miércoles, junio 19

UN CRUCE ILEGAL QUE ESTÁ CORRECTAMENTE ORGANIZADO

Capítulo v

El tránsito ilegal de personas a través de la frontera colombo venezolana es una red que posee una estructura y reglas definidas, tanto para quienes trabajan en ella como para quienes deciden hacer uso de su servicio. Como parte de la investigación se fue testigo de cómo funciona este mecanismo y quienes están involucrados en él.

Eran las 5:00 am y el equipo de Todos Ahora se encontraba del lado de Colombia con la intención de cruzar hacia el lado de Venezuela, sin embargo, no era un día típico en la zona, pues la situación se encontraba bastante tensa y había ocurrido un cierre parcial en ambos lados de la frontera, por lo que la cantidad de personas que esperaban para cruzar era enorme.

Había que pasar, era la única opción, por lo que todos nos pusimos en marcha en la búsqueda de quien podía ofrecernos una solución a nuestro problema. Entre las personas que esperaban, se encontraba una señora que tenía un fajo enorme de billetes de denominación venezolana, ella se encargaba de venderlos, por lo que la relación moneda venezolana con Venezuela fue inmediata. Nos acercamos a ella y le preguntamos si conocía algún trochero que nos pudiese pasar por la frontera, ella sin dudarlo nos puso en contacto con un joven.
Red que opera en las trochas fronterizas
Era un hombre joven y moreno, provenía de Maracay y apenas nos abordó empezó a relatarnos su historia, incluso sin antes explicarnos cómo iba a ser la dinámica. Nos comentó que apenas tenía tres meses trabajando en la trocha, pero aseguró que aquí ganaba mucho más dinero que en cualquier otro lado; sin embargo, en medio de su relato nos encontrábamos realmente preocupados por nuestra seguridad y le manifestamos nuestra inquietud, él nos garantizó que nada nos podía pasar a nosotros, porque sin importar que fuera, era seguro que de ocurrirnos algo a él le pasaría una cosa mucho peor, y fue así, poniendo su propia vida como garantía que aseguró la nuestra y logró disipar nuestras angustias por momentos.
Hasta ahora sabíamos que en esta red había dos entes involucrados, los vendedores informales que son el punto de enlace y los trocheros. Carlos, el trochero, empezó a explicarnos cómo sería la dinámica una vez que nos estábamos acercando a lo que sería el inicio de la trocha. Lo primero que nos preguntó fue si llevábamos con nosotros algún tipo de alimento u aparato electrónico como laptops, a lo que contestamos que no, el asintió y nos explicó que cuando se quiere cruzar y se tiene alguno de los elementos antes mencionados el cobro es mucho mayor.
Ya estábamos en la entrada de la trocha y nos encontramos con que esta era custodiada por la policía de Colombia, pues ellos eran los encargados de decidir que trocheros pasaban y cuáles no. Carlos aprovechó la oportunidad para narrarnos que hacía poco un trochero estuvo cobrando un precio elevado por pasar a las personas y les había mentido a los funcionarios sobre el costo, ellos lo descubrieron y lo habían vetado de cruzar por allí por haber roto el pacto, ya que, sin duda, los policías también se benefician económicamente por esta actividad.
Caminamos alrededor de siete minutos, a través de una ruta que se notaba que era transitada con frecuencia, sin embargo, había barro debido a los cruces de agua. En nuestra caminata siempre estuvimos custodiados y para cuando llegamos al lado de San Antonio del Táchira nuestros zapatos estaban mojados y llenos de barros hasta más no poder, pero eso no fue lo que nos abrumó, sino el hecho de que de repente y casi de la nada salieron unos hombres con armas largas y con radios, que al parecer tenían un rango superior al de todos con los que nos habíamos topados hasta ese momento, dentro de la red. Allí debíamos efectuar el pago de los 30.000 pesos, una vez hecho desaparecieron con la misma agilidad con la que habían llegado.
Carlos aprovechó la oportunidad y nos explicó que ellos eran “paracos” (Paramilitares colombianos) y que por obviedad ellos no se podían cruzar con la policía colombiana ya que se podía formar un conflicto, ese era el motivo por el cual trabajaban casi que de incógnitos y sumergidos en la vegetación. Nuestro camino había culminado y ya estábamos del lado de Venezuela, y para nuestra curiosidad de este costado no había ningún funcionario del ejército venezolano custodiando la salida; Carlos disipó nuestras dudas y expresó que posteriormente estos se ponen de acuerdo con los paracos y se encargan de hacer la distribución de las ganancias.
Hasta ahora habíamos contabilizado a siete grupos claves que participaban en la red de tránsito ilegal entre fronteras y eran los vendedores informales; los trocheros; los policías colombianos; la guardia colombiana que en ocasiones participaba;  los paramilitares colombianos y el ejército venezolano, pero nos faltaba un grupo más, y es que el recorrido que hicimos era al ras del puente Simón Bolívar y desde nuestra ubicación se podía ver perfectamente el puente y además, se veía como desde el punto de migración Colombia nos divisaban, pero allí estaban como observadores silenciosos que omiten lo que ven, suponemos que su silencio también tiene un costo. Por último, estábamos nosotros y todos aquellos que utilizan estas vías para transitar entre ambos países, porque sin duda si esta red existe es porque alguien hace uso de ella.
Eran las 5:20 am y ya estábamos de nuevo en Venezuela, Carlos se despidió y se sumergió nuevamente en lo que ahora es su nuevo trabajo, mientras que nosotros nos adentramos en nuestro siguiente paso para llegar a nuestro próximo destino, pero había un número que nos acompañó durante toda la mañana y era nueve, porque nueve eran los eslabones involucrados en esta travesía, en esta red de tránsito ilegal, nueve son los grupos que interactúan en las trochas.

Transeúntes en el puente Simón Bolívar

Capítulo VI