El Metaverso, la realidad que está por venir

Desde que hace unos meses Facebook cambiase su nombre a Meta -un nombre que ha sido elegido con toda la intención del mundo- ha vuelto a la palestra un término que suele ponerse de moda de forma recurrente cuando ocurren acontecimientos que recuerdan al gran público que poco a poco se está conformando una realidad paralela en la que muy pronto cientos de millones de personas vivirán una parte cada vez mayor de sus vidas, y es el Metaverso, un universo en construcción cuyo embrión podría retrotraerse al ciberespacio creado por William Gibson en su obra de culto Neuromante y que hoy en día es utilizado como sinónimo de internet, precisamente la red de redes en la cual se albergará el Metaverso que ya se ha convertido en el objetivo de algunas de las empresas más grandes del planeta.

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Foto: Cortesía

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Si finalmente el Metaverso termina por copar más y más facetas de la vida diaria de una buena parte de la humanidad -se espera que en el Metaverso trabajen, disfruten de su ocio e incluso se vayan de vacaciones virtuales millones de personas- es de esperar que las empresas más valiosas de la actualidad repliquen o incluso trasladen una buena parte de su actividad al mundo virtual, al fin y al cabo las compañías siguen a sus clientes, y si estos viven en el Metaverso allí es donde Facebook, Microsoft o Amazon ofrecerán aplicaciones, experiencias y demás servicios a los que nos tienen acostumbrados en la actualidad, de hecho no es imposible que los productos estrella de compañías como Apple terminen siendo consumidos como gadgets virtuales e incluso, empresas como Hugo Boss, Versace o Zara terminen vendiendo sus modelos para nuestros avatares virtuales en un mundo formado por bits, quizás incluso al principio se regale una versión virtual de la prenda real comprada para utilizarse en nuestra versión del Metaverso, pero seguro que con el tiempo una porción cada vez mayor del negocio se irá trasladando a su versión metaversal.

Además de las empresas que soporten mediante software el metaverso o que mediante ese mismo software ofrezcan aplicaciones para realizar todo tipo de actividades y trabajos, existirán empresas que tendrán que soportar todo este gigantesco entramado pero en nuestro viejo, y puede que pronto obsoleto, mundo físico. Y es que en la actualidad todo el contenido de internet se aloja en servidores muy físicos -todavía está lejos el momento de que el mundo metaversal se traslade a una realidad totalmente ajena a la nuestra, como ocurre en ficciones como la de la saga de Hyperion, creada por el novelista estadounidense Dan Simons– que necesitan ser mantenidos y remplazados por partes de forma regular, y los entornos del Metaverso se moverán gracias a tarjetas gráficas de esas que tanto han visto subir su precio en los últimos años, primero por su utilidad para minar criptomonedas, y segundo por la escasez de ciertas materias primas provocadas por la pandemia y sus consecuencias, así que es de esperar que si el Metaverso termina valiendo cada vez más y más, es lógico que las empresas que construyen y mantienen el entramado que permite su existencia terminen viendo como su cotización sube.

Muchas actividades ya han mudado una buena parte de su volumen al mundo virtual, por ejemplo, mucha de la de la actividad inversora, que antes estaba representada por un lugar tan físico e imponente como Wall Street, ya se realiza a través de medios online hasta tal punto que internet ofrece hoy en día varios modos más de invertir que los disponibles hace unas pocas décadas y además de forma más cómoda para el inversor, por ejemplo, mediante un bróker online uno puede realizar trading con acciones sin tan siquiera comprar ni vender ni uno sólo de estos activos, sino que a través de CFDs se opera en base a previsiones de la movilidad de su cotización, pero asumiendo riesgos altos para el capital ya que se trata de inversiones que van apalancadas. Todo esto es posible gracias a internet, la misma tecnología sobre la que se cimentará el Metaverso y que a la vez ha actuado como catalizador de una evolución de la técnica sin precedentes en la historia de la humanidad.

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