¿Aún hay esperanzas? ¿Villano o héroe?

La sociedad actual está llena de grandes diferencias, de realidades tan diversas y de intereses cada vez más opuestos. Vivimos en un mundo con conflictos geopolíticos y geoeconómicos cada vez mayores y con profundas divisiones históricas, religiosas y sociales. 

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Los países a través de sus gobiernos y las sociedades actuales se han vuelto cada más individualistas, el solo hecho de aprovecharse de países en beligerancia para hacer negocio, para apoyar con armas de destrucción masiva, en ser autocomplacientes, en no tener ningún tipo de remordimientos o creernos superiores, en no adaptarnos a ciertos códigos sociales, en estimular el negocio de la trata de personas, o solamente observar los efectos perniciosos y hasta perturbadores de las historias sobre racismo, discriminación, xenofobia o cualquier tipo de intolerancia nos hace pensar que la humanidad actual se debate entre su condición humana y su condición animal, como bien lo señalaba Maquiavelo. 

Ahora es noticia: Sociedad del vacío = redes sociales ¿Daño o beneficio a nuestra sociedad?

Estamos en una era en la cual somos capaces de obtener logros y luchas alcanzándolas por el camino del materialismo, de la inmoralidad o de la subordinación de los medios a los fines, pareciera ser una realidad viviente y poco humana del mundo actual. 

Ante cualquier tipo de catástrofe natural, hambruna y crisis humanitarias, la labor de la humanidad define nuestro estado de naturaleza. Vemos con asombro como algunos países inclinan sus balanzas en favor de unos y discriminan a otros, las ayudas muchas veces carecen de verdadera y auténtica solidaridad. La política prevalece sobre el tema humanitario

En febrero el mundo vivió un terrible terremoto en Turquía y Siria de magnitud 7.8 y con réplica de 7.5, con graves pérdidas materiales y humanas. Lo material recuperable, lo humano, genera una gran marca en nuestras vidas imposible de olvidar y de borrar. Sin embargo, para quienes viven este tipo de procesos, la esperanza es el sentimiento más latente, en tratar de encontrar a sus familias o seres queridos con vida. Es en este momento donde se busca ofrecer otra visión del mundo, donde prevalezca el enfoque del hombre de Jean Jacques Rousseau, es decir, somos buenos por naturaleza.

La desesperada búsqueda de sobrevivientes que consume a estos dos países, es una muestra de la visión del hombre honesto, colaborador que está dispuesto a comprometerse con causas nobles, aun sabiendo de antemano cuáles son las consecuencias

Es mantener una esperanza tras la tragedia, a pesar del corazón roto para muchas familias y para los que vivimos el proceso a través de las noticias o redes sociales, la labor de ciertas organizaciones y de los rescatistas o colaboradores es admirable. Son los llamados salvadores de vidas. 

El tomar la decisión de ser voluntario, de ayudar y de aportar algo positivo para socorrer a un individuo en una situación vulnerable afectada por una catástrofe, a pesar de vivir la magnitud de la crisis, los recursos disponibles y el impacto de la intervención, nos lleva a entender que es la bondad, la empatía y la solidaridad lo que mueve a los seres humanos y no la visión hipócrita y egoísta que creemos sobre el hombre.

El momento que contemplamos por los medios de comunicación sobre el rescate de dos gemelos entre los escombros, gritando «mucize geliyor» en español «se acerca el milagro» o que varios niños encontrados bajo un bloque colapsado en la castigada provincia turca de Hatay, nos da un claro y digno ejemplo de valentía, solidaridad, tolerancia, colaboración y trabajo en equipo. En pocas palabras, trabajo de pico, pala y mucha voluntad.

Leer noticias que resalten lo positivo y la buena acción del hombre, nos llena de satisfacción y orgullo, nos da un leve respiro al pensar que el mundo aún tiene esperanza, y podemos creer que otro tipo de humanidad es factible, ya que grandes profesionales en diferentes áreas como paramédicos, médicos, socorristas y hasta perros de rescate mantienen un objetivo o meta en común: la búsqueda y rescate en estructuras colapsadas, la colaboración en la entrega del agua potable, medicamentos, la construcción de refugios y la atención a los más necesitados. En pocas palabras, hay una perspectiva de mundo que nos indica que a pesar de la ignorancia, la estupidez, el personalismo y el materialismo, emerge otro tipo de valores, códigos y principios de nuestro comportamiento y nuestras acciones.

Definitivamente, los seres humanos dejamos marcas indelebles para bien o para mal. Este es un digno ejemplo. 

Cuando te tropieces en la vida con un hombre bueno, imítalo, síguelo, copia sus acciones y sed tú también ese modelo a seguir. Sí, por el contrario, te encuentras con un hombre malo, aléjate y hazle saber de qué está hecho su corazón, y sus acciones.

La gran pelea o batalla que debemos librar es lo que nos define como seres humanos, como sociedad y como país. La pregunta que cada ser humano debe hacerse es que queremos dejar como legado a nuestra descendencia, qué tipo de mundo estamos dispuestos a ofrecer a las nuevas generaciones y bajo qué principios y códigos sociales estamos dispuestos a aportar. El bien del mundo es el bien de nosotros. Nuestras acciones y nuestras decisiones son nuestro sello y nos define como persona, como ser social, y como identidad de un país.

Por: Madeleine Martins Da Silva

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