Trabajo infantil en Venezuela: quienes mas trabajan y menos ganan

Venezuela en las últimas dos décadas se encuentra en un proceso de decadencia institucional y social; que lejos de permitirle lograr y brindar más y mejores derechos para sus ciudadanos los ha expuesto a mayores sufrimientos y precariedades. Entre ellos de forma grave a la población infantil, quienes lejos de tomar una decisión consciente sobre su futuro; están muchos de ellos obligados a asumir roles denigrantes y complejos, como el trabajo infantil, en sus formas más denigrantes.

Trabajo infantil

Y que justo hoy Día Mundial contra el Trabajo Infantil, nos invita a hacer una necesaria la reflexión sobre esta problemática mundial, sobre la que Venezuela tiene mucho que decir.

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Valga mencionar, que con trabajo infantil no me refiero a aquellas tareas efectuadas por niños en su propio hogar; en condiciones razonables y bajo la supervisión de personas cercanas a ellos, que, además es parte de la integración en la vida familiar y que favorece positivamente al desarrollo de la infancia, sino al que desempeñan los niños y niñas que viven solos, muchos de ellos en la calle; o en el seno de familias necesitadas o vulnerables, que requieren que sus hijos menores de edad trabajen para completar un sueldo; incluso aquellos que por negligencia y abuso parental les exigen trabajar, robándoles así una parte importante de su infancia, de su normal desarrollo emocional y social.

Un reto silenciado y pospuesto

La Asamblea General de las Naciones Unidas adoptó en 2019 por unanimidad la resolución por la que se declaraba a 2021 como el Año Internacional para la Eliminación del Trabajo Infantil; y pidió a la Organización Internacional del Trabajo que asumiera el liderazgo de la implementación.

Es decir que esta última debía instar a muchos países asumir responsabilidades y acciones contundentes en la materia, e implementar acciones y trabajos para disminuir las cifras.

Pero por los registros y caminos que andamos, esta misiva, quedará para ser solo otra meta pendiente y postergada en el tiempo, ya que no solo los países no han mostrado el interés necesario para trabajar en disminuir la exposición de los niños a desarrollar labores peligrosas o de riesgo; sino que además la crisis de COVID-19 ha traído consigo una situación de mayor pobreza y descolarización, para los países y sociedades. Por lo que no hubo una disminución las cifras, sino por el contrario.

Venezuela en el paredón…

En Venezuela esta situación está en el paredón, la cual se estima sumamente grave; aunque hoy no tenemos cifras oficiales actualizadas sobre esta problemática, porque el Idenna (Instituto Autónomo Consejo Nacional de Derechos de Niños, Niñas y Adolescentes) no realiza publicaciones periódicas. Y según las últimas cifras conocidas que datan de 2007 publicadas por el Instituto Nacional de Estadística (INE), había 81.000 niñas, niños y adolescentes entre los 10 y 15 años de edad incorporados al trabajo.

Número que, según expertos en la materia, puede haberse duplicado debido a la crisis económica; el fuerte proceso migratorio que ha dejado miles de niños sin el abrigo de su padre y/o madre; el deterioro del sistema educativo y de los planes y políticas de protección sobre el menor que hiciera el Estado en otrora, y hoy no revela mantener un seguimiento a los casos de deserción escolar.

El trabajo infantil en el país es un hecho tristemente cotidiano

Por lo que, estamos hablando que no solo es una triste realidad numérica aislada; sino de una que se ha filtrado en el día a día de nuestra sociedad y tamizando las precariedades que se viven en las calles. Es común pues, que presenciemos niños y adolescentes fuera de los mercados públicos como buhoneros; que sean ellos quienes se ofrecen limpiar los carros; que en los sectores rurales del país estén incorporados a labores agrícolas; o que incluso sean destinados a trabajar como ayudantes domésticos muchas veces de personas ajenas a su familia.

También bajo acciones de sumo riesgo, que son realidades consecuencia de la crisis política y social del país; como la explotación del Arco Minero, donde la organización Cecodap realizó una investigación y recogió cientos de testimonios, que evidencian como niños y adolescentes se emplean en la extracción directa en las minas y ríos; en la asistencia, buhonería comercial de la zona y vigilancia o apoyo logístico del lugar.

Situaciones muy precarias y duras, donde crece la ilusión de riqueza y abundancia, como un espejismo sobre la pobreza, la violencia y la desigualdad, factores que se convierten la perdición de muchos infantes.

“Detrás de cada gramo de oro guayanés en el mercado hay familias separadas, muertes violentas, enfermedades endémicas y lo peor, niños armados, niñas prostituidas, liceístas mineros y trabajo adolescente en semiesclavitud.” Cecodap

Ante el trabajo infantil hay que presentar una y mil veces rechazo

Las estadísticas y realidad vivida, para cambiar o revertirse deben obligatoriamente convertirse en un factor que genere indignación en la sociedad; a la vez que motive e inspire la corresponsabilidad de todos los garantes de derechos.

No podemos ser indiferentes ante las niñas, niños y adolescentes que trabajan en las ciudades, en el campo o como trabajadores domésticos; porque la legislación en la materia existe, pero estamos obligados a exigir su cumplimiento. Y de llegar a normalizar en nuestro paisaje el trabajo infantil: simplemente nos haría cómplices de una de las más flagrantes violaciones de sus derechos.

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