Cambio de Constitución en Chile: ¿Significa este hecho el avance a un modelo socialista?

Desde el estallido social generado en Chile el pasado octubre del 2019, a raíz de las exigencias ciudadanas de igualdad social, muchas han sido las opiniones emitidas sobre el rumbo político de ese país y la posibilidad de dirigirse a un destino populista.

Asimismo, lo ha hecho pensar el plebiscito realizado este 25 de octubre en el que los chilenos dieron su apruebo a una nueva Constitución. En esta no participarán representantes del Congreso y se escogerán a 155 representantes, mitad hombres y mujeres, a través de elección directa. Esto con el fin de cambiar la Carta Magna heredada del régimen militar de Augusto Pinochet, vigente desde 1.980. Sobre la cual, además se cuestiona su carácter de «Estado subsidiario» que no provee directamente las prestaciones que tienen que ver con salud, educación o seguridad social. Elementos que están en manos privadas.

Ahora es noticia: Chile aprobó plebiscito con el 78% de los votos y un 50% de participación

¿Qué representa este hecho en la vida política y social de Chile?

En este sentido, María Corina Roldán, periodista y especialista en manejo de opinión pública y comunicación política, explicó que este hecho «marca un hito porque para los chilenos, su Constitución rememora una situación dolorosa como fue la dictadura de Pinochet».

«El triunfo del apruebo (de la nueva Constitución) no es más que una ruptura final con una era sumamente dolorosa. A pesar de que Chile actualmente es un país libre y democrático, también quedó marcado por los acuerdos de transición que hubo después de la era pinochetista», dijo.

Recordó, que para lograr una transición a esa época, ese país tuvo que acordar ciertos espacios para lograr que los pinochetistas se fueran del poder. Sin embargo, esto impidió que realmente se lograra hacer justicia. Como consecuencia los chilenos «todavía tienen ciertos fantasmas de esa era».

«Entre estos espacios se le dio un cargo de senador vitalicio a Pinochet. También hubo ciertas empresas del Estado que se privatizaron y se entregaron a familiares del régimen pinochetista, y que actualmente son privadas y siguen perteneciendo a sus familiares. Asimismo, se mantuvieron en cargos como decisores económicos y políticos. De alguna forma u otra, a pesar de que Chile ha avanzado a un camino democrático y se puede considerar libre, todavía tiene ciertos fantasmas de esa era», expresó.

En este sentido, consideró que «si bien es cierto que con la Constitución actual se puede llevar a un país democrático como se ha hecho en los últimos años, esto también tiene una carga histórica grande de la que es importante deshacerse si se desea barrer ese pasado».

¿Con estos cambios se proyecta Chile a convertirse en un país socialista?

Roldán señaló que, desde la experiencia venezolana se tiene una especie de alarma cada vez que en cualquier parte del mundo se genera un suceso similar al escenario nacional. Sin embargo, enfatizó que «cada país tiene su historia y sus procesos, y que en este contexto, cambiar la Constitución no necesariamente representa algo negativo».

«En este caso se debe considerar que Chile es uno de los países con mayor desigualdad social en el mundo. Esto es algo que ha generado mucho malestar en la sociedad de ese país, y en especial, a las nuevas generaciones. Las más antiguas entendieron que muchas de las decisiones que se han tomado desde el punto de vista social, fueron resultado de la transición de esa dictadura, el costo de la democracia por llamarlo de una manera», señaló.

Sin embargo, resaltó que la juventud, no entiende estos razonamientos y les parece un hecho injusto. Por lo que esta población fue la de mayor incidencia en el apruebo de la nueva Constitución.

«Un país con pagos de primer mundo pero con salarios tercermundistas»

Comentó que, los chilenos aseguran que a pesar de que su país tiene una economía e institucionalidad muy fuerte y de primer mundo, su calidad de vida es tercermundista.

