Crónica de una Argentina paralizada entre cánticos, llantos y tensión para despedir al Astro

Desde las 11:30 de la mañana de este miércoles 25 de noviembre empezaron a correr los rumores de su muerte. Los medios argentinos hablaban consternados sobre esta posibilidad; solo esperaban esa confirmación, que al final ninguno quería anunciar. Pasada la una de la tarde, ya era oficial: Murió Diego Armando Maradona, el astro del fútbol a sus 60 años.

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A escasos minutos, la noticia ya era tendencia en el mundo, y mientras tanto, las calles de Argentina se llenaron de luto en solo instantes, y a la vez en una fiesta para despedirlo. Entre familiares o amigos se llamaban para compartir el dolor: “¿Supiste lo de Maradona? Se nos fue el grande. Cuánto dolor, no puedo creerlo”, era un discurso repetido entre parientes; un sentimiento además, compartido entre varias generaciones.

Las calles se pintaron de celeste y blanco

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De momento se dejó a un lado la cuarentena, las restricciones e incluso se sentía la sensación de un día feriado en la Argentina. Las calles estaban vacías, porque todos se concentraban en los sitios más representativos para los porteños, donde no dudaron en rendirle tributo: El estadio de La Boca, el estadio de Argentina Juniors en La Paternal donde inició su carrera y el obelisco de Buenos Aires se llenaron de una multitud que entre abrazos, cantos y llanto lamentaban su muerte.
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Aunque el debate también se hizo presente en las redes sociales y medios, sobre lo que hizo o era como persona fuera de la cancha, cada rincón del país gritaba su nombre. Pasaban las horas y la cantidad de personas era infinita a la vista. “Diego, Diego de mi vida, yo te llevo siempre en el corazón”, cantaban a todo pulmón los presentes, mientras que en el cielo se veían los fuegos artificiales, los papelillos caían y en los balcones de las casas familias enteras salieron a aplaudirlo a las diez de la noche.
En las pantallas de tránsito de las principales avenidas y también en los diferentes medios de transporte: subte y trenes se leía: “Gracias Diego”; monumentos de la ciudad de Buenos Aires se iluminaron en su  nombre. Y en definitiva, no hubo un espacio donde no se viera una imagen o un mensaje para unirse al sentir de todo un país; decretado de manera oficial por el jefe de la Nación, con tres días de duelo nacional.

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Un adiós que paralizó al país

Una vez se dio a conocer que los actos velatorios se realizarían en la Casa Rosada, desde horas de la noche las personas empezaron a hacer la fila para despedirlo a la mañana de este jueves.

Al interior de la casa presidencial, los familiares más cercanos y amigos tenían una ceremonía privada, y a la par, un gran número de personas amaneció a las afueras del lugar esperando su turno para darle el último adiós. Un escenario nunca antes visto en la Argentina, la cantidad de fanáticos que se dieron cita sin importar esperar más de cinco horas para poder ingresar.

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“Diego era nuestro Dios, no podíamos dejar de venir a darle gracias por tanto. Será eterno entre nosotros”, decía una abuela que pese a su avanzada edad decidió hacer la fila. Banderines, franelas, flores, fotografías, pancartas fueron dejadas por los fanáticos; y más de 840 periodistas fueron acreditados para registrar este momento.

Los escasos diez segundos que tenía cada persona para despedirlo, parecían eternos: pararse al frente del ataúd donde reposa su cuerpo a una distancia considerable y romper en llanto fue la postal que quedó para el recuerdo de los argentinos este día.

Corridas, perdigones y detenciones

 A pleno sol de mediodía, lo que estaba transcurriendo como una jornada tranquila y familiar, se salió de control. Se dio a conocer que hasta las tres de la tarde se realizaría el acto velatorio en la Casa Rosada para ver al Diego; cuando ya pasaban las dos de la tarde, eran muchas las personas que seguía en fila aún sin entrar. Una multitud que cada vez crecía más.

El acceso fue interrumpido por los cuerpos policiales cuando empezó a caldearse el ánimo en los alrededores. La avenida de Mayo y la avenida 9 de julio se convirtieron en un espacio de tensión. Una enorme corrida de personas empezó a presentarse por el afán de entrar al sitio, saliéndose de control toda la situación.

De fondo se escuchaban detonaciones de bombas lacrimógenas y perdigones con balas de goma fueron accionadas por parte de las fuerzas policiales. Las personas corrían, las vallas de contención que fueron dispuestas para controlar las filas fueron tiradas al suelo y, algunas detenciones y heridos se llevaron a cabo en el sitio.

“Se les fue de las manos a los organizadores”, calificaron los argentinos, para quienes diez horas de velorio no eran suficientes cuando el pronóstico de asistencia era de al menos un millón de personas. La fiesta para despedir a Maradona, se puso turbia. Por un lado la frustración de quienes no alcanzarlo a verlo, y por el otro, la acción del operativo entre la Policía Federal, la Policía de la Ciudad y Gendarmería dejó un sentimiento de tensión y protesta, incluso un sabor amargo que nadie se veía venir.

El horario fue extendido hasta las siete de la noche, pues no había de otra, ante la avalancha de gente; una tensa calma se empezó a respirar al conocerse esta medida que daría la oportunidad a que más personas puedan darle las gracias y el último adiós. Con el recorrido fúnebre se daría por terminada esta ceremonia, dando oportunidad a quienes no puedan cumplir con el deseo de estar mucho más cerca en este momento del que sin duda fue un icono para el país sureño.

 

 

 

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