Volver
Sifrizuela, la república de los sifrinos venezolanos. Foto: Todos Ahora

Un viaje en cuarentena a la República Caurimarera de Sifrizuela

Fundado en las bases del humor se estableció un país conformado por los sifrinos venezolanos. Un territorio que tiene como hábitat las redes sociales. Acá, el principal mandato es hacer sátiras de la sociedad criolla y mostrar cómo esta ha sufrido cambios a lo largo de la historia. Principalmente por la crisis que la afecta desde hace al menos 20 años.

En esta pandemia viajamos a la República Caurimarera de Sifrizuela, una nación que evoca a la época dorada de nuestra tierra. Y desde esta premisa se hacen críticas a los problemas que se enfrentan en la actualidad.

Ahora es noticia: Ricardo del Búfalo: Los países no se acaban ni tocan fondo, los socialismos sí

Ante ustedes una conversación franca y directa con la mente maestra detrás de este país, en donde la comicidad y la crítica son tan importantes como la libertad y la democracia.

¿El humor es una tabla de salvación o una herramienta de crítica en medio de la crisis?

Ambas. El humor es un Arca de Noé, una tabla de madera de la cual aferrarse, en medio de un océano melancólico, despiadado y profundo. Sin el humor, los truenos y rayos de las nubes del pesimismo – las tormentas del suicidio y la desesperanza – hubiesen incinerado a Venezuela hace diez mil años: en fin, quien critique el humor venezolano ante el acantilado, critica nuestra ventaja más fuerte; nuestro mecanismo de defensa – y el de toda sociedad: ¿en que se diferencia Radio Rochela de un SNL? ¡Hasta en Siria y Yemen, que hacen de Venezuela un paraíso tropical, hay humor! Ahora, el humor no es solo una píldora de carita feliz: es punzante, es crítico, y sirve para iluminar las injusticias y los desmadres por medio de la risa. Se vende como un chiste, pero es un sacudón de transmisión fácil contra el establishment profundamente cruel que nos tocó vivir.

¿Qué impacto o qué mensaje buscan llevar a los venezolanos a través de su sátira?

Sifrizuela es una exploración de la figura del sifrino, su modo de vivir y su mundo. Pero va más allá de eso, va más allá de explorar la cultura popular y mediática de las nuevas generaciones y de una contemporaneidad tan globalizada: Sifrizuela es, sin lugar a dudas, una cuenta liberal. Promueve la defensa de nuestros derechos civiles (la libertad de expresión, la libertad de reunión), de la democracia liberal y de la propiedad privada como también busca hacer luz sobre las mamarrachadas políticas en Venezuela y las injusticias iliberales que se cometen en nuestro país – desde la gestión cultural pública hasta la violencia de género. Claro, todo esto en un contexto donde – a pesar de la especificidad de su audiencia, porque todo sifrino se siente identificado – se refuerza y promueve la idea de que con todo privilegio viene una responsabilidad, algo que las generaciones anteriores no entendieron. ‘Tu país está feliz’… hasta que les llegó Chávez.

¿Qué momentos se están perdiendo de la Venezuela de antes los jóvenes?

Momentos no lo sé, pues son dos tiempos diferentes. Pero si estamos perdiendo muchos privilegios que tuvieron los venezolanos de otras generaciones en comparación a sus pares de la región. Hemos perdido el respeto a nuestros derechos civiles por parte de las autoridades. También hemos perdido la democracia liberal, la posibilidad de movilidad social, la posibilidad de un futuro: el venezolano de hace treinta años no debía cruzar los Andes o el Atlántico en busca de un futuro, no temía por sus opiniones o por protestar, no moría de hambre, vivía en uno de los países más felices del mundo – ahora lideramos la tasa de suicidios en Latinoamérica. 

Un mensaje para aquellos que piensan que no todo es un chiste

Ríanse, que después somatizan su amargura en el cuerpo y se ponen feos.

¿Quién pudiera ser el presidente de Sifrizuela? ¿Por qué?

