La censura sobre el lenguaje, otra forma de ser menos libres

Leí recientemente en el periódico El País de España, un artículo sobre Darío Villanueva, quien es teórico y crítico literario español. Él publicó hace poco su texto “Morderse la lengua, corrección política y posverdad”; un ensayo donde analiza y critica cómo la sociedad actual en medio de los movimientos progresistas y nuevas olas de pensamiento; pareciera crear una especie de “sobre censura” donde muchas situaciones o expresiones comunes, se vuelven políticamente incorrectas.

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Hay que empezar por mencionar que Darío Villanueva es un respetado teórico y crítico literario español; quien fue elegido director de la Real Academia Española el 11 de diciembre de 2014, cargo que ejerció hasta el 2018. Y actualmente es profesor de la Facultad de Filología de la Universidad de Santiago de Compostela.

Sobre su texto, y cómo funciona la corrección política

A partir de aquel artículo he empezado a leer algunas reseñas de su texto y específicamente sobre el pensamiento de este autor, y me parecen muy interesantes sus aportes. Porque aseguro muchas personas se sentirán identificadas o incluso comprenderán junto con él; cómo funciona el ejercicio del lenguaje y los retos que mantiene actualmente, como la exigencia de su trasformación inmediata para volverse “más inclusivo”.

Este texto que menciono es un ensayo crítico sobre la experiencia de Darío Villanueva y su análisis de cómo desde hace algunas décadas y con mayor exceso en la actualidad: sobran como piedras en un río las muestras de censura que se ejercen sobre el lenguaje, y sobre las mismas personas que lo utilizan; despojándolo de su sentido común o histórico, para someterlo a la plasticidad obligada de transformarse en lo que sea que piensan algunos ciudadanos o grupos.

Y lo hacen a través de lo que explica el autor como “corrección política”, la cual nace del rechazo a determinadas expresiones, por parte de algunos grupos étnicos, raciales, religiosos, políticos, ideológicos o sexuales; por considerar que determinadas palabras o frases son ingratas, injustas, excluyentes o incluso discriminatorias.

Es una especie de tabú sectorial, y como exdirector de la Academia Española, sabe de esto por experiencia. Ya que mientras la presidía, recibió de parte de organizaciones e instituciones de todo tipo y de algunos particulares, muchos bienintencionados y otros no tanto, reclamos que se creían con la autoridad moral para decidir cómo se debe hablar de los asuntos que de algún modo les afectan y sobre el lenguaje que debe emplearse.

Las modificaciones exigidas al lenguaje

Afirma Villanueva que la susceptibilidad ya no es un sentimiento, sino una corriente de pensamiento. Y ofenderse ante el lenguaje que emplean algunas personas, se ha vuelto muy común.

Y como ejemplo, narra su experiencia cuando ejerció como filólogo y director de la RAE. Donde se enfrentó a muchas demandas para censurar el idioma y borrar palabras del diccionario. La mayoría a su juicio, atrocidades lingüísticas propuestas para satisfacer a alguna supuesta víctima del idioma; una vez “dos personas firmaron una misma carta diciendo que hay que retirar el adjetivo racional porque es ofensivo contra los seres irracionales”.

Pareciera un nuevo tipo de censura

Esta ola de exigencias sociales que son ampliamente compartidas y difundidas, por cierto con mucha aceptación en los medios de comunicación; son un nuevo tipo de censura, para que aquellos que piensan diferente o prefieren mantenerse neutrales, sean dilapidados por no poder adaptarse a sus exigencias, otra forma de ser menos libres.

Dice Villanueva: donde antes la censura la ejercía “el Estado, el Partido o la Iglesia, ahora la ejerce un poder difuso e ilocalizable, casi omnipotente y, por tanto, muy difícil de identificar y combatir. Nos encontramos ante uno de los mayores desafíos de nuestro tiempo del que será difícil salir pacíficamente, me temo y es la censura del lenguaje ”.

Y aunque admite como es lógico que sí es necesario a nivel mundial que algunos sistemas de derecho se adapten para ser más equitativos o representativos. No puede ahorcarse con la misma soga al lenguaje, ya que pareciera que la expresión más mínima puede suponer una ofensa para otro individuo.

Estas ideas son las que dan origen a la reciente cultura de la “cancelación” por ejemplo, donde la corrección política, castiga o veta a aquellas personas con trayectoria respetable, pero, que alguna vez dijeron o hicieron algo considerado políticamente incorrecto.

“Morderse la lengua…” es quizá de esos textos que deben leerse para poder hacer contrapesos ante la gran cantidad de literatura que hoy se encuentra y apoya abiertamente la transformación del lenguaje y la cultura de la censura; es un texto para lo que están en desacuerdo, es un texto que a su manera reafirma la libertad de pensar diferente.

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