Las 24 horas más gloriosas del deporte venezolano

Recién salía el sol el pasado miércoles, cuando Julio Mayora nos dio la primera alegría de estos Juegos Olímpicos, al colgarse la medalla de plata en halterofilia, en la categoría de los 73 kilogramos masculina, embargando de emoción a todo un país. El viernes, también por la mañana, la reina del salto triple, Yulimar Rojas, clasificó con comodidad a la final de su disciplina, mientras que Daniel Dhers dio una tremenda exhibición en la carrera de clasificación del BMX estilo libre, que le dio un buen lugar para la final al día siguiente. Sin embargo, todo esto fue sólo un presagio de lo que ocurriría en las horas por venir.

Referencial / Cortesía

Un “oso” levanta nuevamente a Venezuela

Comenzaba a salir el sol del sábado 31 de julio, y el “astro rey” venía acompañado de la prueba masculina de 96 kilogramos del levantamiento de pesas, con una decena de atletas buscando la gloria, entre los que se encontraba Keydomar Vallenilla, oriundo de la parroquia La Vega y con la credencial del bronce panamericano en Lima 2019 por delante.

Keydomar apenas tiene 21 años y estaba en sus primeros Juegos Olímpicos, pero desde la prueba de arranque se le notó con una personalidad y entereza como si llevara 20 años compitiendo en estas lides. Su primera ronda fue sólida y con un incremento lógico del peso en cada uno de los tres intentos, con 172, 175 y 177 kilogramos, respectivamente. Siendo esta última la marca que le valió para obtener el segundo lugar de la prueba, detrás del canadiense Boady Santavy y empatado con el catarí Fares Ibrahím Elbakh y el georgiano Anton Pliesnoi antes de pasar a la fase del envión, poniendo a soñar a todo un país de la misma forma que lo hizo Mayora tan sólo tres días antes.

La halterofilia es ciertamente un deporte donde la potencia y la técnica deben emplearse al máximo sobre la plataforma, pero que también tiene un componente estratégico importante fuera de ella y aquí Vallenilla y sus entrenadores hicieron gala de ello. Con mucha seguridad en sus capacidades, fijaron en primera instancia 208 kilogramos para su primer intento, pero luego de ver a sus rivales con ciertos problemas para superar la marca de los 200 y que el georgiano Pliesnoi, claro contendor por las medallas si pudo levantar 206, Keydomar subió su marca a 210, que pudo alzar con comodidad. Luego falló en su segundo intento con 215 y en su última oportunidad levantó 216, pero dos de los jueces, en una decisión polémica, no lo dieron como válido. De todas maneras, con un total de 387 kilos, logró alzarse con la presea de plata, solo detrás del catarí Elbakh, que con un impresionante total de 402, consiguió no sólo el oro, sino el récord olímpico.

Como si todo esto no fuese suficientemente emocionante, la transmisión internacional logró comunicarse con la señora Carolina, madre de Keydomar, que dentro de todo su orgullo dijo “Es mi bebé, mi oso, mi todo”. Esta frase tan sencilla, pero cargada de tantas cosas, nos recuerda una vez mas el sacrificio que tiene que hacer cada atleta para siquiera estar presente en los juegos. Es destacable también el arduo trabajo de la delegación de halterofilia, que luego de un largo ciclo ha cosechado muy buenos frutos y de los cuatro atletas que pudieron clasificar a Tokio, lograron dos medallas de plata con Mayora y Vallenilla, además de un diploma olímpico para Yusleidy Figueroa, a la espera de lo que suceda con Naryury Pérez, que competirá apenas unas horas después de haberse escrito estas líneas.

Daniel llegó con todo el “Po-Dhers”

En horas de la noche (y ya en la mañana del 01 de agosto en tierras niponas) le tocaba el turno a nada más y nada menos que una leyenda viviente del BMX freestyle. Sus resultados lo avalan, como por ejemplo sus cinco campeonatos en los X-Games, entre 2008 y 2013, o el oro panamericano en Lima 2019, sumado a un carisma inigualable que lo ha llevado un referente y prácticamente un ídolo para buena parte de sus competidores en Tokio.

