Miguel, Cooperstown te espera

Como buena parte de los niños venezolanos que comenzaron a ver pelota en los años 90, crecí viendo en las Grandes Ligas a Ken Griffey Jr., Mark McGwire, Sammy Sosa, Roger Clemens, Greg Maddux y, por supuesto, también a Omar Vizquel, Wilson Álvarez, Oswaldo Guillén y Bob Abreu, entre tantos venezolanos. Sin embargo, mi pelotero favorito siempre fue Andrés Galarraga. No solo por ser en su momento sinónimo del poder al bate, sino por su carisma, humildad y, siendo yo caraquista, tengo que decir que también influyó que haya jugado con los Leones.

Referencial / Cortesía
Foto referencial – Cortesía

Mientras tanto, en nuestro Beisbol Profesional Venezolano, el Magallanes y Cardenales de Lara compartieron el dominio de prácticamente toda la década e incluso los primeros años de la siguiente, varias veces a costa de mis queridos Leones, que solo pudieron ganar en el 90 y en el 95 y las Águilas del Zulia fue el otro equipo que pudo arrebatarles títulos en ese lapso.

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Y ahí llegó la temporada 2001-2002. En la alineación de tus adorados Tigres de Aragua había un flaco con apenas 18 años sobre en el que más de un choque se escuchaba en los comentarios frases como “Viene al baté José Miguel Cabrera, tengan cuidado porque este muchacho se va a perder de vista”. Lo que lograste después superó con creces aquellas expectativas. No se les dio ese año y perdieron la final ante el Magallanes, pero dieron un aviso de lo que estaba por venir.

Corría el año 2003 y con apenas 20 años cumpliste uno de tus sueños, cuando los Marlins de Florida te subieron al equipo grande y no esperaste mucho para dar un abreboca de lo que sería tu ilustre carrera. Apenas en tu debut, aquel 20 de junio, en el undécimo inning, diste no solo tu primer hit en la Gran Carpa, sino que también fue el primero de tus 500 bambinazos que hoy celebramos. Un estacazo por todo el jardín central que dejó en el terreno a Tampa Bay y que también fue tu primer aporte para que aquellos Marlins, con los que antes de empezar la temporada nadie contaba, terminaran ganándole la Serie Mundial a los todopoderosos Yankees. En aquel Clásico de Otoño también quedó en nuestra retina aquel cuadrangular ante el legendario Roger Clemens, que como no podía ser de otra forma, fue hacia la banda contraria, otra de tus marcas de fábrica.

Ese mismo año, fiebrúo como siempre, jugaste en nuestro país y junto a tus Tigres lideraste una dinastía que duró muchos años. No es para nada una exageración decir que estabas a un nivel por encima de la liga. Como caraquista, te digo que ha sido un privilegio verte jugar en nuestra liga, y un sufrimiento cada vez que tu rival eran los Leones, conectando estacazos con una naturalidad asombrosa que en nuestros parques llegaban a mitad de gradas o incluso más allá. Incluso en aquel 2006 en el que perdieron la final contra el Caracas, te negaste a ser el último out y diste un doble en aquel noveno inning con dos outs.

En paralelo ya eras una superestrella en Grandes Ligas. Los Marlins, como era de esperarse, se desarmaron después de aquel título en 2003, pero tu continuaste en la franquicia y te convertiste no solo en su cara visible, sino en uno de los mejores bateadores de la liga. Fuiste a cuatro Juegos de Estrellas seguidos y ganaste tus primeros bates de plata. Todo esto cuando aún no cumplías 25 años. Allí estuviste hasta 2007, cuando en el invierno te cambiaron al equipo donde has hecho vida hasta el día de hoy. Y como tigrero que eres, no podía ser otro que los Tigres de Detroit.

Tus primeros años en la “Ciudad del Motor” fueron, como casi toda tu carrera, fuera de serie. Pero también fueron aquellos años donde demostraste que eres un ser humano. Algunos cayeron en el juego de alimentar la polémica y maximizar algunos errores que cometiste fuera del terreno. Pero la mayoría teníamos la certeza de que encontrarías el rumbo. Fue así como llegó aquel glorioso año 2012. Ya el año anterior habías logrado tu primer título de bateo, pero fue en esa temporada en la que, si ya eras para muchos el mejor de la liga, te encargaste de confirmarlo con creces. Llegaste en un estado de forma notable y silenciaste a tus críticos batazo tras batazo. Tu destino fue la primera triple corona desde 1967 y tu primer premio al Jugador Más Valioso, siendo el primer venezolano en conseguirlo. Quizás lo único malo fue haberte quedado a las puertas de ganar una nueva Serie Mundial.

Al año siguiente estuviste cerca de repetir la hazaña, ganaste tu tercer título de bateo consecutivo y nuevamente la distinción de MVP. En los años sucesivos seguiste siendo una referencia del bateo y aunque Detroit se fue desprendiendo de sus piezas que los llevaron a aquella Serie Mundial de 2012 y que las lesiones lamentablemente te empezaron a aquejar, esto no te detuvo. Al contrario, te convertiste en un ejemplo de pundonor al continuar jugando cada día a pesar del dolor. Hubo un año en el que incluso tuviste que ajustar tu forma de pararte en el plato y hacer swing para cuidar tus maltrechas rodillas. Una muestra de compromiso con el juego y con tu equipo para aplaudir de pie.

Y así llegamos a este 2021. El primer día de la temporada y a pesar de la nieve, diste el primer jonrón de la campaña. Como no, hacia la banda contraria. Y así continuaste ese andar que te ha hecho llegar este domingo en Toronto a la histórica cifra de 500, convirtiéndote apenas en el vigésimo octavo toletero en alcanzar esa marca, que por sí misma es prácticamente una garantía de que una vez decidas retirarte y pasen los cinco años reglamentarios, seas elegido al Salón de la Fama. Este número se hace aún más impresionante sabiendo que tus juegos de local los has tenido en el antiguo Pro Player Stadium y en el Comerica Park, dos recintos que no son precisamente un paraíso para los bateadores.

No solo eso, sino que también estás buscando ser el número 33 en alcanzar los 3000 hits. Otra cifra de esas que todo pelotero sueña con conseguir y que también forma parte de esas legendarias que se asocian con un boleto prácticamente asegurado rumbo a Cooperstown. Menos de 50 indiscutibles te separan no solo de esta hazaña, sino de una más notable, que es ser apenas el séptimo en toda la historia en lograr tanto los 500 bambinazos como los 3000 imparables, una hazaña que terminará de escribir tu nombre con letras doradas en el olimpo del juego.

Todo esto ha hecho que seas un ejemplo para tanto y que en unos años será el relevo de tu generación y para la cual estás dejando un listón altísimo de superar. No solo superaste con amplia diferencia al “Gran Gato”, sino que has sido el mejor venezolano en la historia de la Gran Carpa, con toda seguridad acompañarás a Don Luis Aparicio en el Salón de la Fama y serás por muchos años una referencia respecto a cómo ser un bateador completo, no solo con capacidad de sacar la bola del parque, sino de hacer contacto hacia cualquier parte del campo, todo esto con una naturalidad que pocas veces se ha visto. Mientras tanto, seguiremos disfrutando cada uno de tus turnos y orgullosos por haber puesto el nombre de Venezuela en alto. Miguel, Cooperstown te espera.

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