Día 75: La dura realidad de un paciente ACV en Carabobo

Puede parecer mentira como la situación del sistema económico o lo político de un país puede cambiar la vida de las personas. Lo vemos a diario en cada noticia del día a día, o en mi caso, las escribo. Sin embargo, nunca se entiende con tanta claridad como cuando estos aspectos, apagan la luz de la vida de un ser querido. Esta es la historia de mi tía.

Comenzaba el fin de semana con una mañana bastante distinta para nosotros. Cuando desperté me di cuenta al encender mi teléfono que tenía una particular notificación de WhatsApp. Se trataba de un grupo familiar, sin entender el por qué, este estaba relacionado con mi tía, ingresé a él y noté que estaba integrado por primos, sobrinos y su esposo.

Justo entonces nos enteramos mi madre, hermano y yo, que mi tía fue encontrada en su habitación inconsciente tras un cansancio intenso. Por esta razón, la llevaron al Centro de Diagnóstico Integral (CDI) más cercano. Allí fue atendida y los médicos determinaron que, según los síntomas que tenia, ella presentaba un Accidente Cerebro Vascular (ACV). Lo cual relacionamos al estrés generado por la situación de Venezuela.

Seguidamente emitieron una orden de traslado urgente a la Ciudad Hospitalaria Doctor Enrique Tejera (CHET).

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Esta, era puntualmente la información que teníamos. Por supuesto, hubo factores que enseguida invadieron mi mente; la falta de gasolina, coronavirus, y la deplorable situación hospitalaria, que actualmente someten a los Venezolanos, y que en ese instante se presentaban como gigantescas barreras para nosotros. Ya no se trataba de lo político o lo económico, era la realidad absoluta levantando frente.

Entre tanto, un hecho que me tranquilizó fue que mis primos contaban con automóviles con la suficiente gasolina y un óptimo sistema de gas natural, pese a esta situación, lo que permitió un tranquilo traslado. Sin embargo, nosotros buscábamos la manera de poder, en la mañana del sábado, estar en el hospital. Lo cual fue imposible porque no teníamos combustible y mucho menos divisas para pagar por este.

Camilleros del dólar

Una vez que mis primos llegaron a la ciudad hospitalaria, se encontraron con un hecho que nos dejó desconcertados. En el lugar, no había lugar donde ubicar a mi tía, por lo que tuvieron que sentarla en una silla plástica en condiciones fatales. Sin embargo podía ser peor aún. Allí mismo vimos a otras personas que estaban en el piso implorando ser atendidos. Todos ellos, con patologías graves, que eran evidentes de determinar sin necesidad de ser un profesional de la salud.

Conscientes de la situación de mi tía ante su ACV, no podíamos dejarla esperando en esa silla. Por esa razón decidimos pagar 15 dólares, monto que cobraba un camillero de la CHET para poder tener el beneficio de la camilla. Esto a pesar de que el deber ser es tener la atención en una cama hospitalaria sin costo alguno.

Venezuela ha cambiado muchísimo, pero jamás imaginé que lo vivido en la salud pública llegará a tal punto.

El hospital estaba colapsado. Entre historias y realidades fuimos testigos de una triste situación. Mis primos pudieron observar como eran tratados los pacientes en lecho de muerte o los tiroteados.

Además, el suelo del hospital se encuentra a merced de virus y bacterias ante la falta de desinfección. Aún así, debido a la afluencia de pacientes, el piso se convertía en el medio directo para ser atendidos, incluso para la aplicación de tratamiento intravenoso.

Asimismo, comenzamos a buscar las vías más rápidas de atención para mí tía. Fue entonces cuando los médicos, a través de una tomografía, diagnosticaron que su ACV había sido de tipo Isquémico.

Seguidamente, nos entregaron la lista de insumos a comprar. Entre ellos, pañales, soluciones, jeringas y medicinas, que debido situación actual del país, en su mayoría se cotizaban en divisas, haciendo más lamentable el hecho. Además, de hacer necesario recurrir a medidas como la de crear un fondo para cubrir gastos, donde los mayores benefactores son parientes en el extranjero.

Un hospital sin máquinas de UCI

El día fue tornándose más pesado; los pronósticos médicos no era alentadores. Nunca saldrá de nuestras cabezas la frase que nos hizo sentir un frío interno “prepárense para lo peor”. Junto a eso nos informaron que mi tía debía ser entubada en la UCI por las diversas dificultades que iba teniendo a raíz del ACV. Sin embargo, se lamentaron al informar que la institución no contaba con la maquinaria optimizada para este proceso.

Luego comenzaron las horas más largas de nuestras vidas, llenas de impotencia y decepción al notar la realidad hospitalaria de Venezuela. Entonces, si no hay condiciones para atender pacientes de atención especial ¿Cómo piensan sacar el pecho ante la COVID-19? Realmente ya no se puede estar seguro si salvarán a nuestros familiares o los sometemos a una muerte lenta.

Y justo así fue. Por un ACV precarias condiciones hospitalarias mi tía marchó a la eternidad. Horas de silencio, impacto y vacío se adueñaron de nuestros corazones. El más hermoso recuerdo que atesoramos con gran valor, es su alegría y humanismo.

Su único hijo, un joven de 17 años, se llenó entonces de millones de interrogantes, miles de cosas lo atormentan ahora, sobre todo, acerca de la ineficiencia e injusticia que sin dudar, se visten de gala en los pasillos del hospital. Difícil pero real, una luz que fue apagada por lo inmerecido.

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