Nuestra presidente es la catira Irene Sáez Conde, quién – luego de su victoria electoral en diciembre de 1998 – desató una edad de oro en la que el primer astronauta de Chacao, saliendo de la estación espacial en Guayana, puso la bandera de siete estrellas en la luna y Canaima pasó a ser una concesión ecológica de Epcot. Nuestra Barbie criolla, el balaustre más preciado de la Cuarta República, ganó la presidencia después Radio Rochela nos hiciese pensar cuando su parodia dijo que “todas las cosas buenas son bellas y todas las cosas bellas son buenas” porque “aquí en tu país, ¿Cuándo has visto tú un presidente que sea bello?” y “¿Cuándo has visto tú un presidente que sea bueno?”.

¿Qué requisitos hay que cumplir para vivir en la República Caurimarera de Sifrizuela?

No decir “cabello”, no ser un chavista espiritual que odia el éxito ajeno y no creer que tusis y cantantes con camisas de flores y chaquetas metálicas son artistas. El que pretenda que una Bendecida y Afortunada, uno de los varios productos de petróleo venezolano procesado, es Gigi Hadid: ¡desterrado a los estudios de Televen!

¿Qué delito no perdonan en este territorio?

Decir “cabello”, coquetearle al iliberalismo (seas un chavista, un social justice warrior o un neoperezjimenista), usar cholas en público, ser sifrinofóbico y poner tus sentimientos en estados de Whatsapp.  

¿Cómo estaría integrado el consejo de ministros de Sifrizuela?

Un montón de tecnócratas modernizadores – con corbatas cool y lentes de pasta –  que atormenten a Irene todo el día con encuestas, estadísticas y libros académicos. Los salpicaremos con personalidades como Titina Penzini, Toto Aguerrevere, Marianella Salazar y Orlando Viera Blanco porque él solito se hizo la cara de nuestra gran nación. Los meteríamos a todos en grandísimos edificios brutalistas de hormigón con techos de Cruz Diez y chorros de Gego, para pretender que somos Caracas en 1974 pretendiendo ser la Caracas futura del 2001.

Un perfil básico del sifrino venezolano

Su papa bucal es orgánica, fue a quinces y matrimonios en La Esmeralda, fue a un toque de gaitas y a Le Club los jueves, va a la playa en Camurí y Aruba, usa Golden Goose, se la pasa metido en el club bebiendo ron o whiskey con sus panas, tiene el libro rojo de Scannone en su casa, aunque tenga 40 años pregunta “¿De qué colegio eres?” al conocer a alguien, dice “nefasto” y “tétrico”, las mujeres no usan ropa muy pegada, los hombres aman las camisas de botones en los cumpleaños, su mamá usa un chal Louis Vuitton en los matrimonios y no se montó en el metro hasta que viajó al primer mundo.

¿A los habitantes de Sifrizuela qué música les gusta?

Racionalmente, el pop-rock latino con su Shakira roquera, su RBD y su Caramelos de Cianuro. Atávicamente, el reggaetón que se nos mete por los intestinos y nos saca lo de indio taíno.

¿Es posible dejar de ser sifrino? 

Ser sifrino es como un tatuaje indeleble que te ponen en la infancia inicial, aunque supongo que podemos hablar de quienes, hartos de las mismas caras y las mismas rumbas, deciden separarse de la burbuja privilegiada e híper-conectada en la que siempre ha vivido para empezar a andar con gente de colegios desconocidos entre El Cafetal y San Luis, ir a la Quinta Bar y montarse en el metro de Caracas como una aventura. Normalmente emigran a alguna ciudad bohemia europea o latinoamericana (Estados Unidos es la meca sifrina) donde se vuelven hipsters y se quejan injustamente de la supuesta superficialidad materialista de la que “escaparon” al irse de Caracas. ¿Realmente deja de ser lo que fue? No lo sé, eso depende de lo que consideren quienes lo rodeaban.

¿Te gustó lo que leíste?

Comentarios(1)

  • Indhira Vera

    junio 25, 2020

    Que palabras tan ciertas !!

Comparte con nosotros tu opinión ¡Déjala aquí abajo!