Persecución política: una tradición de amenazas ahora ante la consulta popular

Han pasado 16 años de la “Lista Tascon”, un acto y ejemplo de la evidente y desentrañada persecución política que han debido vivir los venezolanos durante las últimas dos décadas. Y aún hoy es digno de recordar, como la libertad de hacer frente al régimen ha sido superior a pesar del recrudecimiento de las consecuencias vividas. Desde la oposición, muchos ciudadanos continúan dando la cara al autoritarismo, como efecto se espera suceda hoy.

Una historia de persecución política contada al revés

Antes del 2000, décadas previas los gobiernos de turno eran criticados y acusados por el clientelismo y los beneficios políticos entre los partidos políticos, a expensas de grandes sectores de la sociedad venezolana. Ante lo que Chávez asumió la presidencia, en parte, gracias a la promesa de liberar a Venezuela de sus arraigados patrones de exclusión política.

Pero posteriormente los sustituyó con sus propias formas de discriminación contra los adversarios y todo aquel que lo pareciese. Dirigentes políticos, canales de televisión, partidos políticos, empresarios y ciudadanos en general sufrieron las consecuencias de la persecución.

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Un ejemplo que de hecho resalta en la historia, entre los que demuestran cómo la libertad de expresar el rechazo al gobierno; se convirtió en un arma del mismo para perseguir a los disidentes y descontentos, fue la llamada “Lista Tascón”, que sentó un precedente en la historia reciente del país, y se hizo parte de la cultura política de venezolano; para explicar la capacidad de venganza, condenó el disenso y señalamiento del que ha sido y es capaz el régimen en general, con el difunto y su sucesor.

Recordemos que aquella lista, fue publicada en Internet con las firmas recolectadas en 2003 para activar el referéndum revocatorio contra Hugo Chávez; y culminó en contra de los firmantes.

Antes y después del referéndum hubo denuncias del uso de la lista por parte del gobierno y sus simpatizantes para discriminar a los opositores. De aquellos casi 3.000.000 de firmantes se sabe que muchos denunciaron haber sido despedidos de cargos públicos por haber aparecido en lista. Incluso Catorce años después de esos acontecimientos, la Corte Interamericana de Derechos Humanos dictaminó que la “Lista Tascón” fue un caso de persecución política y de violación de derechos humanos.

Hoy la amenaza es latente pero no suficiente…

Y donde estamos hoy, sino frente a una nueva prueba de demostración pública de la oposición, ante el régimen de cuya continuidad Nicolás Maduro es la cabeza actual. Con circunstancias diferentes en un 100%, pero con el mismo o incluso mucho mayor sentido de rechazo.

Hoy, se reconocen más los riesgos tomados, se es una sociedad más consciente de lo que significa poner el nombre, cédula y firma en un procedimiento; que como urna simbólica aglomera a los ciudadanos bajo un mismo sentimiento de negación a este sistema de gobierno.

Existen así menores miedos y menor capacidad de sorpresa ante lo que se asume como venezolano. Porque este viejo contrincante ha quitado tanto a la sociedad que pareciera no haber más nada que perder. Y tan siquiera la mínima posibilidad para expresarse, va a usarse, estando de acuerdo en que la libertad y el gobierno democrático en Venezuela; es solo posible sin Nicolás Maduro y el gastado, absurdo e hipócrita sistema del socialismo del siglo XXI.

Si usted vota o no…

Bien le puede parecer a usted positivo o no manifestarse en la consulta popular; que tiene o no efectos vinculantes, que genera o no los apremios deseados o buscados. Pues para eso también se es libre para discernir y criticar. Lo que sí de seguro va a parecerle correcto si su sentido democrático es tal.

Es que aquellos que lo hacen o dudan en hacerlo, necesitan y merecen el respaldo secreto de sus datos e identidad. Aunque la consciencia sobre la historia reciente, le juegue en contra. Tenga el valor de no hacerse eco rumores de persecución, porque siempre serán latentes; por el contrario, hágase eco de la indignación que ha debido vivir en alguno o varios momentos durante los últimos diez años, bajo este autoritarismo.

Y sobre todo haga eco, si lo merece, de la necesidad de deslastrarnos de las amenazas de vivir siempre con miedo. Por lo que, si desea manifestarse o ya lo ha hecho, asuma el rigor de saberse lejos y por encima de las coacciones, para estar más cerca de los mínimos espacios de expresión política democrática que hoy quedan.

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