Vinotinto: No todo tiempo pasado fue mejor

Esta última semana culminó una nueva doble fecha por Eliminatorias Suramericanas rumbo al Mundial del próximo año en Catar. La selección nacional nuevamente se fue en blanco luego de haber caído de visita ante Ecuador y en casa contra Perú. A falta de apenas cuatro choques, la Vinotinto sigue última en la tabla, ahora a diez puntos del quinto puesto (que da acceso al repechaje), sin esperanzas realistas de poder acceder a la cita mundialista y sin siquiera un cuerpo técnico a cargo, luego del interinato de Leo González, que se extendió por ocho compromisos hasta esta última caída ante la selección incaica.

La Vinotinto

Vuelta al pasado

Hay mucha gente que dice que “todo tiempo pasado fue mejor”. Quizás una de las pocas cosas para las que no aplique esta frase es para nuestra Selección Nacional. Y es que apenas hace unos meses se cumplieron 20 años de aquella victoria por 2-0 frente a Uruguay en el Pachencho Romero, que significó el inicio de aquella racha de cuatro victorias de la Vinotinto, con Richard Páez al mando, y la llegada del famoso “boom” que cambió la cara de un conjunto históricamente humillado por sus rivales en la región. Desde entonces no se ha cumplido con el objetivo de clasificar al Mundial, pero si se había podido establecer un respeto y una competitividad que hacían pensar que ese ascenso seguiría siendo sostenido en el tiempo.

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No obstante, a partir de 2015 el rendimiento de la Selección ha sufrido un bajón estruendoso en cuanto a resultados. Primero con el accidentado ciclo de Noel Sanvicente, luego tuvo una leve mejoría con Rafael Dudamel, que igual tuvo más que ver con las Copas América disputadas y con el Subcampeonato Mundial sub-20 obtenido en 2017 y luego con el infortunado periplo de José Peseiro (con el cual la FVF aún mantiene deudas al momento de escribirse estas líneas) y el largo interinato de Leo González.

El hecho es que, si sumamos la clasificación a Rusia 2018 y lo que va de este Premundial, la Vinotinto ha disputado 32 compromisos, con apenas 4 triunfos, 7 empates y 21 derrotas. En esos partidos sólo pudo anotar 28 goles, mientras que ha recibido 50 tantos. Desastrosos números que devolvieron a Venezuela en ambos procesos al último lugar de la clasificación y que, en estas Eliminatorias, con tan sólo 7 unidades conseguidas, tiene el peor rendimiento desde el torneo camino a Francia 98. El retroceso en este sentido es más que evidente.

¿Por qué ocurrió esto?

Lo más sencillo es simplemente responsabilizar a los técnicos y a los jugadores que han pasado por la Selección Nacional durante estos años. Esto es muy cierto, dado que al final son los que planifican y ejecutan, respectivamente, lo que se ha mostrado en cancha. Sin embargo, nos iremos un poco más al análisis estadístico tomando en cuenta las clasificaciones a partir del Mundial de Alemania 2006 y en ese sentido ver qué podemos encontrar.

Una selección peleada con el gol

Venezuela nunca ha sido una selección muy prolífica. Solo en dos oportunidades la Vinotinto ha marcado 20 o más goles en una Eliminatoria, con 20 tantos rumbo a Alemania 2006 y 23 camino a Sudáfrica 2010. En el pasado premundial Venezuela hizo un total de 19 goles, que, si bien fueron cinco más que los anotados rumbo a Brasil 2014, también hay que decir que en esa última clasificatoria se disputaron dos partidos menos, ya que la canarinha clasificó automáticamente por ser sede.

Sin embargo, uno de los aspectos más dramáticos es la anemia goleadora que ha tenido la Selección Nacional rumbo a Catar. Hasta el momento sólo ha podido anotar en nueve ocasiones, siendo la selección, junto con Paraguay con menos gritos en el torneo. Esto podemos achacárselo al planteamiento ultradefensivo de Peseiro luego de haber caído en la primera fecha en Colombia, la falta de consistencia en ataque al no poder contar en plenitud con los delanteros de mayor peso futbolístico, como lo son Salomón Rondón y Josef Martínez y la falta de alternativas ofensivas y juego asociado desde el punto de vista táctico, que quizás tuvo su punto más alto bajo el mando de Richard Páez y que en la actualidad solo se logra ver que uno o dos de los nuestros, como ha podido ser Yeferson Soteldo en algunas ocasiones y Darwin Machís en otras, sean los que, con más corazón y orgullo que otra cosa, lleven la batuta e intenten generar peligro en el arco contrario.

