Día 7: la historia de una joven venezolana en Roma

Todo lo que parecía una histeria colectiva y un alarmismo mediático, comenzó a convertirse en una de las peores catástrofes sanitarias y económicas para la nación de la pizza y pasta. 

Laura, una joven de 18 años, oriunda del estado Anzoátegui, se fue a Italia en marzo del año 2018. Nos contó mediante una llamada telefónica todo lo que le ha costado esta situación. Además cómo ha sobrellevado estos días en lo que ya comparan con una “guerra”. 

Su familia en Salerno comenzó a insistirle a su mamá para que se fueran del país y pudieran comenzar de cero en una tierra en el cual ella y su madre también tienen una nacionalidad. 

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Hace un mes atrás nadie tomaba al coronavirus en serio. La gente seguía escuchando las noticias internacionales y lo que pasaba en la ciudad de  Wuhan, China, pero nadie pensó en todo lo que podía traer este virus. 

El primer caso de coronavirus se dio en Roma, donde actualmente está Laura. Los primeros contagiados en la ciudad estaban a 1 km de donde trabaja, es decir, en pleno centro de la capital. Aunque estos casos se recuperaron rápido, nadie pensaba en que la expansión del virus apenas comenzaba. 

¿Qué siente esta joven venezolana?

Al norte de Italia, en Lombardía, días después comenzaron a darse varios casos por día y la situación comenzó a tornarse complicada. Laura, quien vive en un apartamento con tres personas más, no cuenta con ningún familiar cercano. Su mamá y otros familiares aún están en otra ciudad llamada Salerno, en estos momentos solo se tiene a ella misma.

Los recuerdos de los supermercados vacíos y el caos de Venezuela en sus peores momentos, han sido recurrentes en estas últimas semanas. Personas llorando por comida y medicinas, es algo que en su mente le trae recuerdos de lo vivido en su país natal, y que pensaba no volver a vivir. 

La preocupación de Laura

Las muertes causadas por este virus, no tienen velorio ni despedidas, Laura sabe de varios casos cerca de su apartamento, que los familiares de los difuntos no pueden ni verlos por última vez. Son cremados en su mayoría, porque ya hay varios cementerios que no tienen espacio para más difuntos. 

La voz de Laura, al hablar de todo esto, se vuelve muy triste, e intenta no llorar. Recuerda al mismo momento que tiene a su abuela viviendo actualmente en España, donde ya es el tercer país con más cifras fatales. 

Su sentimiento se vuelve más fuerte, cuando piensa en las secuelas que esto puede dejar en Italia, y las graves consecuencias económicas que pueda traer para los meses futuros, para los emigrantes y para los residentes, por ser un país que vive en su mayoría del turismo. 

Cuando el reloj marca las 6:00 pm en los balcones de toda la ciudad es impresionante la solidaridad y las muestras de cariño entre todos, es lo que nos ha mantenido unidos y apoyándonos unos a otros.

Laura ya ha probado todos los tipos de pasta habidos y por haber, tiene la suerte de estar viviendo con una señora que cocina estupendo y en estos días de cuarentena, los ha aprovechado para aprender a cocinar los platos típicos de la nación. 

Los casos de contagiados diariamente siguen aumentando, pero por los momentos solo les queda ayudarse uno a otros, sacando a flote toda la solidaridad y unión que ameritan están situaciones, rogándole a Dios que todo esto termine pronto. 

Joven venezolana en Italia
La vista de la residencia de Laura en Italia. Foto: Cortesía

Texto de Lucelys Rodríguez para #CrónicasEnCuarentena

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