Si su disciplina hubiese sido parte del programa en Beijing 2008 o Londres 2012, probablemente estaríamos hablando de un múltiple medallista, e incluso campeón olímpico. Lo cierto es que su sueño de estar en la magna cita se cumplió en Tokio y Dhers, a pesar de contar con 36 años y ser con diferencia el de mayor de edad en toda la competencia, desde el principio mostró ese entusiasmo propio de alguien a quien por fin se le cumplió un anhelo de vieja data. Siempre activo por redes sociales, mostraba como iban llegando a sus manos cada una de sus piezas de indumentaria, llevando el tricolor patrio en sus guantes, casco y, por supuesto, en su bicicleta. Y es que Dhers, a pesar de haber vivido fuera del país desde los 16 años, primero en Argentina y luego en Estados Unidos, siempre se ha mostrado orgulloso de ser venezolano y ser ese mismo muchacho cuyos padres tenían que dejarle la bicicleta amarrada para que fuera a estudiar al Colegio Santo Tomás de Aquino. Siendo múltiple campeón y con todo el reconocimiento internacional a cuestas, ha viajado cada vez que le ha sido posible a nuestro país y ha hecho exhibiciones a lo largo de toda Caracas y también en el interior.

En Tokio no fue la excepción, mostrándonos por las redes detalles del día a día en la Villa Olímpica y hasta de la propia ceremonia de apertura, con el humor que le caracteriza, lo que le hizo ganarse el corazón y el apoyo incluso de los que no lo conocían anteriormente.

Pero ya centrándonos en la competencia, en la clasificación del día anterior Dhers culminó tercero, lo que le permitía salir antepenúltimo en las dos rondas que tenía la final. Esto le daba la ventaja de poder analizar a la mayoría de sus rivales antes de tener que saltar al cemento, lo que aprovechó al máximo, terminando su primer intento en segundo lugar, con una calificación de 90.10 (En esta disciplina los jueces evalúan con un máximo de 99 puntos). Sin embargo, la confianza con la que culminó esa presentación nos hacía pensar que aún tenía un as bajo la manga.

En la segunda ronda, tanto el británico Declan Brooks como el costarricense Kenneth Tencio pusieron presión al criollo, logrando 90.80 y 90.50, respectivamente y sacándolo temporalmente del podio. Sin embargo, en una situación en la que no se podía cometer error alguno, Dhers sacó la casta y con toda su experiencia hizo una rutina absolutamente espectacular que le valió para obtener un 92.05 que le valió para conseguir la medalla de plata, solo detrás del australiano Logan Martin, que con su 93.30 de la primera ronda parecía inalcanzable. Esta era la tercera medalla para la delegación venezolana, todas de plata hasta el momento. Pero lo mejor todavía estaba por venir.

¿Quién es la mejor atleta de la historia del deporte venezolano y por qué es Yulimar Rojas?

Siendo medallista de plata en Río 2016, doble campeona mundial tanto al aire libre como bajo techo y poseedora del récord mundial en esta última modalidad, Premio a Mejor Atleta del Año 2020 otorgado por World Athletics, máximo ente del atletismo mundial y poseedora de la mejor marca del año en este 2021, Yulimar Rojas partía como máxima favorita para llevarse el oro en Tokio, tanto por parte de la prensa especializada, como por la afición, sus propias rivales y las principales casas de apuestas alrededor del mundo.

Y es que, al menos dentro de lo que recuerdo, nunca un deportista o incluso equipo venezolano, tanto femenino como masculino había llegado a una prueba con tanto favoritismo. Hemos tenido grandes campeones olímpicos, mundiales, panamericanos y suramericanos, pero desde los Héroes del 41 en la Serie Mundial de Beisbol Amateur, pasando por “Morochito” Rodríguez, las novenas campeonas de la Serie del Caribe a lo largo del tiempo, los Héroes de Portland y de México en el baloncesto, Arlindo Gouveia o Rubén Limardo, entre tantos otros, nunca en la previa se había llegado como número uno indiscutible y con tanta diferencia y reconocimiento internacional.

