Instituciones cómplices de la violencia de género: ¿cuándo se rompe el pacto?

La necesidad del movimiento «Yo te creo» en Venezuela es innegable. Traer el acoso y el abuso sexual a nuestros temas comunes de conversación era una situación que necesitábamos vivir para poder contribuir a nuestro desarrollo como sociedad.

El 16 de abril a todos nos tomó por sorpresa como una cuenta de Instagram catalogaba a un vocalista de una banda venezolana de acosador a menores. Esa fue la pequeña llama que generó el gran incendio que tenemos hoy. Pero como a nosotros, ciudadanos autónomos nos tomó por sorpresa, también se vieron involucradas en este tema instituciones privadas, organizaciones no gubernamentales, administración pública, hasta movidas culturales y académicas existentes a lo largo y ancho del país.

Ahora es noticia: El miedo de la víctima en denunciar la violencia de género

Para que podamos existir como nación son necesarias tres cosas: un territorio para habitar, leyes que rijan ese territorio y por supuesto, población que se adhiera a esas leyes. Si bien en Venezuela el acoso y el abuso sexual hacia un individuo de cualquier género está penado con cárcel (dependiendo de los hechos suscitados en el caso), hay que tener en consideración que no hay un manual que explique a las instituciones cómo actuar ante casos de abuso. Que no es que simplemente se den dentro de las paredes de una empresa, sino que lleguen a los medios de comunicación ejerciendo así presión social para solventar el caso.

El abuso de género en un contexto de EHC

Como bien sabemos, en Venezuela dentro de la gran Emergencia Humanitaria Compleja que atravesamos, uno de los rubros que también está en crisis es el sector público y sus instituciones. Esto en un país que tiene la tasa más alta de homicidios por cada cien mil habitantes. 82 % de estos quedan impunes, y eso hablando de los asesinatos.

Si entramos en casos de violencia sexual, se complica conseguir cifras oficiales, ya que el Gobierno desde el año 2003 no ha publicado ninguna. Esto a pesar de ser uno de los pocos países en la región que tiene un Ministerio de la Mujer para una Vida Libre de Violencia.

Entonces, si las instituciones públicas no se toman la justicia por su mano, ¿de quién es el deber de actuar? ¿Debemos seguir denunciando ante instancias que probablemente no hagan nada?, o ¿debemos como sociedad civil encontrar vías alternas para hacer valer nuestros derechos y así obtener justicia?

Influencia de los factores culturales

Primeramente es necesario identificar qué prácticas tenemos presentes en nuestro día a día para comenzar a deconstruirlas. La violencia puede esconderse detrás de cualquier chiste o comentario «inofensivo».

«Las violaciones de mujeres y niñas son hechos que, desafortunadamente, vemos que suceden continuamente en nuestra región y en el mundo. Además tiene que ver con las prácticas nocivas hacia niñas y mujeres adolescentes y adultas. Ello como producto de una mirada hacia mujeres como mercancía, como objetos sexuales, como mano de obra gratuita», clama Neus Bernabeu, Asesora Regional de Género y Juventud para América Latina y el Caribe del Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA).

También añade que «persiste la idea de que las niñas y mujeres no tienen el control sobre su cuerpo, sobre su vida, sobre su sexualidad. Estas prácticas nocivas son, a veces, costumbres o tradiciones culturales que provocan daños irreversibles en las niñas».

La violencia de género no radica únicamente en la violación, también es cualquier acto violento o agresión. Todo esto basado en una situación de desigualdad en el marco de un sistema de relaciones de dominación de los hombres sobre las mujeres que tenga o pueda tener como consecuencia un daño físico, sexual o psicológico. Incluidas las amenazas de tales actos y la coacción o privación arbitraria de la libertad, tanto si ocurren en el ámbito público como en la vida familiar o personal.

«Esto está instalado en nuestras sociedades. Y no solo no estamos haciendo lo suficiente para erradicarlo, sino que, muchas veces, somos cómplices de esas situaciones», concluye la agregada de la ONU.

Esto, da nombre a un problema, que incluso hace poco, formaba parte de la vida personal de las personas:era considerado un asunto de familia que no debía trascender de puertas para fuera. Por lo tanto, en el que no se debía intervenir.

Concienciar la problemática

Entender la violencia como un asunto personal refuerza a las mujeres a una situación de subordinación respeto del hombre. También, implica asumir las relaciones de poder históricamente desiguales entre ambos. Y a través de las cuales, se legitima al hombre a mantener su status-quo de la dominación incluso a través de la violencia. Esta percepción contribuye a que las mujeres no denuncien su situación por miedo, vergüenza o culpabilidad.

Por este motivo, queda en mano de las instituciones que al sol de hoy siguen siendo moradas de abusadores y violadores, que rompan el pacto patriarcal. Es momento de dejar atrás el «amiguismo». Ponerse del lado correcto de la historia. Esto señalando y denunciando abiertamente a estas personas para así construir espacios seguros para todas y todos.

Si entre las filas de tu organización existe un abusador y lo sabes, eres tan culpable cómo él. Y esto no se logra con comunicados tibios. Se logra deconstruyendo actitudes y sin tintas medias para penalizar a estos criminales ¡Rompe el pacto, luego es tarde!.

Por Michelle Artiles

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