Sociedad vengativa

En medio del estallido social que ha desencadenado la campaña #YoTeCreo, donde cientos de víctimas han denunciado a través de las redes sociales, casos de abuso, acoso, estupro y violaciones por parte de figuras públicas, siendo uno de los más llamativos las acusaciones contra el poeta y escritor venezolano Willy Mckey, quien después de haber admitido públicamente sus errores, cometió suicidio el pasado jueves 29 de abril en la ciudad de Buenos Aires, Argentina, dónde residía.

Sociedad vengativa. Foto: Cortesía

Más allá de castigar y repudiar todo tipo de crímenes sexuales, y aplaudir la valentía de todas las víctimas que hoy por hoy están abriendo sus corazones y exponiendo sus casos, en búsqueda de justicia; la sociedad pareciera necesitar recordar que la violencia, incluso en situaciones difíciles, no merece ser justificada, y que al repetir patrones violentos sólo estamos construyendo el camino hacia la propia destrucción.

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Necesidad de justicia

El abuso tiene múltiples caras, pero la justicia corresponde al supremo ideal que consiste en la voluntad firme y constante de dar a cada uno lo suyo; es un recto proceder conforme al derecho y a la razón, que resume el conjunto de todas las virtudes y cuya aplicación es equitativa y generalizada. Aplicar la justicia es tarea del Estado, que a través de su Poder Judicial debe formar un cuerpo ciego que ponga en una balanza los hechos, para así tomar decisiones y aplicar sanciones de forma precisa, exacta y justa. Bajo esta premisa, víctimas y victimarios tienen derechos y deberes, y aunque el régimen deliberadamente haga caso omiso de la presunción de inocencia y el debido proceso, que se suman a los actos índices de impunidad, la falta de protección a la ciudadanía y la pérdida de la institucionalidad, imagínense lo que pasaría si nosotros como ciudadanos nos convertimos también en verdugos.

Es así como impartir “justicia” por nuestros propios medios es un también un delito que debe ser castigado. No con el ánimo de defender a los victimarios, sino con el ánimo de defender los valores que deben reinar en una sociedad para hacer posible la convivencia entre sus ciudadanos.

No debemos callar, porque esta generación está sedienta de cambios estructurales que nos ayuden a vivir en una sociedad mejor, y para eso hay que exigir que nuestros derechos y deberes sean garantizados, pero primero debemos conocerlos para poder reclamarlos ante quien verdaderamente es el responsable de hacerlos cumplir, el Estado.

Por: Elina Guerrero

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