Más democracia y menos mesías

En la literatura sobre historia republicana de Venezuela es usual ver que en torno a la figura del caudillo se desarrollaron hechos históricos importantísimos que marcó importancia en la democracia. La lucha independentista, la guerra federal, el castrismo o el gomecismo, por mencionar sólo algunos, llegaron a representar hechos en los que la imagen de un líder que dirige ejércitos y que sobre el lomo de su caballo señala el rumbo de muchas voluntades fue el cuadro típico de los inicios de la Venezuela Republicana.

Tuvieron que suceder varias décadas llenas de persecución, cárcel y represión a la disidencia, para que a partir de 1958 iniciara la democratización del sistema político venezolano, el reconocimiento de los poderes públicos, el sistema de partidos, las elecciones y la consecuente alternancia en el poder de los partidos coadyuvó para frenar el surgimiento de líderes mesiánicos como los del pasado.

Sin embargo, esto no evitó que la ciudadanía enarbolara en gran medida a políticos como Betancourt, Caldera o Carlos Andrés Pérez. La ciudadanía agotada del bipartidismo, apoyó a un líder militar qué con la promesa de generar bienestar y aprovechándose del desgaste de los partidos tradicionales irrumpió en la escena política; retrocedió entonces el sistema democrático pues se volvió -a lo que quizás a partir de 1958 se había evitado- el protagonismo de un líder mesiánico.

Democracia en la actualidad

En la Venezuela que circunda hoy en día, la del 2020, existe una apatía generalizada en la ciudadanía, ello principalmente por la postura violenta del régimen: que combate, persigue y encarcela a quien piensa diferente y no apoya al gobierno.

Igualmente, la ciudadanía ha sufrido los desaciertos de los líderes opositores. Estos han generado expectativas muy altas al afirmar que el cambio de gobierno será rápido e inminente, transcurriendo más de dos décadas sin ese anhelado cambio.

Por su parte, el sistema político sufre una desinstitucionalización profunda experimentada en la dependencia de las instituciones respecto al partido de gobierno, es decir, el partido controla a su merced las instituciones, transgrediendo lo que dicta la Carta Magna en la que estas le pertenecen a la república y que su razón de existir corresponde a los intereses de la sociedad entera y no a los del partido de gobierno.

Estas condiciones, en detrimento de la democracia, posibilitan que desde la oposición se espere un mesías para que ocurra el cambio político. La insuficiencia de las instituciones políticas para cambiar y adaptarse a la voluntad de la mayoría de los venezolanos, sumado a la incapacidad del gobierno para asimilar las demandas de la sociedad causan frustración, pues no se visualiza la forma en la que se superará la crisis política. La respuesta habitual a esta situación es la esperanza de una solución mágica, revestida de un líder que a la fuerza o con votos conquiste el poder político.

Situación harto peligrosa pues se endiosa al líder y se oscurecen los intereses de la ciudadanía, el líder no es un mesías, sino una persona con inclinaciones buenas y malas como cualquier otro venezolano. La sociedad debe entender que los valores democráticos son superiores a cualquier líder o partido. La observancia de la ley, la defensa de los DDHH y la civilidad son actitudes propias e inherentes a la sociedad que quiere vivir en democracia.

El líder es un representante de la ciudadanía, pero finalmente es esta quien lo elige, y si no cumple con sus tareas la sociedad lo pude destituir. Así mismo, esperar la llegada de un mesías propugna el debilitamiento institucional, ya profundo en la Venezuela actual.

La Constitución y las instituciones que de ella emanan son el asiento de cualquier sistema político, antes que a un hombre o “mesías” la sociedad debe responder a sus propias instituciones que serán las garantes de que el poder se controle así mismo. El cambio político es un proceso entonces que no depende de un solo hombre, sino de toda la sociedad. Ya es hora de que no se esperen mesías, sino que los venezolanos en conjunto actúen.

Por: Ricardo Martínez

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