De las cenizas a la esperanza

Arde en llamas y se quema todo: los primeros libros, los viejos y modernos edificios, los campos, los árboles… y con el fuego, la impotencia y la esperanza de toda alma que aspire a la libertad. Empezaba a caer pesada la noche –como todas las noches en esta ciudad-: lenta, oscura, agónica y con un fuerte olor en toda la capital. 

De las cenizas a la esperanza

Era el 30 de junio, pero bien pudiera haber sido cualquier día en esta república minada por la corrupción; era, el lugar del hecho, una fuente consagrada a la formación y al estudio, pero este no era cualquier lugar: no era más ni era menos que la Universidad Central de Venezuela (UCV), principal casa de estudio del país, y lugar donde nació la democracia y el espíritu de crear.

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Difícilmente pudiera decirse que esto ocurrió por un hecho aislado o infortunio. Fuese causado apropósito o no el incendio, todo pareciera responder igualmente a unas mismas causas: el deterioro y el abandono de las instalaciones por parte de las autoridades que les corresponde dicha labor, en su seguridad y cuidado; el continuo hostigamiento y los robos que ocurren en el recinto universitario y sus espacios; y, en esencia, la “política pública” (por usar un paradójico eufemismo) más exitosa de los autoritarismos: la muerte de la educación y la pluralidad de pensamientos.

Imágenes de los daños después del incendio en la Escuela de Estudios Políticos y Administrativos, UCV, 02/07/2021. Cedida por su autor: Samuel Borges.

Y en la adversidad, unidos:

Con dificultades el incendio pudo ser sofocado, no sin complicaciones –por supuesto-, como informaron los dirigentes estudiantiles del lugar, debido a la falta de servicios básicos como el agua corriente. Todo esto ocasionando daños a la Escuela de Estudios Políticos y Administrativos (EPPA), pero que con la ayuda de los Bomberos de la UCV se pudo contener el fuego.

Pese a la desesperante y desolada situación, los estudiantes universitarios no perdieron el valor ni el vigor que les caracteriza –tercos como el espíritu venezolano- y se unieron entorno a su hogar para reconstruirlo una vez más. 

Esto es algo que sin duda llena de orgullo, esperanza y admiración hacia los ucevistas y los estudiantes venezolanos, del amor por su hogar y lo realmente importante que significa para todos la Central.

Si dejamos solos a los de la Central, no serán sólo ellos los que arderán:

Hoy más que nunca la UCV necesita de nuestra ayuda… sin importar dónde estemos, dónde estudiemos o quién seamos. Lo que le ocurrió a la Central pudiera ocurrirle a cualquier casa de estudio del país. No es algo aislado, no es una cuestión de infortunios, es una cuestión que nos debe llamar a la reflexión, al valor y a la unión por la cultura y la libertad de Venezuela.

Porque el 30 de junio fue la Central, pero mañana pudiera ser la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB), la Universidad Simón Bolívar (USB), la Universidad Metropolitana (Unimet), la Universidad Monte Ávila (UMA), o cualquiera en general que represente una amenaza contra los detentores del Estado y su opresión.

Esto por solo mencionar, claro, al eje de Caracas-Miranda; de la cual si salimos un poco debemos también señalar la paupérrima situación en que se encuentran las universidades del interior del país: abandonadas, secuestradas por organizaciones paramilitares y, en general, perseguidas por su disidencia a los opresores políticos.

Daños después del incendio en la Escuela de Estudios Políticos y Administrativos, UCV, 02/07/2021. Cedida por su autor: Samuel Borges

En fin, si algo positivo podemos señalar de esta situación es la resiliencia y esperanza que emana la juventud venezolana, la cual aún perseguida y golpeada, se niega a rendirse a su sueño de un país y un mundo mejor. Ni Nerón pudo acabar con Roma, ni estos tiranos lo harán con nosotros. De las cenizas a la esperanza: allí nace nuestra libertad.

Por: Leonardo J. Aristigueta

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