Ausencia de un CNE imparcial obstaculiza la transición

La marcada crisis política en Venezuela se manifiesta por el choque constante de dos fuerzas políticas. Por un lado, está el régimen que, a pesar de haber desinstitucionalizado el sistema político, apunta a mantenerse, casi eternamente, controlando el poder político; del otro lado, está el conjunto de organizaciones y lideres que propugnan un viraje político y económico completo para reinstitucionalizar el país y contribuir a que el sistema político ingrese en la sociedad mundial, ahora globalizada e interdependiente.

Los niveles de tensión entre ambas fuerzas políticas se han incrementado a lo largo de los últimos años, de tal manera que actualmente no existe un mínimo acuerdo ni la intención, sobre todo desde el régimen, de sentarse a negociar una transición pacífica que de paso a una elección con amplias garantías ciudadanas, para el ejercicio efectivo del voto.

El pasado viernes el TSJ definitivamente desbarató una oportunidad para abonar el camino hacia dicha transición, todo lo contrario, su decisión apuntó a elevar los niveles de tensión entre el régimen y la oposición. La noche del 12 de junio, incumpliendo la Carta Magna, designó a los rectores del CNE que, según la ley debieron ser elegidos a través de la Asamblea Nacional, la cual ya cuenta con un comité preliminar de postulaciones para tal fin.

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La designación unilateral y cuestionable jurídicamente de los rectores pretende continuar con la monopolización del poder electoral a favor del régimen, tal monopolización empieza a visualizarse desde hace años cuando a partir del 2006 la exrectora Lucena inicia su gestión en el ente comicial, prontamente la institucionalidad electoral fue objeto de críticas y cuestionamientos respecto a la imparcialidad o no de sus procesos.  Renovar el árbitro electoral bajo parámetros ajustados a los intereses del régimen pretende también, iniciar un proceso electoral que, estando parcializado, le asegure al régimen la obtención de la Asamblea Nacional; institución que desde el 2016 es dirigida por la oposición y que ha servido de satélite, para contener desde un importante poder público las arremetidas del régimen y también, para obtener el reconocimiento internacional generador del recrudecimiento de las sanciones que afectan al régimen

Realizar unas elecciones con: competidores desligados de la oposición política, presos políticos, inhabilitados, muy poco o casi ningún reconocimiento internacional, censura a los medios de comunicación, persecución y represión a la disidencia, procedimientos jurídicos – administrativos que distan de lo legal; todo ello abona para que la abstención sea el elemento caracterizador del proceso electoral, así como lo fue el 20 de mayo de 2018. La razón es evidente, al no existir confianza ni condiciones claras de juego la ciudadanía prefiere no votar ya que su decisión probablemente no se refleje en los resultados electorales. Otro factor importante en todo proceso electoral es la observación y el respaldo internacional que, al respecto, tanto la OEA, la Unión Europea, EE. UU y El Grupo de Lima (por mencionar a los más importantes) han reiterado que las elecciones deben surgir de un proceso de negociación transparente y confiable que, en ningún sentido se refleja en la decisión de la Sala Constitucional del TSJ.

¿Qué generará esta ausencia de acuerdos?

 En síntesis, la falta de acuerdo y voluntad política por parte del régimen impide que se desarrolle una transición pacífica en Venezuela, ello trae aparejado el incremento exponencial del colapso social que padecemos los venezolanos. Apreciamos entonces que para, disminuir la hiperinflación, atraer inversiones del exterior, recuperar el valor del Bolívar como moneda, reinstitucionalizar los poderes públicos, abordar de manera efectiva la emergencia humanitaria compleja; para todo ello Venezuela necesita una transición pacífica y democrática. Esa apreciación la comparte el acucioso economista Asdrúbal Oliveros quien se pregunta, “¿Está condenada Venezuela al fracaso? Definitivamente no. Venezuela puede salir adelante. Pero necesita construir una transición política hacia la democracia”. Tristemente las condiciones no están dadas para ese proceso redemocratizador hasta los momentos.

Por: Ricardo Martínez

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