A esto se le suma la caída en la efectividad en las jugadas a balón parado. Luego del retiro de Juan Arango, solo Rómulo Otero ha sabido cobrar con cierto peligro los tiros libres, sin llegar al nivel del inolvidable número 18. Y los corners o faltas cobradas con centros al área, que fueron, sobre todo en el ciclo de César Farías, una fortaleza indiscutible, no han obtenido buenos resultados luego de la salida del cumanés.

Al que no hace, le hacen

Paralelamente a la pérdida de efectividad de cara al gol, llegó la fragilidad defensiva. En el premundial pasado Venezuela recibió 35 tantos, mientras que en este ha encajado de momento 25, siendo la segunda más goleada del torneo después de Bolivia, a la que le han anotado en 28 oportunidades (Eso si, los del altiplano tienen 20 goles a favor). 

Esto se le puede achacar mucho a la falta de trabajo en conjunto que ha tenido la Selección Nacional. Rara vez se ha podido repetir la misma línea en la zaga y los errores en la aplicación de los fundamentos están a la orden del día. Los guardametas han tenido malas salidas, reacciones lentas y han permitido remates en el área chica, que debería ser zona de dominio absoluto del cancerbero, mientras que los jugadores de campo han tenido problemas armando la línea, con lo que suele pasar que quede alguien descolgado habilitando a algún rival, han hecho pases y despejes al medio en situaciones de peligro que les han regalado goles a los contrarios y el equipo en general ha sido muy débil en las jugadas a balón detenido.

Es cierto, siempre hay un “villano” al que se le puede señalar como responsable de cada error. Pero hay que recordar más que nunca que el fútbol moderno requiere de una sincronización casi perfecta para evitar que estos errores ocurran y conceder la menor cantidad de tantos posibles. Esto solo puede mejorar con un trabajo sólido y consecuente, en el que cada efectivo funcione como un engranaje más en un esquema.

¿Si el elegido es Pékerman, se resuelve el problema?

Varios reportes, encabezados por los que ha emitido Armando Naranjo (que al menos en mi caso fue al primero que leí hablar con certeza sobre el tema) indican que José Pékerman es el elegido para ocupar el banquillo Vinotinto a partir de 2022. Sin embargo, ¿Solo con eso se puede resolver el problema?

Ciertamente, Pékerman es un técnico que, pese a su avanzada edad, es una gran opción para dirigir a la Selección Nacional. Su recorrido tanto en categorías juveniles como en mayores, en las que disputó mundiales tanto con su Argentina natal como con Colombia, habla por si solo. Esto significa que si llega con un plan de trabajo sólido que incluya ciclos de preparación tanto para la Selección absoluta como en las inferiores, la esperanza de que esto traiga resultados positivos en la cancha es más que certera.

Sin embargo, también la Vinotinto desde 2015 ha estado en un torbellino de problemas extrafutbolísticos que, nos guste o no, inciden en el rendimiento dentro del campo. Desde aquella carta de algunos jugadores que no quisieron trabajar más con Noel Sanvicente, pasando por la renuncia de Josef Martínez durante el ciclo Dudamel y la eventual disputa del carabobeño con los capitanes, el brote de COVID-19 antes de la Copa América hace algunos meses, las bajas por “molestias físicas”, que al parecer tienen otra índole de efectivos como Yeferson Soteldo y todos los problemas federativos que ha habido por detrás hacen que el ambiente sea muy inestable e independientemente del técnico que llegue, es muy difícil trabajar en estas condiciones.

También el ente federativo tiene mucho trabajo pendiente, más allá de la Selección Nacional. Lo hemos dicho en reiteradas ocasiones: Es imposible construir una casa empezando desde el techo. Y en este momento las bases de esa casa son muy endebles. Un torneo local en el que varios equipos tienen deudas añejas con sus jugadores y técnicos y con un formato con muchos equipos, inadecuado para la estructura de nuestro fútbol. Tampoco hay un plan para el desarrollo del fútbol menor que permita hacer crecer al talento que ciertamente existe. Todo eso va más allá de cualquier técnico. El tren a Catar ya se fue, por lo que es el momento de poner manos a la obra, si se quiere esperar con firmeza al que nos puede llevar al Mundial 2026.

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