Electricidad, Revolución y Dignidad

Cuando Venezuela se quedó sin electricidad hace un año, el régimen de Nicolás Maduro lejos de asumir su compromiso, negó responsabilidad. También desmintió acusaciones sobre mala gestión y dejó desatendidos a muchos ciudadanos, incomunicados y aislados. 

El jueves 7 de marzo de 2019 a las 16:55 hora local, hace aproximadamente un año; Venezuela sufrió​ el apagón eléctrico más grande en su historia reciente; que duró en algunos estados entre cinco y siete días continuos, pero la intermitencia en el servicio se prolongó casi dos meses en todo el país.  La causa real de esta falla fue en la Central Hidroeléctrica Simón Bolívar y, no como se planteó desde la hegemonía comunicacional del régimen de Nicolás Maduro, bajo la vocería de Jorge Rodríguez como un “ataque electromagnético terrorista”.  

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¿Cómo recuerdan este episodio los venezolanos?

Ya a un año de este suceso, recordamos la experiencia que nos hizo vivir en la incertidumbre de estar incomunicados y desconectados; el desasosiego y temor sobre lo que podría sucedernos; la lejanía respecto a nuestros familiares y amigos; la desatención por parte de las instituciones y la ansiedad sobre cómo actuar y qué hacer. Podríamos resumir estas emociones, en una sobrada sensación de soledad y falta de dignidad,. Esto nos marcó profundamente y entendimos la vulnerabilidad y sostenibilidad de los servicios públicos en Venezuela. 

Lo que es satírico e irónico, si consideramos que entre los valores de los sistemas socialistas, aquellos que reclaman y abanderan son precisamente la humanidad y la dignidad.  La “Revolución Bolivariana” o “Quinta República” ha mantenido un discurso siempre en defensa de la “igualdad material y cultural entre las personas que propiciaría el desarrollo integral de todos, la vida digna y la plena realización humana” Chávez (2006).

Efectos de la falta de electricidad

Pero, para desgracia de los venezolanos, quienes a oscuras nos ha tocado vivir bajo este régimen; sabemos que son sentimientos negativos los sobran en medio de esta crisis humanitaria compleja. Reflexiono entonces sobre lo que nos tocó pasar como sociedad y la falta de luz eléctrica y servicio de aguas limpias, llevo a muchas personas a realizar hasta lo imposible para poder trasladarse, comunicarse, cocinar y comer, etc. Esto por contar generalidades, porque existieron graves situaciones en los centros de salud del país, los cuales no pudieron trabajar e incluso cerraron sus puertas. 

De esta situación considero que quizá lo que más recordamos hoy, es como nuestra dignidad humana, sentimiento de valor, poder y autodeterminación fue menoscabado; haciéndonos sentir cada vez más incapaces y disminuidos ante el régimen y su inhabilidad de explotar los recursos del país y administrarlos de forma constitucional y democrática, crimen de alto costo para la sociedad venezolana.

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