Ya el viernes la nacida en Caracas y criada en Pozuelos, estado Anzoátegui, confirmó todos los pergaminos con los que llegó con una actuación sencillamente soberbia y, mientras todas sus rivales sufrían por un puesto en la final, requiriendo de más de un intento (y la mayoría de los tres que tenían disponibles), Yulimar sólo necesitó un salto, no sólo para superar los 14.40 metros requeridos para clasificar de forma automática, sino para quedarse con la mejor marca del día, con 14.77. Todo esto dejando un margen de casi 40 centímetros del límite que delimita los intentos válidos.

Y así llegó el gran día, exactamente nueve años después de aquel 1 de agosto de 2012 en que Rubén Limardo ganó la medalla de oro en la espada masculina en Londres, llegaba la Reina del Salto Triple a confirmar definitivamente su dominio. No pasó mucho tiempo para que lo hiciera, porque siendo la segunda atleta en hacer su primer intento, después del 14.25 de la colombiana Caterine Ibargüen, Yulimar logró una impresionante marca de 15.41, batiendo el récord olímpico vigente desde Beijing 2008, por parte de la camerunesa Francoise Mbango, con 15.39.

Mientras tanto sus rivales, una por una, progresaban en la competencia sin poder alcanzar la marca de 15 metros. Llegó el corte luego de los primeros tres saltos y, entre otras, quedaba eliminada Ibargüen, que era precisamente la vigente campeona olímpica después de vencer a Rojas en tierras cariocas. Con esto, aumentaba cada vez la certeza de que Yulimar no estaba compitiendo por medallas, ni siquiera por el oro, sino contra ella misma en busca de una sola cosa, el récord mundial.

Primero llegó la “falsa alarma”, en su tercer intento Yulimar logró superar la marca, pero había pisado delante de la tabla, haciendo que quedara nula la marca. Las atletas iban finalizando su participación y las marcas definitivas de 14.87 de la española Ana Peleteiro (compañera de entrenamiento de Rojas) y de 15.01 de la portuguesa Patricia Mamona no eran suficientes para sacarle el oro a la criolla, por lo que sólo quedaba una última oportunidad para redondear la faena.

Y llegó el momento, la preparación, casi con un ritual, la arenga, la galopada y las tres zancadas que reflejaron muchos años de esfuerzo y sacrificio e impulsaron a Yulimar Rojas a lograr una maravillosa marca de 15.67 metros, récord mundial que superó la marca antigua por 17 centímetros. Si, una compatriota nuestra no sólo era campeona olímpica, sino que luego de celebrar se tomó su foto de rigor al lado de la pantalla con ese “WR”, como leyendas como Usain Bolt, Florence Griffith-Joyner o Yelena Isinbayeva lo hicieron antes que ella en sus disciplinas.

Así que, con el permiso de Don Luis Aparicio, “Morochito” Rodríguez, Rubén Limardo, Miguel Cabrera, Andrés Galarraga, Juan Arango y tantos otros, la doble medalla olímpica, siendo de plata la primera y dorada la segunda, los campeonatos mundiales y siendo la dueña de la marca olímpica, mundial al aire libre y también bajo techo, Yulimar Rojas se ha convertido este glorioso 1 de agosto en la mejor deportista de la historia de Venezuela, coronando un justo reconocimiento al valioso aporte de las mujeres en nuestro deporte, desde Doña Flor Isava, Elsa Antúnez, Elizabeth Popper, Adriana Carmona (que junto con Rojas son las únicas dobles medallistas olímpicas), María Elena Giusti, Fabiola Ramos, Deyna Castellanos y tantas otras, han puesto el pabellón nacional muy en alto y no han tenido el reconocimiento que se merecen. ¿Lo mejor de todo? Yulimar apenas tiene 25 años, por lo que todavía le queda mucho por delante a nuestra guerrera. A ella, a Julio, Keydomar y Daniel por sus preseas y a todo el que después de tanto esfuerzo nos representa en cualquier cita olímpica no queda sino decirles: ¡Gracias, gracias e infinitas gracias!

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