Del Diálogo a las Elecciones

Las elecciones son un instrumento constitucional a través del cual los ciudadanos eligen a sus gobernantes. La importancia de las elecciones en los regímenes democráticos es capital puesto que se realizan habitualmente. Incluso los regímenes autoritarios presumen el hecho de realizar “elecciones”, es el caso de la República de Cuba y la República Popular China. Por su parte, el diálogo es un mecanismo creado para dirimir posiciones políticas en confrontación. Es notorio que las elecciones van de abajo hacia arriba, es decir los ciudadanos expresan su voluntad y esta se refleja en los dirigentes que estarán al frente del gobierno, por su parte el diálogo regularmente está integrada por las elites gobernantes o grupos con gran influencia política que representan una porción relevante de la sociedad. Las elecciones son más practicadas que los diálogos, los segundos son raros y excepcionales. En un Sistema Político donde hay una confrontación política abierta y de largo alcance se hace necesario recurrir al diálogo. El caso más reciente en la región fue el diálogo del gobierno colombiano con la FARC, que actualmente se cuestionan sus resultados.

En un sistema político en donde se garantice el estado de derecho, donde exista separación de poderes y las actuaciones institucionales estén apegadas a la Carta Magna, las elecciones se realizan de manera regular. En Venezuela esa teoría no se aplica ya que en los últimos años las elecciones han sido cuestionadas debido a notorias irregularidades en el proceso electoral. Las elecciones llevadas a cabo por el gobierno no son confiables por lo que se descartan como mecanismo de refrescamiento de liderazgo y de expresión de la voluntad popular, para intentar solventar la crisis institucional que genera la ausencia de elecciones confiables surge el diálogo. Tanto el gobierno como la oposición política no pueden dirimir sus diferencias y deben llegar a un acuerdo mínimo que permita destrabar la crisis política.

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Pese a que el diálogo sirve-a priori-para acercar posturas disímiles, en Venezuela ha sido infructuoso. Principalmente porque la verdadera voluntad política para dirimir diferencias no la ha tenido el gobierno. Este tiene una doble agenda, en la primera afirma la disposición plena para dialogar, en la otra encarcela a políticos opositores e intenta obstaculizar la actuación de la Asamblea Nacional, única institución política representante de la oposición. De esta manera, el diálogo no acerca posturas, ni dirime diferencias estructurales de hacia donde se dirige Venezuela.

Intentos de diálogo se vienen realizando, desde el que se llevó a cabo en República Dominicana hasta los acercamientos del año pasado en Oslo y Barbados. Todos fracasados porque al gobierno no le interesa, ni tampoco le favorece a sus representantes-acusados por corrupción-que se destrabe la crisis política, al controlar los poderes públicos y las fuerzas armadas pueden imponer su voluntad a la ciudadanía. El gobierno ha visto en el diálogo un recurso para prolongar su permanencia en el poder político, la visita de mediadores internacionales-como Zapatero- y las mesas de trabajo para el diálogo buscan distraer a la opinión pública, usualmente al llegar a los grandes acuerdos el gobierno realiza una maniobra para extender el diálogo haciéndolo infructuoso.

La propuesta de diálogo por parte del gobierno es inagotable, pues esos acercamientos le dan oxígeno. Primero distraen a la opinión pública afirmando que tienen legitimidad, pues son reconocidos por otros Estados. En segundo lugar, intentan victimizarse testificando que son objeto de una guerra no convencional por parte de Estados Unidos. Sin embargo, pese a los intentos de distracción, la opinión pública internacional está convencida que el diálogo no sirvió y que su futuro es incierto puesto que el gobierno no asoma un cambio esencial en su acción, como pudiera ser: reconocer la autonomía de la Asamblea Nacional o liberar a los presos políticos. Mientras que el gobierno continúe aislando violentamente a la AN y encarcelando a la disidencia, el diálogo se percibe inseguro. Al notar la imposibilidad del diálogo, la agenda de la oposición coloca como prioridad las elecciones, de esa manera la oposición pasó del dialogo a las elecciones como mecanismo exclusivo para destrabar la crisis política.

Por: Ricardo Martínez

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