«Para ellos no es tan sencillo porque la educación accesible y de calidad no existe. La educación es paga y tan costosa que las familias adineradas prefieren mandar a sus hijos a estudiar fuera del país, que hacerlo en Chile. Mientras que las instituciones públicas son de muy mala calidad y la salud pública es terrible. Las personas se mueren esperando que les aprueben citas para quimioterapias, o les aprueben alguna operación urgente, por ejemplo. No tienen falta de insumos como el caso venezolano, pero la atención es un proceso engorroso. Y esto se debe a que el seguro social de Chile es una empresa privada, compuesta por cuatro familias chilenas importantes. Pero además, este tiene un proceso totalmente injusto. Por ejemplo, una persona que trabaja toda su vida y se jubila, solo le queda el 10% del salario con el que se jubiló. Por lo que quienes devengaban un salario mínimo, no pueden vivir y por eso es que personas de la tercera edad deben seguir trabajando. Entonces, a pesar de que Chile es un país con grandes oportunidades, también hay una desigualdad inmensa y profunda», detalló.

Además, indicó que si bien, en Chile hay un grupo de personas que está pidiendo unas medidas socialistas y absolutamente extremistas, también, hay un grupo importante de personas que exige condiciones mínimas. Entre estas, una Constitución que piense más en la población chilena y les dé un poco más de oportunidades.

¿Cuáles cambios puede traer la nueva Constitución?

A juicio de la también acreedora de un Silver Award 2019 por la National Associaton of Hispanic Publications de Estados Unidos, los cambios que pueden generarse con esta nueva Constitución, podrían relacionarse a condiciones mínimas de derechos humanos.

«Muy probablemente tenga que ver con educación de calidad pública, sistema de salud pública y privada, sobre lo que podría implementarse una empresa mixta o nacionalizar el Seguro Social para bridarle mayores oportunidades a las personas, entre otras cosas. Hechos que no lo convierten en un país socialista», recalcó,

Por otra parte, recordó la marcada historia de ese país con las inclinaciones de izquierda y derecha del gobierno de Pinoché y Allende. Razón por lo que consideró crucial que para la elección de los constituyentistas, los distintos partidos se aboquen a hacer una campaña consiente para la sociedad chilena.

«En esta campaña se verá cuál es la maquinaria más fuerte en términos de campaña. Los partidos de centro van a tener que hacer una campaña mucho más fuerte que los de izquierda y derecha para hacer una Constitución que sirva a todos los gustos porque si no, igual tendrán una Carta Magna desbalanceada. Eso se verá cuando se elijan a los constituyentes. Por el momento, no podemos decir si eso hará que Chile se convierta en un país socialista. Es muy pronto para hablar de eso», dijo.

¿Existe relación con el caso venezolano?

Con relación a si el modelo de igualdad social exigido por la población chilena es comparable con el modelo político que el chavismo planteó en Venezuela, Roldán ofreció varios elementos por los que a su juicio no hay punto de comparación.

«La crisis de Venezuela no fue ocasionada solo por el modelo de igualdad social, sino por el mal manejo de la economía, de la industria petrolera, de las relaciones internacionales, de la administración general del país, la ruptura de la institucionalidad, y evidentemente, la corrupción», manifestó. Sobre estas últimas dos aristas señaló la responsabilidad del quiebre del modelo social del chavismo, y hoy en día, madurismo.

A partir de lo anterior, instó a no satanizar la igualdad social por considerarla una premisa populista o socialista.

¿Se solucionan los problemas con una nueva Constitución?

A modo de conclusión, la especialista hizo hincapié en que «una Constitución por sí sola, no solucionará los problemas de ningún país. Además, de que no es garantía real de que se cumpla o no las condiciones que pueda estar solicitando una población».

«El mejor ejemplo de esto es Venezuela. En su momento Venezuela hizo una constituyente de la que surgió la Carta Magna actual, que si bien fue celebrada por muchas personas a nivel mundial, a mi juicio tiene ciertos vacíos legales importantes. Sin embargo, se puede decir que comprende lo necesario para llevar un Estado de forma armónica», expresó.

En este contexto, resaltó la necesidad de que una Carta Magna esté acompañada de institucionalidad y de descentralización de poderes para que tenga un debido cumplimiento.

Volver