Guerra psicológica y mediática del régimen

Los enfrentamientos bélicos clásicos, en el que un contingente armado se enfrenta cuerpo a cuerpo con otro, es un tipo de guerra, pero muy distinta a la guerra psicológica, en esta última no se dispara una bala, sino que se emiten discursos o imágenes que buscan afectar el sistema de valores y creencias del adversario, para finalmente disuadirlo y hacer que sucumba ante intereses ajenos.

Actualmente en Venezuela, producto de la Hegemonía Comunicacional del régimen más la intención de distraer y confundir a la población, se despliega una guerra psicológica que pretende desarticular cualquier propuesta democrática que apunte a destrabar la crisis política venezolana. En ese sentido, han ocurrido dos eventos que reactivaron el ataque comunicacional del régimen, el primero fue la supuesta “incursión armada” de Macuto y de Chuao conjuntamente y el segundo, los largos enfrentamientos entre bandas delincuenciales en Petare, estos últimos apenas tomados en cuenta el miércoles en la tarde para su manipulación mediática.

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Con respecto a la supuesta “incursión armada”, los más destacados especialistas en materia militar coinciden en las discrepancias de los eventos relatados por el régimen, “Sí realmente hubo el intento de una incursión fue mal calculada, no hubo criterios operacionales y habría sido infiltrada por la contrainteligencia”, señala el vicealmirante retirado Jesús Briceño García, que a su vez declara “venirse desde Colombia en una embarcación como la presentada por el gobierno es imposible.

Son 660 millas a una velocidad de 10 millas y con lo difícil que es el mar del Golfo de Venezuela”, quiere decir entonces que el argumento de que estos “mercenarios” salieron desde Colombia es más que cuestionable. Mientras que Fernando Ochoa Antich, exministro de defensa, señala que «hay mucha confusión. Nadie tiene certeza, solo hipótesis” y agrega que el régimen es experto en generar confusión.

¿El régimen vinculado con «Wilexis»?

Sobre los señalamientos que hizo el régimen la tarde del miércoles, que vinculan a “Wilexis” (Pran de Petare) con la DEA añadiendo que, supuestamente los tiroteos en Petare estaban orquestados para distraer a los organismos de inteligencia venezolanos y de esta manera la llamada Operación Gedeón se desarrollaría sin obstáculos, resulta que tales afirmaciones fueron desestimadas rápidamente por Wilexis a través de una grabación en donde aclaró que no tenía ningún nexo con dicha organización y que más bien apoya al régimen.

Lo que salta a la luz son las inconsistencias en lo relatado por el régimen, visibilizadas por expertos en el área militar que dudan de la certidumbre de las “evidencias” sobre la Operación Gedeón, y deducidas igualmente por las declaraciones de Wilexis quien niega rotundamente su vinculación con la DEA. Queda en evidencia la poca credibilidad de lo mostrado por el régimen en los últimos días, esto da lugar para entender la manipulación de dichos hechos, siendo utilizados para confundir y principalmente desestructurar a los factores democráticos de Venezuela.

Foto cortesía

Guerra psicológica del régimen

La consecuencia inmediata de la guerra psicológica es que el régimen, como es de costumbre, descuidará un elemento importantísimo para evaluar el desempeño de los gobiernos, la estabilidad y crecimiento económico. Parece entonces que el régimen evadirá los profundos desequilibrios económicos que imperan en Venezuela, y que afectan terriblemente el día a día de su población, para concentrar sus esfuerzos en campañas comunicacionales distractoras que muy poco disminuirán la hiperinflación, el decrecimiento económico y los elevados índices de pobreza.

Si aparte de la dramática crisis económica, se toma en cuenta la escasez de combustible o el deterioro de los servicios públicos se vislumbra un panorama tétrico. El régimen lo único que puede emplear, y efectivamente lo hará, será una campaña masiva de desinformación justificada en la actual guerra psicológica que se desarrolla en contra de la oposición política, y que finalmente busca confundir a la sociedad venezolana en media de una pandemia.

Por: Ricardo Martínez

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