Día 148: Una nueva forma de comunicarnos

Nuestra vida cotidiana cambió de manera sorpresiva, de golpe y sin aviso. Nos adaptamos a una nueva forma. Ya estaba entre nosotros un nuevo e indeseable acompañante,  letal y altamente contagioso para los humanos.

Llegó desde el lejano continente asiático donde dejó muerte y dolor a su paso. Luego, se paseó por todo el continente europeo, dejando su huella fatal. Pasaron tres meses, hasta que tocó suelo venezolano y nos quitó de golpe nuestra vida como la conocíamos, con sus altas y sus bajas pero siempre llevadera.

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La nueva forma

Nosotros que somos de naturaleza bochinchera (fiesteros), desenfrenados con los abrazos y besos, algo que nunca dejamos pasar, pero esta vez, de por medio entre nuestros rostros y los demás está una pequeña barrera.  

Esta vez, debemos usar un tapabocas y con eso aprender a comunicarnos con la mirada y los gestos. Algo difícil para una sociedad que mira más un celular que a la cara, que vive apurada y que no se toma el tiempo de apreciar la maravilla de la vida.

Todos conocemos la frase: “los ojos son la ventana del alma” y sabemos que lo que significa es muy real. Pero, ¿podemos comunicarnos con la mirada? ¿Será esta una nueva forma de saber del otro sin preguntarle?

Por medio de nuestra mirada podemos infundir confianza, rechazar una situación, anunciar nuestro estado de humor, seducir o provocar. Por el motivo que sea, ponemos una de esas miradas que lo dicen todo.

Nos toca ahora mirarnos más de frente. Tener contacto visual es casi obligatorio de ahora en adelante. No esquivar las miradas, intentar mostrarnos como somos. La interacción ahora entre nosotros, tiene otro toque, una nueva forma, solo nos reconocerán quienes realmente nos conocen.

No sabemos por cuánto tiempo debamos usarla, eso no está en discusión. Lo que sí sabemos, es lo que ha cambiado en nosotros este virus, preparándonos para ser más humanos, no deslumbrarnos solo con las apariencias, apreciar el alma y lo genuino que cada quien tiene.

La magia

Por vergüenza, inseguridad o falta de contacto personal, cada vez abandonamos más la magia de comunicarnos a través de los ojos y de adentrarnos en el mundo interior del otro. Nos hemos alejado tanto, que parece contradictorio que una pandemia nos haya unido más.

A pesar de todo esto, conservamos en nuestro espíritu ese ser interior que nos conecta con las necesidades de nuestros semejantes. Sus padecimientos, tristezas, luchas y hasta desilusiones. Todo esto implica no dejar pasar una ocasión para “dar”, desde una mirada sincera, hasta un favor desprevenido.

El mundo está lleno de miradas que buscan alimentarse de otras llenas de chispa, ilusión y sobre todo, de ver y empaparse de otra alma parecida a la suya. Porque aunque no podamos sonreír o reír como lo solíamos hacer, por medio de los ojos también lo hemos ido aprendiendo. 

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