El reto histórico de vivir en Venezuela

Vivir en Venezuela: en los tiempo que corren, la democracia existe como un sistema político y jurídico ampliamente arraigado en nuestra formación histórica;  sin embargo, existe también y en gran medida como un sistema de valores en constante mejoramiento. Su finalidad: servir al desarrollo social y cultural de un país.

Estos criterios, son los valores que contribuyen a fortalecer la dignidad personal y la integridad humana; entre estos se pueden mencionar el pluralismo, la tolerancia, la participación cívica, el respeto a la soberanía popular, la responsabilidad, así como la libertad, la justicia y la paz social. 

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Ahora bien, considero que internalizar y asumir estos criterios, como formación política, y lo más importante como esencia del ser ciudadano ha sido un reto en la Venezuela  de hace 20 años hasta nuestros días; pues es muy difícil sentir y ejercer valores, que van en contrario a los mostrados y ejercidos por el sistema político gobernante, entendiendo sus prerrogativas sobre el sistema cultural y educativo.  

Lo difícil de vivir con socialismo en Venezuela

Fundamentalmente la juventud ha tenido el reto histórico de vivir este régimen político. Un circo disfrazado de democracia, que de forma irreconciliable confronta sus ideas inadaptadas de comunismo decadente, contra una sociedad que duramente lucha por la democracia; negándose a asumir que lo bueno es vivir de la riqueza fácil, del resentimiento y del declarado revanchismo de dirigentes políticos vinculados al oficialismo. 

Y aunque no ha sido fácil, corre como un río en su cauce natural la declarada convicción de la juventud por vivir nuevamente en democracia; siendo que a pesar de la realidad crítica  existente, que ha devenido en los índices de migración ya conocidos; muchos jóvenes venezolanos siguen en el país, haciendo democracia desde su propia libertad, desde su propio juicio de justicia y paz; aunque mantenerse en esta posición no sea siempre una decisión consciente; sino más bien un ejercicio del alma. 

Valga la dócil referencia final que hago, no queriendo parecer poco realista. Pero pienso, existe algo más allá que la decisión consciente de  muchos de quedarse en el país; quizá un sentimiento de propiedad que nos impulsa a querer luchar por lo nuestro. No digo, sin embargo que haya ausencia de sentimientos, de premura, desesperanza, desasosiego, etc. pero para otra oportunidad quedará adentrarnos en los miedos para comprender cómo superarlos o hacer más plena la existencia en medio del rescate de la democracia.  

Por Gerly Molina

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