Victimarios, víctimas y la esperanza de justicia

El #MeToo por fin llega a Venezuela, un movimiento que busca relatar el testimonio de cientos de miles de personas que han sufrido de violencia sexual, de violencia de género, de acoso sexual, de maltrato infantil, de heridas profundas en algún momento de sus vidas; un movimiento que busca decir basta… que de alguna manera todos –en carne propia o a raíz de un tercero conocido- han vivido o viven una historia de un profundo dolor dantesco e inimaginable; un movimiento por demás legítimo que viene para pedir justicia después de tantas décadas de silencio y llanto. 

Victimarios, víctimas. Foto: Composición Todos Ahora

Pero… ¿qué puede decir este artículo que ya no se haya dicho con respecto a este tema? ¿Qué puede decir que ya no se haya relatado en otros medios: la cronología de los hechos de Alejandro Sojo, Tony Maestracci, Leonardo Jaramillo, Daniel Landaeta, Willy Mckey y entre tantos otros…? ¿Qué puede agregar que ya no se sepa: como que el estupro es un delito tipificado en el Código Penal Venezolano; que también prevé y califica a todo acto carnal que haya sido constreñido bajo amenaza, con o sin violencia, como una violación?

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¿Qué puede incluir que ya no se haya expuesto: como que la justicia en este país desde hace mucho no existe, que está corrompida, truncada y trancada por doquier? ¿Puede hablar de algo distinto con respecto a la cultura de la violación, de la cultura machista y misógina? Sí, espero que sí… y pretende hablar de un poco de la esperanza que surgió gracias a este movimiento.

La legitimidad de un movimiento necesario para Venezuela:

No es un secreto para nadie que Venezuela y en especial sus ciudadanos se encuentran en un estado de orfandad política: vulnerables antes sus derechos humanos y civiles; desprotegidos contra cualquier perpetrador (Estado o individuo); solos… en medio de un naufragio (los cuales también ocurren). Y que en medio de esta situación, con el mayor de los valores posibles, mujeres, hombres y no binarios, que han sufrido estos tipos de abusos y daños, hayan decido alzar sus voces, relatar sus testimonios y unirse para buscar justicia es por demás admirable y llena de orgullo. Porque el silencio ya no es más una opción ni algo que tendrán de nosotros.

Es de alguna manera un rayito de esperanza de que algo pueda cambiar, así sea solo a nivel de consciencia social (porque poco o nada se puede esperar de las instancias del Estado). Es un rayito de esperanza en esta oscuridad porque si bien están aquellos que han decido no oír, culpar a las víctimas y encerrarse en una complicidad homicida con los violadores, delincuentes y verdugos… también está el otro lado de la cara de la moneda: las cientos de miles de personas que han dicho basta, que ya no debemos tolerar esto, que han alzado su voz para empezar un cambio que desde hace mucho callamos; también a las cientos de miles de personas que han decido oír, creer y tratar de formar parte de la solución, de algún modo, y no del problema.

Persecución y cazarías / justicia y honestidad

Por supuesto todo esto tiene sus grises de parte y parte: algunos han querido desvirtuar la justicia por una sed de venganza u odio, o delimitar al movimiento a una visión simplista de guerra entre géneros, para olvidar u omitir lo que realmente es… un problema público que nos concierne a todos, que no distingue entre sexos ni géneros, ni razas ni etnias, ni entre generaciones, ni clases sociales ni políticas, pero que sí se paga con vidas, traumas y dolor; algunos han decido acallar a las víctimas invalidando la legitimidad de todo un movimiento al tacharlo de una “oleada progre”, pues desde sus cuarteles de pseudo conservadores creen que todo lo que sea una reivindicación de justicia de los oprimidos es una práctica exportada de marxismolandia. Y así pudiera extenderme más, con ejemplos ciegos, que sólo hunden y hieren más en esta guerra sin cumplidos e inocentes sometidos.

Porque algunos ignoran, cuando exigen y dicen “bueno, ¿pero si te pasó eso realmente por qué lo dices por redes? Ve y denuncia”… y se olvidan que en este país existen personas como Linda Loaiza que llevan años ignoradas por la “justicia” venezolana esperando que se cumpla sólo una cosa… justicia ante la Ley por lo que les pasó. Porque en una mezquindad cínica algunos no le cree a las víctimas cuando hablan desde el anonimato, pero olvidan que ese status se debe preservar para no poner en riesgo sus vidas, su imagen y la de sus seres queridos, cuando su perpetrador sigue por allí suelto e impune.

Porque hay que decirlo: nos guste o no, es un problema que nos incluye y toca a todos. Al menos si queremos solucionarlo. Porque la justicia llegará cuando decidamos unirnos los que sufrimos (porque no viene al caso, pero me incluyo) y aquellos que han decido acompañarnos, apoyarnos y oírnos… porque no puede quedarse esto en una catarsis colectiva, sino que debe materializa en un cambio, así sea paulatino, para superar a todo un hilo de creencias machistas y misoginias que nos han inculcado desde niños. Porque la venganza ni la muerte es justicia (al menos para mí), sino que es algo que se debe pagar en vida y desde las instancias encargadas para ello (públicas o privadas), y es algo que debemos hacer todos unidos.

Porque lo que exigimos es justicia y solo justicia… y un movimiento no debe caer ni deberá perder su legitimidad por los pocos focos que buscan una revolución francesa al estilo de Robespierre. Y con esto debemos decir que son diminutos los casos falsos sembrados, en comparación a la ola de testimonios reales que muy valientemente se narran –porque jamás es fácil contar la parte más vulnerable y dolorosa de tu vida públicamente-. Siendo que, al final, todos tenemos derecho a defendernos legalmente –en caso de ser falsas las acusaciones- y que si nada se debe, nada se paga ni nada se teme.

Nuestra será la lucha:

Si hay algo positivo que sacar de todo esto es que ya no habrá más silencio ni más miedo; de que es en medio de esta hora tan oscura –en todos los sentidos- que debemos unirnos para hacer un rayito de esperanza…

Nuestra será la lucha -dirían los bohemios-, que esta, como tantas otras, nos corresponde llevar para que más nadie en el mundo sufra aquello y para que tanto dolor acabe por fin. Quizá no de la noche a la mañana, quizá aún haya muchas vidas que salvar… y otras que no podrán salvarse a tiempo. Quizá ha llegado la hora del cambio, la hora en que el silencio se rompa, en la que los que sobrevivimos a aquellos años… digan basta y se proclame justicia por los que callan. Quizá este artículo no diga mucho que sea distinto o cambie, pero que sirva un poco de algo como sirven los rayos de esperanza.

Para finalizar: aquí les dejo enlaces brindados por la activista Jessika Paz, que los llevarán a ayuda psico-legal con respecto a este tema, que pudiera ser útil y profundamente necesario ahora. Un abrazo a todos los que están viviendo esto. No están solos, habrá justicia.

Por: Leonardo Aristigueta

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