ingenia cada día para buscar el ingreso en moneda extranjera, en razón a que el salario impuesto no alcanza para vivir, el Bolívar paso a ser despreciado ante la previsible dolarización de hecho, que indubitablemente no se acopla al salario decretado por el Ejecutivo, y esté aunque quisiera no tiene la capacidad de ello, debido al despilfarro in comento

 El ejecutivo no hace más que burlarse descaradamente del trabajador al limosnear un acrecimiento de salario que en lo absoluto satisface el digno vivir. Es inconcebible el hecho de que pasen los años y no se haga absolutamente nada para salir de la crisis salarial, ya que, resulta más importante mantener la corriente ideológica que nos ha llevado al abismo.

El salario mínimo en Venezuela,  es  sin duda, hondamente indigno.

Por: Mariana Linares

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