Venezuela se postula a ser sede de Copa América: ¿Es realmente posible?

Hace unos pocos días se hizo pública la comunicación (con fecha 09 de mayo) dirigida a la CONMEBOL por parte del Ministro del Poder Popular para la Juventud y el Deporte, Mervin Maldonado, en la que se postula oficialmente a Venezuela como sede alternativa para la Copa América 2021, dados los inconvenientes que llevaron finalmente a Colombia a desistir de esta responsabilidad.

Referencial / Cortesía

Con esto, nuestro país tiene la posibilidad de ser anfitrión del torneo de selecciones más antiguo del mundo por segunda vez, después de la edición de 2007, siempre y cuando el máximo ente del fútbol suramericano haga la designación en detrimento de otros candidatos, como Chile, Paraguay, Ecuador o la propia Argentina, que en un principio iba a ser sede conjunta junto a Colombia, luego por la segunda ola de la pandemia había abandonado la idea y ahora vuelve a ser una de las opciones posibles.

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Esto puede que suene muy bonito esto y como aficionado al fútbol me gustaría que, en circunstancias normales, podamos ser sede de tan importante evento. No obstante, lamentablemente nuestro hermoso país desde hace mucho tiempo no vive en circunstancias normales.

En primer lugar, en este momento ni siquiera la estructura del fútbol nacional tiene una estabilidad y un nivel acorde con un campeonato de primera división. En el ámbito deportivo, a pesar de que la Selección Nacional o algún conjunto de vez en cuando saca la cara en la palestra internacional, siendo el caso más reciente el del Deportivo Táchira en la Copa Libertadores este año, infortunadamente esto se ha convertido nuevamente en la excepción, mas que en la regla.

Sin embargo, esto no es lo más grave (y no necesariamente es condicionante para ser sede o no de la copa). Sino que semana tras semana se hacen públicas denuncias de jugadores y técnicos de equipos profesionales que tienen meses sin cobrar sus salarios. Muchos han tenido que recurrir a otros oficios para poder tener algún tipo de ingresos, siendo el caso de Trujillanos el más comentado en los últimos días. Esta situación es inaceptable en el contexto de cualquier deportista, independientemente de su disciplina, por lo que hacer una postulación a ser sede de un evento de tal magnitud es irresponsable y hasta una burla para quienes hacen vida en el fútbol nacional y están pasando por estos infortunios.

Luego está el tema institucional. Si algo ha tenido la Federación Venezolana de Fútbol en el pasado reciente es inestabilidad, luego de la detención de Rafael Esquivel, la salida de Laureano González, los problemas y lamentable fallecimiento de Jesús Berardinelli, la comisión normalizadora y las venideras elecciones para elegir una nueva directiva, en la que las planchas participantes no han siquiera dado a conocer a fondo sus propuestas para poder encausar nuevamente al balompié nacional, más allá de seguir pretendiendo “construir la casa comenzando por el techo”, con la Selección Nacional.

Por si todo esto no fuese suficiente, para organizar un torneo de este calibre se necesitan muchas cosas, pero para no hacer este escrito tan extenso, nos limitaremos a tres: instalaciones, condiciones sanitarias y logística.

Comenzando por las instalaciones, la comunicación antes mencionada indica que Caracas, Valencia y Mérida serían las sedes propuestas para el torneo. Esto implica que los estadios donde se llevarían a cabo los partidos serían el Olímpico de la UCV, el Misael Delgado y el Metropolitano, respectivamente. Es cierto que, en los partidos de Eliminatorias y torneos internacionales, estas canchas han mostrado un estado decente, al menos en el terreno de juego. El problema es que estos recintos no son suficientes, sino que también debe haber lugares alternativos para que las selecciones participantes puedan entrenar y que por lo tanto tengan no solo canchas de fútbol, sino también dotación de otras estructuras, como por ejemplo gimnasios, para que los jugadores puedan preparar cada partido de forma adecuada.

Después vienen las condiciones sanitarias. La propuesta incluye realización de pruebas PCR a los participantes del torneo, pero bajo la situación de pandemia actual esto no es suficiente. Se debe garantizar que todo aquel que vaya a hacer vida en el torneo tenga un cuidado sanitario de la mejor forma posible, probablemente con un esquema de distanciamiento social, revisiones periódicas, dotación de equipos sanitarios como mascarillas, dispensadores de alcohol gel, termómetros y, lógicamente, el personal que llevaría a cabo todas las actividades de control. Asegurando yodo esto tanto en los estadios, sedes de entrenamiento, hoteles y demás lugares donde vayan a estar todos los actores participantes y tomando en cuenta que no solo están conformados por las plantillas de 23 futbolistas de cada una de las 10 selecciones, sino por los cuerpos técnicos, utileros, árbitros, delegados, prensa y, lógicamente, el personal local que hace sus labores en todos los sitios mencionados.

Por último, la logística. La organización debe asegurarse que todas las personas mencionadas en el punto anterior tengan disponible su hospedaje, alimentación, servicios básicos y traslados. Podríamos asumir que hay hoteles suficientes (como indica la misiva enviada a CONMEBOL) y que la alimentación está garantizada, por lo que pasaremos a los dos últimos renglones.

En cuanto a los servicios, para nadie es un secreto que incluso en la ciudad capital son frecuentes los cortes de energía eléctrica y agua, por lo que habría que garantizar el suministro de estos servicios, probablemente con plantas o tanques.

Respecto a los traslados, quizás el transporte terrestre entre Caracas y Valencia pueda mitigar un poco los riesgos, por la corta distancia, pero un viaje por esta vía a Mérida es otro asunto totalmente distinto, sobre todo por el mal estado de las vías y la conocida inseguridad que lamentablemente frecuenta las carreteras venezolanas. Otra opción sería que el traslado hacia Mérida sea estrictamente aéreo, pero los vuelos a dicha ciudad, tanto en calidad como en frecuencia no van a poder cubrir la demanda que requiere una Copa América, por lo que habría que optar por hacer vuelos charter para poder asegurar que el calendario se pueda cumplir según lo previsto.

Para poder asegurar todo esto, se necesita hacer una inversión importante, por lo que surgen las siguientes interrogantes: ¿De dónde van a salir estos recursos? ¿Es posible conseguir todo ese dinero con la crisis económica que lamentablemente atraviesa Venezuela desde hace tantos años? Y, lo más importante, en caso de que en efecto se pueda contar con ese dinero ¿Por qué invertirlo en la organización de un torneo internacional en lugar de destinarlo, por ejemplo, para asegurar que toda nuestra población pueda ser vacunada contra el COVID-19, o para cualquier otra cosa que sirva para tanta gente que la está pasando tan mal en estos momentos?

Hacer una inversión así en estas circunstancias es, cuando menos, irresponsable. Venezuela en este momento tiene otras prioridades más importantes que organizar un torneo internacional solo para lavar la cara del estado y de los entes federativos y dar una imagen falsa de la situación actual del país, por lo que sería mejor que con esos recursos los entes a quienes correspondan se pongan a trabajar no solo por el fútbol nacional, sino también por un país tan golpeado y que más que demagogia necesita acciones y soluciones.

Por: Miguel Ángel de los Ríos

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