Donald Trump y Juan Guaidó: Dos aliados inseparables por intereses comunes

“América para los americanos”, así reza una máxima histórica de la política exterior norteamericana. Floreció en el siglo XIX cuando los imperios europeos pretendían volver a mirar a este hemisferio como un espacio en donde sus interés políticos y económicos podían acrecentarse.

La siempre comentada “Doctrina Monroe”, ha sido el principio rector de la política exterior de Estados Unidos durante los dos últimos siglos. Quizás con diferencia de formas según gobiernen demócratas o republicanos, pero de fondo siempre ha estado presente.

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En la segunda década del siglo XXI, la política exterior de Washington todavía muestra señales de que la Doctrina Monroe se encuentra vigente, y para ello se proyecta como la nación más sólida del hemisferio que busca preservar sus intereses económicos y políticos dentro del continente americano.

Sin embargo, seria erróneo asumir que Estados Unidos blande su espada impunemente en América. Actualmente la interdependencia entre los
Estados, la multiplicación de los actores con influencia en la sociedad mundial y el derecho internacional público, representan muros de contención ante cualquier acción norteamericana desproporcionada. Pese a ello la capacidad de influencia norteamericana en la política de nuestro continente es gigante.

Un liderazgo amenazante

Estados Unidos no ha visto con buenos ojos el desarrollo del llamado Socialismo del Siglo XXI en Venezuela. En primer lugar, asocian esa ideología con el comunismo, enemigo histórico de la democracia liberal norteamericana. En segundo lugar, el difunto intentó infructíferamente reacomodar la política regional construyendo frentes políticos y económicos como Unasur y el Alba para desbalancear la sólida influencia de Washington. Finalmente, Norteamérica ha visto cómo sus competidores mundiales (Rusia, Cuba, Irán y China) asesoran, apoyan e intentan entrometerse en la política regional con la anuencia del régimen. Las razones expuestas muestran la amenaza que representa el régimen para los intereses vitales de Estados Unidos.

Sobre la pretensión de reacomodar la correlación de fuerzas en la región, cabe señalar que el proyecto del difunto pudo desarrollarse porque, en ese momento, el precio del barril petrolero llegaba hasta 100 dólares americanos. Lo que permitió financiar una red clientelar en la región que promoviese el socialismo. Tal situación cambió drásticamente cuando los principales dirigentes socialistas sufrieron reveces electorales dramáticos y
estuvieron implicados en casos de corrupción como el de Odebrecht. Mientras que Venezuela, producto de la ineficiencia del régimen, entró en el colapso social que hasta hoy padecemos.

Fue con la llegada de Donald Trump cuando se vio de manera preocupante la permanencia del régimen y su ideología en el hemisferio. Por ello, la política exterior norteamericana se ha encargado de presionar sistemáticamente al régimen. Esto a través de las sanciones financieras, comerciales y diplomáticas, de manera tal, que su única opción sea negociar una transición pacífica.

¿Por qué el apoyo de Estados Unidos a Guiadó?

Desde el 2019 Estados Unidos ha apoyado consistentemente a Guaidó. Sin embargo, en una entrevista concedida por Trump, para el medio digital Axios el pasado viernes, afirmó que podría reunirse con el actual presidente y que no estaba muy seguro del liderazgo de Guiadó.

No pasó mucho tiempo luego de la publicación cuando la opinión pública internacional empezó a cuestionar el liderazgo de Guaidó. Fueron tan
agresivos los señalamientos que, el lunes en la mañana Trump afirmó que sólo se reuniría con el actual presidente para negociar su salida. Mientras que un portavoz de la Casa Blanca, en nombre del gobierno norteamericano, ratificó su apoyo a Guaidó.

Hasta los momentos Guiadó y Trump son estrechos aliados. En primer lugar, hay una necesidad recíproca. Trump requiere tener un líder visible en Venezuela que esté al frente de las importantes acciones de protesta y presión hacia el régimen a lo interno, mientras que dicho líder cuente con el respaldo de la comunidad internacional. Por su parte, Guaidó requiere del poderío económico y de disuasión que tiene Estados Unidos para poder presionar al régimen.

En segundo lugar, los une el objetivo claro de redemocratizar el sistema político venezolano, permeado por la utilización de las instituciones para mantener un control férreo sobre la población.

Por último, necesitan estar juntos para mantener y ampliar sus logros en la sociedad mundial, como el respaldo de más de 50 países, así como
el de la OEA y la Unión Europea. Todo ello los convierte en dos aliados inseparables que hasta el día de hoy, son más efectivos juntos que separados.

Por Ricardo Martínez

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