Bolívar como sujeto y objeto

Una reflexión histórica importante, que ha ido formando con el tiempo parte de la consciencia ciudadana, porque se ha hecho común, aunque aún le falta camino por recorrer, es la de Simón Bolívar y el mito o culto que se labra sobre su figura, al momento de narrar nuestra historia y la utilidad perniciosa que desde la política se le ha dado.

Desde esta perspectiva hay que entender al Libertador como un hombre cuya grandeza no debe disminuirse, pero tampoco exagerarse y mitificarse. Por múltiples razones y entre ellas, lo negativo que ha resultado el culto a su figura y pensamiento para justificar las acciones y políticas de distintos gobiernos, quienes han aprovechado, no siempre de forma benéfica, su reputación que despierta respeto y veneración en las masas. Por otro lado, la real comprensión historiográfica de nuestra nación, requiere se reconozcan la importancia de otros hombres dentro de la formación republicana.

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En este sentido, de forma loable ya han escrito grandes historiadores y profesionales de las ciencias sociales venezolanos e incluso del mundo entero, Germán Carrera Damas, Elías Pino Iturrieta, Manuel Caballero, Luis Castro Leiva, John Lynch, entre otros. Sus perspectivas, fundamentos y formas son variadas, aunque coincidentes en varios postulados. Y es sobre estos asientos, es que deseo comentar y reflexionar.

Análisis sobre Bolívar

El estudio formal que todo venezolano tiene sobre la historia de Venezuela, que comienza en su infancia y para algunos se extiende hasta su formación profesional, está ligado en algún momento en mayor o menor medida a Simón Bolívar. Principalmente por la centralidad innegable de sus acciones en nuestra historia, pero también porque sobre él, posterior a su muerte se construyó un espectro mítico, donde se exaltó la grandeza; colocándole como protagonista de todo aquello que lo rodeaba, llegando a estar por encima de los procesos, siendo más importante que los hechos mismos.

Narración que se filtró como enseñanza obligatoria en la educación formal del sistema educativo, pero además como consciencia histórica social. Lo que generó una idealización hacia la figura de Bolívar, convirtiéndolo en más que un sujeto, en un mito, que se ha trasformado en el objeto político perfecto de diversos gobiernos, quienes en su nombre realizan cuanta acción desean, aprovechando de forma absurda la plasticidad del conocimiento histórico de la sociedad venezolana y el arraigo e identidad que les representa.

Y esta idea la reseña y profundiza Germán Carrera Damas en su libro “El culto a Bolivar”, donde expone los factores y elementos históricos que se enlazan para construir dicho mito; y entre ellas menciona razones, que asume, eran muy prácticas ya que hacia 1845 Venezuela era un territorio fragmentado, se necesitaba un elemento unificador, y esa figura era Bolívar, para entonces nadie podía negar sus méritos y sus grandes desaciertos no se querían recordar. Reseña incluso a los escritores ilustres que dan sentido y forma a aquella idea, José Rafael Pocaterra, Ángel Francisco Bryce, Tulio Febres Cordero, entre otros.

El uso del prócer

Comenta que Bolívar fue convirtiéndose en una religión, con una fe sobre su osadía libertadora, como las expresiones más populares lo demuestran. Y de esto se hicieron también los dirigentes políticos, gobernantes de turno, quienes tomaron provecho excesivo “convirtiendo un culto del pueblo en un culto para el pueblo” y allí se está la perversión; lo que defino como la transformación de un sujeto a un objeto, e incluso algo más valioso que eso, en una idea, con la que se fundamenta y justifica.

Si las personas tenían ciertas creencias, sobre que Bolívar era “el cargador de la libertad”, los gobernantes accionaban en nombre de Bolívar y sus ideales, incluso en sucesión de su persona.

Como menciona Elías Pino Iturrieta, buscando la indulgencia eterna y el apoyo del pueblo, así procedieron José Antonio Páez, Antonio Guzmán Blanco, Juan Vicente Gómez, Eleazar López Contreras y Hugo Chávez Frías. Resaltando que la crítica, no va contra la figura adorada, sino contra los adoradores de turno, que se dicen continuadores del legado y con esta idea solo “martirizan a los pueblos o los conducen al precipicio».

El mal uso de Chávez

Y contextualizando a nuestros días el historiador inglés John Lynch escribió, que como ejemplo absurdo de este culto están los que dijeron que Bolívar era populista o socialista. Como Hugo Chávez, quien protagonizó desde su entrada al poder político en 1999 una vehemente veneración a Bolívar, con la que llegó a bautizar de bolivariano (a), cuantas cosas quiso, incluso el nombre de esta República. Otorgando a aquel, ideales que no le correspondían, como antimperialista, descontextualizando sus acciones y palabras. Llegando al elixir con la exhumación de su cuerpo para averiguar si murió envenenado con arsénico y hacer una reconstrucción de su aspecto físico, lo que terminó con la imagen de un Bolívar desconocido y extraño históricamente.

Esta reflexión histórica reciente es la que estamos llamados a no dejar perder y divulgar; en necesario reconocer y denunciar lo perjudicial que nos resulta como sociedad, vincularnos más con las creencias que con los hechos; creer que Bolívar fue un hombre excelso, sin errores, todo capaz; pues también existieron otras figuras y nombres dignos de reivindicar. Y dejar de pensar que todo lo que mencione su nombre es perse positivo, pues los encantadores políticos, son conscientes de cómo hacer uso del culto a su figura, para justificar su absurdo accionar.

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