FUNDECEM proyectó el largometraje «Érase una vez en Venezuela, Congo Mirador»

Desde la Fundación para el Desarrollo Cultural del estado Mérida (FUNDECEM)  se realizó la proyección de manera gratuita del largometraje documental «Érase una vez en Venezuela, Congo Mirador». Dicha actividad tuvo lugar, en las instalaciones de la sala del Teatro Cesar Rengifo en la ciudad de Mérida, y fue posible en alianza con las productoras Sancocho Público A.C, Circuito Gran Cine y la Dirección de Cultura de la Universidad de Los Andes (ULA).

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La proyección de audiovisual contó con la participación especial de su directora, la cineasta venezolana Anabel Rodríguez Ríos.

¿De qué trata «Érase una vez en Venezuela, Congo Mirador»?

Se trata de un largometraje que narra la cotidianidad que viven los habitantes del Congo Mirador, conocido como el «pueblo de agua», ubicado en el yacimiento petrolero más grande e importante de Venezuela, en el sur del Lago de Maracaibo en el estado Zulia.

Esta es una población pesquera que fue próspera en su momento y que en la actualidad se encuentra en peligro de extinción. Algunas causas de ello son el cambio climático, la pobreza y la corrupción. Un escenario que es un claro reflejo de la grave emergencia humanitaria compleja que afecta a gran parte de la población venezolana desde hace más de cinco años.

La cinta es una coproducción entre Brasil, Reino Unido y Austria. Recibió la ayuda del Programa de Desarrollo en Apoyo a la Construcción del Espacio Audiovisual Iberoamericano. También de fondos del IDFA Europa y del IDFA Bertha Fund y del apoyo del Centro Nacional Autónomo de Cinematografía (CNAC).

¿Cómo nace la idea del largometraje?

La directora de este largometraje comenta que, hace aproximadamente 20 años fueron al lago de Maracaibo para grabar la secuencia de un documental que era parte de una serie llamada Los Latinoamericanos.

En ese momento buscaban símbolos de la idiosincrasia del venezolano y aprovecharon la ocasión para llegar hasta el Congo Mirador. Esto sin saber que años más tarde sería el lugar en donde nacería este largometraje.

«Fuimos hasta el Congo porque desde allí es donde mejor se observa el relámpago del Catatumbo icono del pueblo zuliano. Desde ese momento conocimos a varias familias y quedo siempre esa conexión. Luego volvimos para grabar un cortometraje con unos niños, que dio paso a lo que hoy es la película», agregó la cineasta.

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