La salud mental y su relación con la salud física

En la cultura popular venezolana es común hablar sobre la psicología de dos formas; como un tipo de profesión que se basa en adivinanzas y fuerzas mentales, o como una profesión que solo trata con personas “locas” o “débiles” emocionalmente. Entonces, se infiere que el psicólogo se encarga únicamente de consolar, animar y aconsejar a una persona.

Salud

Lamentablemente el trabajo del psicólogo y de la salud mental es tan subestimado que los mismos profesionales de esta área, también tienden a dejar el rol del psicólogo fuera del resto de las ciencias de la salud; olvidando que en ocasiones las personas pueden desarrollar padecimientos físicos por algún problema psicológico. Asimismo, olvidan que muchas veces las personas no logran seguir un tratamiento de forma exitosa porque hay algo en ellos que no les permite adherirse de forma efectiva a este.

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La Organización Mundial de la Salud (OMS) define un buen estado de salud como “un estado de completo bienestar físico, mental y social, y no solamente la ausencia de enfermedades”. Además, la OMS aboga por la integración de la atención de la salud física con la mental porque “no hay salud sin la salud mental”.

La depresión y la ansiedad aumentan el riesgo de padecer cardiopatías

La ansiedad y la depresión causan, con frecuencia, cambios adversos en el sistema inmunitario de la persona, lo que abre paso a diferentes enfermedades físicas. No hay que olvidar tampoco que la salud mental de una persona afecta profundamente a su conducta (dieta, ejercicio físico, hábitos sexuales, tabaquismo, etc.), lo que puede elevar la incidencia de enfermedades físicas. En este sentido, un sondeo comunitario de salud realizado en Nueva York demostró que un nivel de ansiedad considerable puede afectar a la salud física. Así, un sujeto que esté profundamente deprimido, comparado con sujetos sanos, tiene mayores probabilidades de desarrollar conductas que empeoren sus deficiencias de salud física y, al mismo tiempo, la enfermedad física puede incrementar la depresión y la ansiedad existentes previamente.

Estrés y riesgo cardiovascular 

Estrés y lesión cardiovascular tienen su nexo de unión en la activación del sistema nervioso simpático, generadora de una secreción masiva de noradrenalina, que a su vez produce incremento de la frecuencia cardíaca y de la presión arterial. Esta mayor reactividad cardiovascular va unida a un perfil lipídico desfavorable que abona el desarrollo de arteriosclerosis.

La interacción cuerpo-mente en relación con la patología cardiovascular se pone de manifiesto si se tiene en cuenta que casi tres cuartas partes de los pacientes ingresados en unidades coronarias presentan comorbilidad psiquiátrica, expresada clínicamente en forma ansiosa o depresiva. Especial mención merece la depresión en relación con la patología coronaria, que predispone a reinfartos y cuadros arrítmicos.

Actualmente se admite que está indicada toda intervención destinada a tratar los cuadros depresivos en enfermos coronarios. Son adecuadas tanto las intervenciones psicoterapéuticas como las farmacológicas, y los inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina son los fármacos de elección.

Hipertensión arterial

La hipertensión arterial se correlaciona con ciertos rasgos de personalidad: personas afables, complacientes, cumplidoras y con expresión inhibida de la ira. En este sentido, los cuadros estresantes se asocian a hiperreactividad cardiovascular e hipertensión arterial, mediada por los efectos de las catecolaminas sobre el miocardio y sobre la resistencia vascular periférica. Estos casos corresponden a lo que se denomina hipertensión primaria o esencial, en la cual los factores psicológicos forman parte de la patogenia del proceso. Este tipo de hipertensión representa el 85% de los casos de hipertensión arterial.

¿Qué podemos hacer para mejorar?

Una correcta definición de salud, entendida esta como «un estado saludable de bienestar», debe tener en cuenta la totalidad de la persona, o lo que es lo mismo, el estado general del cuerpo y la mente. El bienestar mental no puede separarse del bienestar físico. La salud y la enfermedad física y mental representan partes esenciales de la vida que están profundamente interrelacionadas.

Realizar actividad física te ayuda a prevenir enfermedades como: problemas cardíacos, obesidad, diabetes y cáncer. Además, mejora el humor, la autoestima y disminuye la posibilidad de desarrollar trastornos, como depresión y ansiedad. Por esto, la necesidad de modificar el estilo de vida sedentario es cada vez más importante.

Alejarse del sedentarismo: Para combatirlo, de acuerdo con la OMS, Organización Mundial de la Salud, se recomienda realizar 150 minutos de ejercicio de intensidad moderada por semana. Por lo tanto, puedes realizar 30 minutos de ejercicio diarios.

Pero, atención: la gente que llevan un estilo de vida sedentario deben comenzar lentamente, aumentando poco a poco la intensidad y la duración de los ejercicios.

Las personas que no están acostumbradas a practicar alguna actividad pueden sentirse desmotivadas después de comenzar a hacerla. Para que esto no suceda, estipula metas posibles de alcanzar y adapta los horarios de los ejercicios a tu rutina.

Por: Alejandro Chaparro

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