ONU y Oposición: una alianza clave para la democratización de Venezuela

La administración Nicolás Maduro se encontraba en una posición bastante cómoda dentro de su desarrollo en la arena internacional hasta hace más de un año, cuando en el 2019 se reveló el primer informe del Alto Comisionado de las Naciones Unidas sobre la situación de violación de Derechos Humanos en Venezuela. En ese momento, el régimen comenzó a tener de qué preocuparse con respecto a su relación con los organismos multilaterales y cómo esta afecta a su desenvolvimiento y permanencia en el orden mundial.

Inicio de los momentos difíciles para el régimen

Ahora es noticia: La herencia del pasado como motor del futuro

El régimen comenzó a experimentar momentos económicos sumamente complejos debido a las sanciones por parte de diversos países y bloques. Entre los principales, Estados Unidos y la Unión Europea. Estas acciones hicieron mucha presión sobre el ejecutivo y lo forzó a tomar medidas un tanto impopulares. Algunas de ellas: el aumento de la gasolina. Pero también generaron una inestabilidad en su posición dentro de la Comunidad Internacional. Hecho que disminuyó su poder de acción debido a que tampoco el Estado era capaz de mantener sus compromisos financieros con sus aliados. Esto como producto de la corrupción, el saqueo económico que ellos le hicieron al país y la falta de inversión que los hizo sumergirse en una crisis estructural de la cual cada día es más difícil salir.

Una posición neutral de a ONU sobre Venezuela

La posición de organismos internacionales, en ciertos casos y con respecto a temas particulares, ha sido muy neutral. Esto ha ayudado al régimen para ganar tiempo y mantenerse en esa posición incómodamente estable. Lo que a su vez, le ha permitido generar mecanismos de cooperación entre la nación y la ONU a través de su oficina en Venezuela, pero también mediante las visitas de la Alta Comisionada para los DD HH de esta organización Michelle Bachelet.

Sin embargo, esta relación cordial ha dado un giro bastante interesante para el país. Este comienza desde los informes de la Misión Internacional Independiente de Determinación de Hechos sobre Venezuela, que ha expuesto ante la Comunidad Internacional al régimen “un violador sistemático de los DD HH”.

Desde este primer documento, la posición de la nación antes mencionada se ha transformado en una lucha constante para mantenerse en el round, esquivando los golpes que vienen de diversos frentes. Esto ya que muchos Estados han reconsiderado su relación con Maduro e incrementado su presión sobre este a raíz del reporte. Además por el hostigamiento y persecución a los defensores de DD HH y periodistas en el país que alertó muchísimo a la comunidad internacional.

Participación de Maduro ante el Consejo de Derechos Humanos

El pasado 22 de febrero, Venezuela tuvo una intervención ante el Consejo de Derechos Humanos y su alocución estuvo enfocada hacia los efectos negativos de las sanciones y cómo esto ha generado el colapso de los servicios y acceso a derechos en el mencionado territorio. Resaltando su compromiso con la cooperación con uno de los pocos organismos que no le ha dado la espalda, la ONU.

Respuesta del Consejo de DD HH

Sin embargo, el 10 de marzo del año en curso, la presidenta de esa misión internacional, presentó una actualización sobre el desarrollo de su trabajo según el portal web “examenonuvenezuela.com”. En este se mostró bastante crítica con el régimen, e incluso destacó que no ha recibido respuesta sobre diversos intentos de contacto con el Gobierno.

Además se pronunció sobre las detenciones ilegales y las elecciones que fueron evaluadas por el mundo como “carentes de
libertad”, dilucida que existe “un clima político excluyente para las voces disidentes” y que el Gobierno cercena cada vez más el espacio político mediante la ampliación del concepto de “enemigo interno”.

Asimismo, el pronunciamiento más destacado fue el de la Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los DD HH
Michelle Bachelet se enfocó en dos puntos sumamente claves como lo son la necesidad del nombramiento de un nuevo Consejo Nacional Electoral, para que se desarrollen elecciones creíbles en el país,  y su preocupación hacia la reducción del espacio
cívico por la intimidación, detención y persecución a activistas, defensores de DD HH, periodistas, partidarios de oposición y además trabajadores humanitarios. Al tiempo que expuso demás su preocupación por las detenciones arbitrarias, el trato de
los reclusos en centros de detención y las ejecuciones extrajudiciales.

Una postura ofensiva-defensiva de la ONU hacia Venezuela

Ante todo esto, es importante resaltar que ahora la ONU está en una posición mucho menos ofensiva que antes. Ahora se encuentra jugando el papel ofensivo-defensivo que debió tomar hace mucho tiempo. Sin embargo, lo que la hace dar este paso es que el Gobierno nacional invadió su terreno al momento de vulnerar los derechos de organizaciones que tienen compromisos directos con la oficina de Naciones Unidas en Venezuela, en especial en el tema humanitario.

Estas acciones que retrasan los objetivos trazados por esta organización para cumplir con sus agendas. Además de que la emisión de los reportes por parte de la misión previamente mencionada, tensan las relaciones del Estado con esta organización
y los demás países e instituciones que forman parte de la comunidad internacional.

Todo esto genera que la respuesta de la cancillería sea la de deslegitimar lo que establece la alta comisionada. Mermando el espacio para la cooperación bilateral entre Venezuela y el ACNUDH.

¿Qué debe hacer la oposición venezolana?

Finalmente, creo que esta posición de la ONU debe ser aprovechada por la clase política para ejercer presión sobre el régimen, primeramente, sentándose con esta organización y trazar una estrategia de cooperación a fin de retomar las negociaciones con el régimen. Para lo que se debe tener a la comunidad internacional como intermediario (UE, OEA, ONU). Trayendo como efecto lo que esta quiere que sea un logro de la diplomacia: elecciones libres.

Si bien, este es un proceso muy álgido y no tan rápido como muchos deseamos, puede ser una de las últimas cartas que puede jugar la oposición a su favor para volver a la pelea y posicionarse con un aliado más fuerte en su contienda contra el régimen, porque en esta oportunidad, no es únicamente una lucha de fuerza, sino de alianzas y estrategia.

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