Péndulo

¿Qué es un péndulo? ¿Cómo funciona?  Un péndulo es un sistema que se encuentra constituido por una masa la cual está suspendida por un hilo inextensible, hilo que además no tiene peso. Cuando sostenemos la masa de un péndulo, la movemos hacía un extremo y la soltamos, esta masa crea un movimiento periódico y oscilatorio. Básicamente va de un extremo al otro extremo de manera continuada e ininterrumpida. Y es que así, como un péndulo va de un extremo a extremo, nosotras, las sociedades democráticas, hemos empezando a comportar ¿Por qué? Pues, pareciera ser que la demagogia y el populismo se apoderan de América completa, volviéndonos una sociedad pendular, donde, decimos pasar de un extremo a otro sin moderación. Y la verdad, es que los de esto ejemplos sobran: Brasil, Venezuela, Bolivia y muchos más recientemente Estados Unidos.

Péndulo. Foto: Composición Todos Ahora

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La diferencia entre un péndulo y una sociedad, es que el péndulo se mueve por las leyes de naturaleza, no tiene motivaciones, no siente nada al hacerlo y cuando se mueve simplemente funciona como instrumento que nos puede ayudar a explicar cómo funciona una ley ineludible de la naturaleza. Pero, cuando una sociedad decide dejar de apoyar a los candidatos e ideologías moderadas y empieza ir de un extremo a otro de sus candidatos e ideologías políticas, la sociedad termina por tomar un camino de división, polarización y odio de uno a los otros,  siempre en pro de apoyar lo que dice “mi gran líder” líder, que por lo general es un figura extremista, anti-democrática, populista, demagoga y con visibles tintes autoritarios como Bolsonaro, Trump, Chavez, Lula, Luis Arce, AMLO y estos solo por mencionar algunas de estas figuras.

Así como sucedió en Venezuela con el ex presidente Chávez, puede suceder en cualquier parte  de América o del mundo, y no podemos justificar bajo ninguna circunstancia figuras extremistas que gobernando nos muevan a su antojo como un péndulo solo por representar lo contrario a lo que teníamos anteriormente en un gobierno. Los extremos solo deberían funcionar como aquel limite al cual nunca debemos llegar y con el que debemos tener cuidado, porque de los extremos nunca ha salido y nunca saldrá nada bueno,  solo saldrán figuras que nos plantearan un paraíso en el tierra el cual es inalcanzables de cualquier forma y por su paso en el poder solo nos demostrarán sus verdaderas intenciones que por lo general serán perpetuarse en el poder por cualquier medio posible.

Portada del libro «Geografía del populismo». Autores.  Javier Zarzalejos, Ángel Rivero, Jorge del Palacio

El ejemplo más claro de que estas figuras son capaces de pudrir una sociedad y dañar a la democracia en su paso por el poder, es la figura del ex presidente Donald Trump, desde que iniciaron los preparativos para las elecciones del año pasado, el presidente estaba advirtiendo sobre una especie de « fraude » sin ningún tipo de pruebas –fraude que anunció también en 2016, pero que al ganar simplemente dejó de hablar del tema-, más que teorías conspirativas de internet y una cantidad enorme de mentiras como que en los estados habían « muertos que votaban », omitiendo que esos « muertos » son personas que están en programas de protección y que por temas de seguridad se dice alterar sus datos en los registros electorales (esto solo por nombrar una de las muchas mentiras del ex presidente),  sin embargo, sus adeptos le creían y tomaban sus palabras como santas, las tomaban como palabras que no tenían posibilidad alguna de fallar.

Pero al final la utopía de Donald Trump chocó con la realidad y es que cuatro años le tomó a Trump  poner en una situación realmente difícil a las instituciones de los Estados unidos. Cuatro años le tomó alimentar las posverdades de sus seguidores dentro y fuera de la nación estadounidense ¿Y en que terminó esto? En el reciente asalto de parte de sus seguidores al Capitolio de los Estados Unidos en medio de la certificación de la victoria de Joe Biden como el nuevo presidente. Un evento sin precedentes, un evento que es un golpe a lo más profundo de «la tierra de la libertad» y que pasará a su historia de esa misma forma.

Gorra de la campaña de 2016 de Donald Trump tirada y destruida en el suelo.  Autor Bloomberg via Getty Images.

Este asalto dado el día 6 de enero solo representó un golpe a la democracia y a todo el mundo occidental. De hecho, compartiendo unas palabras que dijo a través de su cuenta de Twitter el politólogo Guillermo Tell Aveledo « No me sorprende, pero siempre, siempre entristece. » Estas figuras solo dejan caos, ingobernabilidad y problemas por donde gobiernan, son capaces de corromper los valores democráticos en pro de un interés o un ideal totalmente personal y egoísta por el cual no fue elegido y que no debe ser celebrado por absolutamente nadie. Por lo que, así como Trump hizo lo que hizo, cualquier otro líder populista y extremista al cual apoyemos sin críticas -y sin exigencia de controles de parte de las otras instituciones democráticas- es capaz de hacer algo de esta magnitud e incluso con resultados más desastrosos.

De hecho, al momento de escribir esto Donald Trump anunció que hará una transacción pacífica y sin más problemas el 20 de Enero ¿Pero, a que costo? Donald Trump deja la presidencia con unos cuantos «aciertos» en temas económicos que muchos le aplauden, pero deja una atrás una gestión que solo estuvo llena de odio, polarización y una clara herida social e institucional la cual costará mucho sanar. Porque hoy por hoy, Estados Unidos es mucho más violenta, problemática, fanática que hace cuatro años atrás y la herida que dejó esta gestión en la sociedad en muchos temas se notará fuertemente en la gestión del presidente Joe Biden. Y es que precisamente, Estados Unidos es la mejor explicación en la actualidad de cómo ser parte de uno de estos extremos, conduce inevitablemente por el camino del caos, la discordia y donde la ley y las instituciones se dejan de lado por un ideal negativo.

Como reflexión final solo me queda por responder dos preguntas ¿La respuesta a personajes como Chávez, Trump o Bolsonaro es alguien totalmente opuesto? Y ¿Cómo se puede detener el péndulo? La respuesta a la primera pregunta es que claramente no, no se puede combatir al extremismo con más extremismo pero “opuesto”.  Porque sería simplemente darle la vuelta a la moneda. Porque al final sin importar de donde vengan estos líderes o que tan distintos política e ideológicamente sean, terminan siendo « dos caras de la mismas moneda ». Como se dice popularmente.

Y en el caso de la segundo pregunta, para detener el mecanismo de un péndulo basta con poner la mano y parar la masa, pero en el caso de una sociedad esa “mano” que puede detener el péndulo es el entendimiento sobre la necesidad de ser una sociedad democrática, y para lograr ser una, claramente tenemos que pasa por entender que todos tenemos un espacio dentro de la democracia y que nadie debe quedar fuera de la misma, pero a su vez se debe luchar contra las figuras e ideologías que buscan atentar contra ella y destruirla, debió a que la democracia es tan frágil como una bola de cristal.

En la medida que defendamos las instituciones democráticas como los derechos humanos, la separación de poderes y la política dentro de las reglas de una democracia liberal, estaremos siendo la mano o la tijera que detiene o corta la cuerda que hace mover de extremo a extremo al péndulo, no es una tarea fácil detener el péndulo en la actualidad. Pero, tampoco es una tarea imposible, honestamente diría que es una tarea de todos y para todos en nuestras distintas formas y facetas.

Por: Luis Ángel Ceballos

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