¿Venezuela necesita feminismo?

En las últimas semanas, la palestra pública se vio ensimismada por la estrepitosa cantidad de personas contando y denunciando sus historias de abuso ante las redes sociales, todo a causa de la publicación de una cuenta en Instagram en dónde se mostraban pruebas que el vocalista de la banda Los Colores había cometido estupro.

Feminismo
Foto: @jesskarpaz.

Estupro: Delito que consiste en tener una relación sexual con una persona menor de edad, valiéndose del engaño o de la superioridad que se tiene sobre ella.

Más allá de todas las denuncias, acusaciones, y fatídicas consecuencias, esta era una conversación necesaria para la nación para replantearnos en dónde estamos parados como sociedad para así vislumbrar nuevas metas de cara al futuro.

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Este tema, es solamente la punta de lanza de un problema sistematizado que ha estado azotando a las sociedades latinoamericanas durante años: el machismo. Las múltiples denuncias de acoso y abuso son la consecuencia, para solventar el problema es necesario afinar un poco más la mirada e ir más hondo para descubrir realmente cuál es la raíz del mismo y así erradicarlo.

Otra grave muestra de esta problemática son los 391 feminicidios registrados en todo el territorio nacional por parte de medios independientes dado que ni el Ministerio Público ni el Ministerio del Poder Popular para la Mujer y la Igualdad de Género han publicado cifras oficiales.

Las mujeres actualmente nos encontramos en un momento crucial de nuestra historia como feministas, ya que al vivir en Venezuela, estamos afectadas por lo que los expertos categorizan como una Emergencia Humanitaria Compleja, ya que en los últimos veinte años el sector político, económico y social de la nación se ha visto seriamente afectado. Pero nuevamente, el problema no es relevante sin consecuencias: Más de 4 millones de exiliados, una tasa de homicidios por cada 100.000 habitantes que nos lleva a convertirnos en el tercer país más violento de la región, una crisis alimentaria que llevó a considerar que 9,3 millones de venezolanos, un tercio de la población total, se encuentran inseguros y necesitados de asistencia alimentaria, sumado a 2,3 millones en situación de inseguridad alimentaria grave y 7 millones inseguridad alimentaria moderada en 2019. (FAO, 2019).

Específicamente hablando de mujeres, gracias a la crisis de medicamentos y a la ineficiencia de los servicios básicos como agua o luz, nos vemos privadas de nuestros derechos sexuales y reproductivos, ya que obtener insumos para tener una vida sexual responsable o una menstruación digna, es una proeza.

Ahora bien, ¿qué tienen que ver todos estos problemas que debería solventar el estado con el machismo?

La intersección de estos dos factores se encuentra en que el Estado venezolano no tiene un plan político suficiente para dar respuesta a esta gran cantidad de conflictos. Más allá de establecer hojas de ruta feministas y solidarias con las mujeres, también hay que revisar todos los feminicidios y ver por qué quedan impunes, analizarlo para también trabajar en pro de disminuir la brecha salarial e incluir en estos proyectos de gobierno planes para erradicar la violencia de género y reivindicar los derechos de la mujer.

Aunado al machismo institucional al que las mujeres nos vemos sometidas día a día, también hay un machismo silencioso, que se esconde detrás de cada esquina y todos lo llevamos en nuestra sangre: la cultura.

Actualmente en Venezuela, a la violencia de género se le tiende a restar importancia, ya que o “hay problemas más importantes que atender” o “todo es chalequeo”. Pero detrás de cada comentario, broma, o toqueteo indebido, hay una dinámica de abuso de poder. Ante la que la víctima se ve indefensa e inconsciente de lo que está siendo parte por lo que ve estos actos como normales y así se crea un círculo de violencia del cual es muy difícil salir, y si se replica eso en todas las familias de la nación, tendremos como resultado una sociedad machista, misógina y feminicida.

Esto nos hace ver que estas denuncias de abusos, son solo el inicio de algo mucho más grande, de un problema que está atornillado en nuestra sociedad, y nosotras como feministas no nos vamos a detener hasta hacer que se caiga por completo.

Todo tiene que ver, desde la falta de medicinas, hasta la poca seguridad jurídica; todos son actos de violencia de parte de un estado que está acostumbrado a oprimirnos y por parte de una sociedad que está acostumbrada a que las mujeres seamos sumisas. Ya que, como dicen mis hermanas: “Lo personal es político”. 

El feminismo es la llave para desatornillar este problema, la ventana para la niña que vive en el pueblo y tiene la violencia normalizada, para la abogada que habló y nunca la escucharon. Este es nuestro medio para pelear por lo que nos corresponde, es igualdad; jamás superioridad. Está en nosotros, como feministas, la responsabilidad de hacerle frente al estado opresor y cambiarlo. Porque el estado seguirá asesinando, discriminando y oprimiendo, pero ahora las mujeres no seremos sumisas, nunca más.

Venezuela necesita feminismo, hoy más que ayer y hoy menos que mañana. El feminismo nos dio una voz, y ahora nos corresponde utilizarla. Y si por hablar no vuelvo, quemen todo.

Por: Michelle A. Artiles.

 

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